#8M: las jóvenes son el motor feminista

8 marzo, 2018

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Géneros
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Es febrero en Tucumán. Dos chicas de 20 años se despiden en la calle y prometen verse al día siguiente en la asamblea de Ni Una Menos. Llegan por separado y se encuentran en la Plaza San Martín, donde se sorprenden con decenas de mujeres, lesbianas y trans que se organizan para preparar la jornada del 8 de marzo. Otras dos jóvenes que hace poco eran desconocidas pero, luego de compartir marchas, actos y conferencias, ya se sienten amigas, hablan de problemas de su vida cotidiana, tejen sus redes feministas y se piden apoyo. “Recomendame una ginecóloga de confianza que pueda hablar de anticoncepción por favor”, le ruega una a la otra.

Ya es marzo. Más de un centenar de jóvenes llegan juntas al salón de la Asociación de Prensa de Tucumán, donde se reúne la asamblea de Ni Una Menos. La mayoría se sienta en el piso porque las sillas ya no alcanzan: unas visten guardapolvos, otras rastas, tienen pañuelos verdes colgando de sus cuellos, muñecas o los llevan como vinchas en sus cabezas. Todas entraron llenas de alegría. Invaden, llenan, hablan y escuchan. Escuchan mucho.  

Como una marca distintiva de estos últimos años, como una nueva ola, llegan estas jóvenes a renovar el movimiento feminista, un movimiento que a nivel mundial crece y marca la agenda pública.

La juventud, como grupo social, formó parte de distintos procesos históricos y culturales. Al feminismo, se suman comprometidas con la construcción de una realidad que les devuelva la libertad sobre sus propios cuerpos, mejore sus condiciones de vida y sea respetuosa de sus derechos. En las estadísticas aparecen marcadas por la desocupación, la precarización laboral, el embarazo adolescente y la maternidad forzada, las violencias machistas, el acoso y los abusos.

El acoso dejó de ser invisible

Sofía Berretta (16 años), Agustina Vilte (19 años), Rayen Soria (17) y Paula Garat (21) son algunas de las jóvenes que se sumaron al movimiento feminista. Hablan de un abanico de temas que interpelan directamente a las mujeres. Cuentan cómo llegaron a la lucha, cómo las atravesó la rebelión internacional y cómo las interpelan las visibilizaciones de los acosos y abusos que en otros momentos se callaban.

Rayen viene de una familia en la que se discute política, y desde que toca en una banda de folclore que incluye en su repertorio las problemáticas de género, y comenzó a prestar mayor atención y a comprometerse en las charlas con sus amistades y en los trabajos escolares. Paula encontró durante el primer año de su facultad mayor espacio, y en 2017 llegó sola a una reunión de Ni Una Menos. Después del Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco decidió militar en Mala Junta.

A las denuncias masivas de acoso a través de los movimientos Me Too Time’s Up de Estados Unidos, y Yo te creo en España, se sumaron las acusaciones al actor Tristán de acosador por parte de sus compañeras de trabajo y el “relajate y gozá” de Cacho Castaña, naturalizando las violaciones. En este contexto, estas jóvenes aparecen no solo como espectadoras sino también como protagonistas. “Mgeneran bronca e impotencia los comentarios horribles hacia la víctima, que hasta llegan a culparla o justifican lo sucedido” dice Sofía Berretta sobre las repercusiones del acoso del actor Juan Darthes hacia las actrices Calu Rivero y Anita Coacci.  En conjunto encuentran una parte positiva, que salgan a la luz estos hechos: “Es muy valioso que las denuncias hayan saltado porque así se ve el acompañamiento de las demás mujeres” opina Paula Garat.

La palabra impotencia fue repetida en múltiples oportunidades durante el diálogo. Esa sensación aparece cuando la gente las juzga sobre cómo se visten, por dónde caminan o cuando son cuestionadas acerca de la hora en que salen o cómo bailan. También, muchas veces, sienten miedo. Todas sufrieron acoso callejero, y contaron lo difícil que es reaccionar en ese momento. Sabía que me tenía que ir, pero no podía. Hasta el día de hoy tengo miedo de caminar por la calle”, expresa Agustina, tras contar la primera vez que fue interceptada por un hombre en la calle, antes de llegar al club donde practicaba deportes, a los 11 años.

