Aclarando sexualmente

6 abril, 2020

Commentario

Columnistas Francisco Juan José Viola Géneros

El 5 de abril pasado apareció en la sección “Sexualmente hablando”, del conocido diario tucumano La Gaceta, la nota “Necesidades y urgencias de un dictador”. En ella se intenta hacer referencia a una biografía del periodista inglés Nicholas Farrel llamada “Mussolini: A New Life”, en la que se pintaría al tirano como un ser “cuyo carisma y habilidad maquiavélica eran ‘fenomenales’”, y se revelan numerosos detalles acerca de sus costumbres sexuales, incluida una desorbitada cifra de más de cinco mil mujeres diferentes con las que tuvo relaciones sexuales en un total de 14 años.

A partir de esta columna (Se puede consultar la nota completa en la web) creí necesario hacer algunas consideraciones. Es oportuno, antes de ello, señalar que cuando una persona comparte alguna experiencia con los amantes de la Historia, comprende que la misma es una ciencia y, por lo tanto, aprende que ignorar el contexto histórico para realizar el análisis es un error.

Por otro lado, si alguien estudia un poco de psicología como ciencia, entiende de mínimo que la palabra tiene un valor terapéutico y, en ocasiones, también conlleva una capacidad de generar daño. Si uno se presenta como sexóloga/o, debe saber que no incluir ciertos conceptos es de ignorancia supina.

Por ello, digamos que la historia del Duce de esa columna en el diario local peca de los siguientes problemas:

1- No menciona que se trataba de una época de una tiranía absoluta con un dominio, a través de la fuerza y del miedo, de lo que pasaba. Las acciones de Mussolini estaban basadas en eso;

2- Minimizar hechos concretos sin ponerle el nombre adecuado es grave, porque no nombra el crimen. En este caso hablar sin decir que era un violador, con todas las letras, es una falla. Lo que él hacía concretamente era violar;

3- Confundir deseo con fantasías sexuales y, sobre todo, no incluir la perspectiva de género en un medio de comunicación masivo y frente a una cultura patriarcal son todos errores en esta columna.

Dicho esto, también es necesario aclarar que el uso del poder en cualquiera de sus formas para imponer una actividad sexual en otra persona es un delito, que en el caso relatado se llama lisa y llanamente violación. El que lo ejecuta no es un ejemplo de hombre viril, sino de un violador, de un abusador. En segundo lugar, sobrevivir a la degradación dada por un régimen dictatorial tiene la suma de la fuerza e invalida que en muchas de estas acciones que la gente es obligada a hacer y, entonces, niega el deseo. Por último, y no menos importante, el deseo es una fuerza motora que siempre debería buscar la fuerza de su realización en el consentimiento, en la libertad, en la capacidad de comprender lo que se quiere, desea y se puede vivir, para no ser vacío. El duce, con minúsculas, es un personaje histórico que en el caso presentado sólo muestra lo que era, un hombre vil, abusador y que representa todo lo que se opone a un ideal de humanidad, a una noción deseable de salud sexual.

 

Por Francisco Juan José Viola, Médico (UNT). Licenciado en Ciencias de la familia y de la sexualidad y Doctor en Psicología (UCL-Bélgica). Máster en Terapia sexual y género (ULL-España).

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