Cuatro meses del Juicio Paulina Lebbos: un balance necesario

8 junio, 2018

Commentario

Tucumán

El pasado 6 de junio se cumplieron los primeros cuatro meses del juicio por el homicidio de Paulina Lebbos y su posterior encubrimiento. Policías de rango jerárquico y un ex funcionario provincial afrontan el proceso con una imputación por encubrimiento agravado. En este primer cuatrimestre hubo más detenidos que en los últimos 12 años. Fotos de Gastón Guirao.

El 6 de febrero pasado, cerca de las 8 de la mañana, Alberto Lebbos llegó al segundo piso del Palacio de Justicia, saludó a la veintena de periodistas que lo esperaban y se sentó en la primera fila de la Sala III.

Pasadas las 9, el triunvirato integrado por Carlos Caramutti, Rafael Macoritto y Dante Ibañez dio inicio a un juicio histórico en Tucumán. Los magistrados anticiparon un proceso extenso y la premisa se cumplió, al menos parcialmente. El miércoles se cumplieron los primeros cuatro meses del juicio donde están imputados cuatro ex policías y un ex Secretario de Seguridad por encubrimiento agravado y un electricista por el homicidio de Paulina Alejandra Lebbos.

Desde el día uno, el proceso fue prolijamente metódico: los 270 testigos llamados a prestar declaración ante el tribunal fueron agrupados de modo tal que la historia se reconstruya desde el comienzo. Así, luego de la declaración de los imputados, hicieron lo propio en primera instancia, y en calidad de testigos, los integrantes del llamado “grupo del abasto”, los seis amigos que fueron a bailar al boliche Gitana junto a Paulina Lebbos la noche del 25 de febrero del 2006, la última vez que se la vio con vida.

Más tarde fue el turno del entorno de César Soto, entonces pareja de Paulina en 2006 y padre de su hija. En este sentido prestaron declaración el propio Soto, sus padres, hermanos, todos los vecinos del monoblock de calle Estados Unidos al 1200, el lugar donde supuestamente se dirigía Paulina la madrugada que desapareció, sus jefes y compañeros de trabajo. Luego pasaron la familia de Paulina y los empleados del boliche Gitana.

El tramo más engorroso del proceso comenzó con la declaración del grupo de empleados de Vialidad Provincial, que hicieron tareas de limpieza a la vera de la ruta 342, en el tramo que una a Raco con Tapia, los días previos al hallazgo del cuerpo de Paulina Lebbos.

Además de la extensión del proceso, otra de las premisas fundamentales de este juicio que también se cumplió a rajatabla fue el pronunciamiento – a modo de advertencia-  del vocal Dante Ibáñez, a fines de marzo: “no vamos a permitir que este sea el juicio del ‘no me acuerdo’. El vocal, que en esa oportunidad presidía el tribunal, se refería a las declaraciones de los testigos Ramón Fernández y Ernesto Fierro, ambos empleados de Vialidad (Fierro era Policía Vial), quienes fueron detenidos por el presunto delito de falso testimonio cometido en las audiencias durante sus respectivos testimonios. Anteriormente, el tribunal ya había adoptado idéntica medida para el testigo Jorge Jiménez, uno de los amigos de César Soto que será investigado por la posible participación en homicidio de Paulina.

A pesar de la advertencia, el “no recuerdo” fue la respuesta más escuchada a lo largo de las 60 audiencias que transcurrieron desde el inicio del proceso. Así, la lista de detenidos se fue engrosando y llevó a sumar siete detenidos hasta la audiencia del martes.

A partir de la declaración de los hermanos Marcelo y Sergio Goitea, y todo lo que vino después, se fue configurando – y reforzando – la hipótesis de un plan de encubrimiento que involucra tanto a policías de alta jerarquía como a oficiales de poca monta.

Aún no se sabe – y tal vez no se sepa – quién lo ideó ni dónde empezó, pero lo que sí se puede decir es que, en un determinado punto, el plan falló y ahora, tras 12 años, comienzan a quedar al descubierto las responsabilidades que tuvieron policías de diferentes rangos, comisarías, divisiones, edades y estratos sociales en el entorpecimiento de las investigación del caso.

