24M en Tucumán: la lluvia no impidió ejercitar la memoria

24 marzo, 2018

Commentario

Derechos Humanos Tucumán

Acabo de llegar de la marcha. Llegué mojado, me di una ducha y me abrí un vino. Después de tanto ejercicio de la memoria, el cansancio se mezcla con la triste felicidad o la felicidad angustiosa o un sentimiento que no se qué es porque es una mezcla de todo: tristeza, alegría, orgullo, piel erizada, recuerdos de los ausentes y reconstrucción de los que no conocí. Por Sebastián Lorenzo Pisarello. Fotos: Leandro Zerda. 

Estoy mojado porque llovió como casi todos los 24 de marzo. Tengo la sospecha que el cielo acumula durante un año todas nuestras lágrimas por los que no están y las larga juntas, furiosas, violentas a golpearnos las caras, a disimular nuestras lágrimas, a recordarnos que estamos vivos porque sentimos los pies helados, las manos cansinas y las caras con rictus confusos.

Qué increíble que 42 años después sigamos siendo cada vez más, aunque cada 24 nos falten compañeros y compañeras que ya no están, que la vida se los llevo, a veces sin darles la oportunidad de ver a sus verdugos presos o a sus familiares identificados, a veces con la satisfacción de la justicia lograda –a medias, pero lograda- o del cuerpo encontrado para enterrarlo y tener un pedacito de tierra donde ir a ponerle unas flores y llorarlo. Lo increíble es un pueblo que no para de luchar y de no olvidar aunque algunos miren para otros lados y otros quieran volver para atrás.

Qué hermosa esa juventud que refrezca, esas muchas muchachas que vienen del 8M con toda la potencia, con la alegre rebeldía y las ganas de conquistar el mundo, de correr a los que están adelante y copar la parada. Que hermosos esos viejos que se encuentran para recordar ese día, ese compañero que falta, esa ausencia que duele. Son Montos, perros, camaradas, compañeros, correligionarios. No importa. Son todos partes de una misma historia, son todos víctimas de un mismo modelo y sobrevivientes de la misma oscuridad.

Veo una foto que me eriza. Es la Nati. Está sonriente, como siempre, con la lengua afuera y una achilata en las manos. Es la última foto de ella. La lleva la Caro Frangoulis en el corazón y siento que es la que todos quisiéramos llevar. Que confusa esa sonrisa gigante en esta fecha triste. Cómo nos hace falta.

Más adelante veo la foto de Facundo Ferreira, ese niño de 12 años fusilado por la espalda por un policía y pienso que poco aprendemos de la historia a veces, cómo hay continuidades. Después escucho fuerte, contundente, un “justicia por Facundo” y me reconcilio con ese mundo que construimos entre quienes queremos más o menos lo mismo aunque nos peleemos, aunque nos desconozcamos para después volvernos a encontrar.

Llueve, llueve mucho. Quiero mirar, quiero absorber toda esa energía que está ahí, esa potencia transformadora y llevármela conmigo para juntar fuerzas para seguir enfrentando este mundo podrido. Los veo a esos viejos que caminan las 10 cuadras que separan la Jefatura de Policía, donde funcionó un Centro Clandestino de Detención y Exterminio y muchos de ellos estuvieron presos, hasta la Plaza Independencia donde nos espera una Casa de Gobierno con las luces apagadas que recién se encienden cuando las columnas empiezan a llegar y se acomodan dándole la espalda a ese gobierno  que reprime como el nacional, que sigue sus lineamientos aunque diga que no.

La marcha terminó, ya estoy seco y con un vaso de vino. Me revienta la cabeza. No dejo de pensar y sentir y agradecer este pueblo hermoso que no olvida, que no se resigna, que insiste tenaz en su camino, porque no nos han vencido, porque los subversivos cada día somos más y porque aunque nos hayan secuestrado, desaparecido y asesinado, no nos arrebataron la alegría. A pesar de que a veces nos olvidemos de reir y recién cuando nos encontramos en ese abrazo enorme de 10 cuadras nos acordamos que si estamos vivos, vamos a honrar a los que nos faltan como ellos nos enseñaron: luchando, rebeldes y contentos, porque la tristeza es de ellos y las alegrías son nuestras. Porque aunque se demore, aunque tarde, lo imposible va a ser realidad.

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