No es novedad que las mujeres, por ser mujeres, son objeto de sospecha de hombres y también de otras mujeres. Que porqué se visten así, porqué bailan “provocadoras” o porqué prefieren no bailar. Si dicen que sí, son putas. Si dicen que no, son histéricas. Al final del día las mujeres están siempre puestas bajo la enorme lupa del patriarcado. Es molesto no poder bailar como una quiere” dijo Rayen, al contar que para sentirse cómoda dejó de frecuentar lugares como los bailes de colegios secundarios.  

Hablar del aborto legal es una conquista

Cuando se menciona la palabra aborto no se encienden alarmas, ni se escandalizan. Todas acuerdan con que debe existir una ley que permita la interrupción voluntaria de embarazos. “Me convencí más de la necesidad del aborto legal trabajando en el territorio por la cantidad de mujeres que mueren por abortos clandestinos” dice Agustina.

Rayen reflexiona sobre la maternidad forzada. “Pienso en la cantidad mujeres que no quisieron tener un hijo y tuvieron que tenerlos. Las personas que están en contra no piensan en ello. Pueden tener derecho a no acodar con abortar. Pero no pueden invadir a las mujeres que no quieren continuar un embarazo. Si yo paso por una situación en la que decida abortar, no puedo. Tuve la experiencia de una tía que tenía un embarazo con malformaciones, sin brazos y sin piernas, ella no lo quería tener y no tuvo dónde abortar porque era ilegal”. Si bien este tipo de casos están contemplados como no punibles, en la provincia se presentan muchos obstáculos para interrumpirlos. “El sistema de salud no funciona”, afirma Paula

Agustina y Rayen coincidieron en que este tema de salud pública y derechos humanos sea tratado en la televisión abierta, ya que se trata de una gran conquista para el movimiento de mujeres. Sin embargo, cuando se menciona a personajes mediáticos como Jorge Rial, Paula sostiene: “Está buenísimo pero hay que tener cuidado con que no se mediatice y se exploten las internas del feminismo”.  Al presentarse en el Congreso de la Nación por séptima vez el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, todas estuvieron presentes en el “pañuelazo” que pinto de verde la plaza Independencia, el 6 de marzo pasado, con cerca de mil personas presentes, en su mayoría jóvenes.

Vivir en clave feminista

“El movimiento de mujeres es tan amplio que la riqueza de la diversidad es lo que más me atrapa. Una aprende y conoce a muchas compañeras que viven su feminismo y se interpelan de una forma totalmente distinta a la de una. Saber que estamos hermanadas por esa sororidad que nos hace fuertes. Nunca más vamos a estar solas. Me encanta saber que no estoy ahí solamente por mí, estoy por todas y por las que vienen, incluso por las que no representamos Muchas veces aplicamos acciones machistas para con las compañeras y nosotras mismas, ese es un punto a cambiar y a superar muy grande de nuestro movimiento. Estamos peleando porque además de matarnos, el machismo también nos atraviesa”, explica Agustina sobre su experiencia.

Se les preguntó también qué creen que cambiarían del feminismo y las respuestas fueron varias.”(…) sí me molesta que haya algunas ramas del feminismo que excluyen a ciertos grupos que son los más oprimidos, y que justamente son los que más necesitan apoyo”,

opinó Sofía. “Me molesta la constante medición de la militancia de la otra” dijeron Agustina y Rayen, y Paula cree que aún falta compromiso para con las mujeres de base. Quizás, quienes históricamente militan en el feminismo, pierden de vista qué hay distintas formas de militar, no solo en las calles. El espacio conquistado por las jóvenes en la militancia son las redes sociales, y de verdad… ¿aporta a la lucha medir cuál de las dos formas es más efectiva?

Ya llegó el día de las  mujeres trabajadoras, el día de la huelga feminista. Ellas las jóvenes fueron el motor más fuerte y más ruidoso de la organización de este 8 de marzo. Estudian, trabajan, bailan, son músicas y en el día a día pelean por sus derechos y van dando debates donde se les presenten. Creen que la revolución será feminista o no será.

 

En Colaboración con Flor Sabaté

Fotos: Fernanda Rotondo  y Gastón Guirao

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