Lo que también se sabe – o suponemos –  es que ninguno de los policías que están siendo juzgados en este proceso, ni de los que prestaron declaración en calidad de testigos, quiere quedar “pegado”. No es casual que todos los testigos, absolutamente todos, se detuvieran en algún punto neurálgico de su testimonio y comiencen a responder  “no recuerdo” ante cada pregunta formulada por las partes.

Los más comprometidos

En este primer cuatrimestre de juicio, testimonios claves apuntaron contra los imputados Waldino Rodríguez (ex policía) y Héctor Rubén Brito (ex Jefe de la Unidad Regional Norte en 2006)

Los hermanos Goitea, durante sus declaraciones frente al tribunal, aseguraron que cuando encontraron el cuerpo de Paulina, en el kilómetro 2,8 de la ruta 341, fueron en el auto del Ingeniero Federico Pasquini, patrón de Marcelo Goitea, hasta la casa donde todavía vive Waldino Rodríguez. Luego de informarles sobre el hallazgo del cuerpo, Rodríguez, los Goitea y Pasquini regresaron en el mismo auto hasta el lugar donde se encontraba el cadáver. De acuerdo al testimonio de Pasquini, cuando llegaron al lugar Rodríguez y Marcelo Goitea se bajaron del auto y se acercaron donde estaba el cuerpo.

Waldino Rodríguez, en cambio, dijo que los Goitea hicieron para el auto a 30 metros del lugar, le indicaron donde estaba el cuerpo y lo dejaron solo en la ruta. En ese momento, siguiendo los dichos de Rodríguez, paró un taxi que pasaba por el lugar, conducido por Francisco Zelarayán (quién también declaró en calidad de testigo en este juicio), y le pidió prestado el celular para llamar a la policía. Rodríguez llamó a la comisaría de Raco y le informó del hallazgo al Comisario Enrique García (quien actualmente se encuentra cumpliendo una pena de cinco años por esta causa, tras ser juzgado en 2013).

De acuerdo al testimonio de los hermanos Goitea, el día 12 de marzo de 2006 Waldino Rodríguez se presentó en la casa donde viven acompañado de Enrique García y Diego Gustavo Robledo, agente de la comisaría de Raco (ambos se presentaron a declarar como testigos). Cuando trasladaron a los Goitea a la comisaría a radicar la denuncia, dijo en su oportunidad Sergio Goitea, él y su hermano fueron amenazados bajo la advertencia de “no hablar nada para no tener problemas”.

En la comisaría de Raco, Enrique García le tomó declaración a los Goitea y según el testimonio de los hermanos, García nunca les mostró lo que había dejado asentado en la denuncia. En el acta quedó registrado que el cuerpo fue encontrado por personal de la policía durante un rastrillaje.

El jueves 7 de junio, prestó declaración el testigo Miguel Ángel Zelarayán, quien durante el año 2006 se desempeñaba como oficial auxiliar en la Unidad Regional Norte. Su testimonio también apuntó contra García y los imputados Brito y Hugo Sánchez.  “El día que apareció el cuerpo de Paulina, el Comisario Brito me llamó a mi casa y me pidió que lo acompañara a hacer trámites en Monteros”, como relatando Zelarayán. De acuerdo al testigo, actual Comisario Principal de la Unidad Regional Norte, Brito lo pasó a buscar en su auto y emprendieron el viaje a Monteros. Al llegar a la rotonda de Famaillá, Brito recibe el llamado de Enrique García, informándole del hallazgo de un cuerpo.

Tras el llamado de García, Brito se comunica con el ex Secretario de Seguridad Eduardo Di Lella, a ex Jefe de Policía Hugo Sánchez y al ex Subjefe Nicolás Barrera para informarles del hallazgo del cuerpo.

“Cuando llegamos al lugar donde estaba el cadáver, yo me quedé dentro del auto porque en ese momento no tenía uniforme. El primero en llegar al lugar  fue Di Lella, después Sánchez”, continuó Zelarayán. Al caer la noche, siguiendo los dichos del testigo, Brito le pidió que regrese a su casa en la camioneta donde se retiraban el comisario Luis Alberto Nuñez y el Fiscal Alejandro Noguera. “Brito se acercó y me dijo que me vuelva con Nuñez y Noguera, porque había recibido órdenes de Hugo Sánchez para quedarme en el lugar a documentar el hallazgo del cuerpo junto a García. Lo que pasa es que García no era buen documentador”, aseguró Zelarayán.

