Comenzó en Tucumán el histórico juicio por el asesinato del comunero Javier chocobar

29 agosto, 2018

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Derechos Humanos Destacada
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La primera jornada del juicio por el asesinato de Javier Chocobar y las lesiones a otros dos comuneros dejó un sabor amargo. Un careo sobre el final de la audiencia intimidó a los testigos y profundizó las inconsistencias de algunos testimonios.

Fotos de Ignacioi López Isasmendi para La Palta. 

Declaración de imputados, de víctimas, pedidos de detención, llantos y un careo que nunca se debió llevar a cabo. A la primera audiencia del juicio oral y público por el asesinato del comunero indígena Javier Chocobar no le faltó nada.

Cerca de las 8 de ayer, Audolio Chocobar, hijo de la víctima fatal, estaba parado en la esquina de 25 de Mayo y Avenida Sarmiento. No lloraba, pero tenía los ojos rojos, cargados de lágrimas. Esa expresión de tristeza lo acompañó hasta las 17, cuando el tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta el jueves.

El histórico juicio, que tardó 9 años en llegar al debate oral y público, no se ciñe sólo al homicidio de Chocobar, sino que tiene un trasfondo histórico. El asesinato del comunero es la expresión encarnizada de la violencia física y simbólica con la que los sectores empresariales, en complicidad con el Estado, someten a las comunidades originarias, despojándolas de sus territorios ancestrales.

El proceso judicial se lleva adelante en la sala IV de la Cámara Penal, en el anexo del nuevo edificio de Tribunales Penales. El tribunal, integrado por los jueces Wendy Kassar, Emilio Páez de la Torre y Gustavo Romagnoli, buscará determinar la responsabilidad que tuvieron Luis Humberto “El Niño” Gómez, Darío Amín y Eduardo José Valdiviezo en el homicidio de Chocobar, ocurrido el 12 de octubre de 2009 en la cantera de piedras lajas de la comunidad Los chuschagastas, en el departamento de Trancas.

Las defensas están a cargo de Eduardo Andrada Barone, quien representa a Luis Humberto Gómez; Gloria Hanssen y Julieta Jorrat, en defensa de Darío Amín y Ana Nosseti, abogada de Eduardo Valdiviezo. Por su parte la querella está representada por los abogados Carlos GarmendiaPablo Gargiulo, Belén LeguizamónJulia Albarracín (demanda Civil)

Gómez y Valdiviezo fueron los primeros en declarar, mientras que el empresario Darío Amín se abstuvo, por lo que la secretaría dio lectura a la declaración de Amín del día 16 de octubre de 2009. Gómez comenzó su declaración explicando que su presencia en el lugar de los hechos aquel 12 de octubre de 2009 se debió a la sociedad que tenía con Darío Amín. Gómez era aportante en un proyecto minero de Amín.

El abuelo de Darío Amín había comprado esas tierras en 1959, en un remate público. En 2008 la Justicia Federal dictó una medida de protección judicial en favor de la comunidad Los Chuschagasta. Sin embargo, según costa en la declaración escrita de Amín, poco tiempo después apeló esa medida y  Cámara Federal de Apelaciones de Tucumán la dio de baja, otorgándole al empresario los derechos para explotar la cantera de piedras lajas.

Durante su testimonio, Luis Humberto Gómez (conocido por haber integrado el “Comando Atila”, un grupo parapolicial que respondía a las órdenes del ex Jefe de Policía Mario “Malevo” Ferreira) aseguró que cuando llegaron en camioneta a la cantera de piedras lajas se encontraron con una veintena de comuneros que les impedían el paso. Siguiendo su versión de los hechos, Gómez bajó solo del vehículo y le pidió a Darío Amín que grabe todo con su cámara.

“Cuando me acerqué para intentar dialogar con los comuneros y explicarles que la medida de protección judicial había quedado sin efecto, me empezaron a rodear y me intentaron atacar”, aseguró. “Estaba muy estresado y percibí la amenaza. En ese momento, me pareció ver a un comunero que sacaba algo de la cintura y ante la amenaza saqué mi arma y disparé a un costado, apuntando hacia abajo”, continuó.

De esta manera, Gómez dejó entrever que nunca tuvo la intención de matar a nadie, y que disparó de forma disuasiva. Sin embargo, lejos de mostrarse arrepentido, arremetió contra los comuneros: “estoy orgulloso de ser un policía retirado. Nosotros nunca dejamos de ser policías. Agradezco a Dios haber ido con un arma al lugar. Si yo no hacía eso (disparar) los comuneros me iban a matar a mí”.

Al final de su alocución, Gómez intentó minimizar la lucha histórica de los pueblos originarios: “esto (la causa) no se trata de una cuestión indígena. Los vikingos también eran indios y hoy son un país del primer mundo”, se burló.

Más tarde fue el turno de Eduardo José Valdiviezo. Durante el primer tramo de sui testimonio, coincidió con Gómez en que un grupo de comuneros les interrumpieron el paso cuando pretendían ingresar a la cantera. Sin embargo, difiere a la versión de Gómez en cuanto a quienes fueron los que se bajaron del vehículo. Mientras que Gómez afirmó que bajó solo para hablar con los comuneros, Valdiviezo afirmó que Gómez y Amín bajaron juntos de la camioneta, con sus respectivas armas, mientras que él se quedó en el interior del vehículo esperando.

En un momento, dijo Valdiviezo, escuchó disparos y observó a los comuneros golpeando a Gómez y Amín. Fue entonces cuando, siguiendo su versión, se bajó de la camioneta con su arma y realizó disparos al aire para dispersar a los comuneros. “Cuando me acerqué vi que Gómez y a Amín tenían cortes en la cabeza porque los habían golpeado con piedras. A mí me atacaron por la espalda y me quitaron el arma”, aseveró. Tanto Gómez como Valdiviezo coincidieron que luego del episodio regresaron a la camioneta y volvieron a la ciudad para ser atendidos en el Hospital Padilla.

Después de los imputados, fue el turno de los testigos. El primero en declarar fue Emilio Mamaní, querellante en la causa y una de las víctimas en esta causa. Le siguieron Eduardo Mamaní y Francisca Virginia Mamaní. Luego de un cuarto intermedio, llegó el momento de mayor tensión de la audiencia. El testigo Alberto Orlando Cata, de 22 años, aseguró que Cuando le quitaron el arma a Eduardo Valdiviezo, este recogió otra del piso, tal vez la que perdió Gómez o Amín, y comenzó a disparar hacia los comuneros que escapaban del lugar.

Ana Nosetti, que representa la defensa del imputado Valdiviezo solicitó un careo entre su defendido y el testigo Cata. El tribunal no le corrió vista a los querellantes y resolvió hacer lugar al pedido de la defensa. La familia de Orlando, que en el momento de los hechos tenía sólo 13 años, estalló en llanto en medio durante el careo, al ver al joven en clara desventaja respecto al imputado, quién lo vulneró sistemáticamente casi a los gritos. “A ver, si vos decís que me viste que levanté un arma del piso, decime cómo era el arma”, lo increpó.

Al final de la primera audiencia, declaró Delfín Cata, padre de Orlando. Al igual que su hijo, señaló a Valdiviezo como el autor de los disparos en dirección a los comuneros que escapaban del lugar.

El tribunal resolvió pasar a un cuarto intermedio hasta el próximo jueves. Todavía debe prestar declaración Andrés Mamaní, la otra víctima del ataque del 12 de octubre de 2009. Andrés se encontraba muy cerca de chocobar en el momento que fueron increpados por el empresario y los ex policías. Su testimonio será clave para poder determinar de dónde salió el disparo mortal que acabó con la vida del comunero.

 

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