El testigo García y el imputado Rubén Brito se vieron cara a cara el lunes 21 de mayo, cuando el tribunal hizo lugar al pedido de careo solicitado por Gustavo Morales, abogado defensor del imputado Eduardo Di Lella. Esa misma tarde, García también se careó con Nicolás Barrera, también por pedido de Morales.

 

“Brito redactó el acta del hallazgo del cuerpo. Yo le dije que lo que había trasmitido el Subjefe Barrera, que al cuerpo lo habíamos encontrado nosotros (la policía) en un rastrillaje”, sentenció García, mirando a los ojos a la figura imponente de Brito. “Vos estabas conmigo en la comisaría, yo redacté el acta al lado tuyo. Si vos me seguías a todos lados, como un alcahuete. Vos me dijiste que documente que la policía encontró el cuerpo, nunca me nombraste a los hermanos Goitea”, le refutó Brito.

García, a pesar de la arremetida, se mantuvo firme en su versión: “Yo sabía bien cómo hacer mi trabajo, pero recibí la orden de Brito de dejar documentado en el acta que al cuerpo lo encontró la policía. Yo estoy pagando una condena en la cárcel por una orden que me dieron y que obedecí”

La situación de Hugo Sánchez

El 25 de abril el juicio dio la gran sorpresa: ante las insistentes preguntas del tribunal sobre si tenía miedo de declarar, el testigo Fernando Vázquez Carranza, ex Director de Policía Científica en 2006 – quien estuvo el día 12 de marzo de 2006 en la autopsia realizada al cuerpo de Paulina – contó frente a las partes que el Doctor Enrique Andrada Barone, por esos días defensor de Hugo Sánchez, le había enviado cuatro mensajes de WhatsApp, contándole detalles de la declaración del testigo anterior, subalterno suyo en 2006 en la División Criminalística Norte e instándolo a declarar en sentido contrario.

Ante el desconcierto, el Fiscal de Cámara Carlos Sale y el representante de la querella Emilio Mrad solicitaron al tribunal que Andrada Barone sea apartado del proceso por inducir al testigo al falso testimonio. Además, solicitaron que se dicte la prisión preventiva para Sánchez. Tras una extensa deliberación, el tribunal hizo lugar al pedido y ordenó la detención del ex Jefe de Policía, por un lado, y que su abogado sea apartado del juicio, por otro. Desde aquel día, José Luis Chaván se hizo cargo de la defensa técnica de Hugo Sánchez.

El caso

  • Paulina Lebbos estudiaba ciencias de la Comunicación en la UNT. La noche del 25 febrero fue a bailar con un grupo de amigos al boliche Gitana, ubicado en la zona de El Abasto.
  • La madrugada del 26 Paulina y Virginia Mercado, su amiga y compañera de facultad, salieron solas del boliche y tomaron un remise a pocas cuadras. Virginia se bajó del vehículo en su domicilio de calle Rioja al 400. Paulina, de acuerdo al testimonio de Mercado, siguió viaje con destino a Estados Unidos al 1200, la casa de César Soto, su pareja y padre de su hija. Desde aquella madrugada no se supo más nada de ella.
  • El 11 de marzo el cuerpo sin vida de Paulina fue hallado en el kilómetro 2.8 de la ruta 341, en la localidad de Tapia. Ante el relinche insistente de sus caballos, los hermanos Sergio y Marcelo Goitea se acercaron al lugar y observaron el cadáver.
  • A partir del hallazgo de su cuerpo, siempre siguiendo la versión de la parte demandante, se realizaron una serie de maniobras en el lugar con el objetivo de encubrir el crimen de Paulina y entorpecer la investigación.

Los imputados

  • Eduardo Di Lella (ex Secretario de Seguridad Ciudadana de la Provincia). Abogado: Gustavo Morales.
  • Hugo Sánchez (ex Jefe de la Policía). Abogado: Eduardo Andrada Barone. Tras ser apartado de la causa, asumió su defensa técnica José Luis Chaván.
  • Nicolás Barrera (ex Subjefe de la Policía). Abogado: Gustavo Carlino.
  • Héctor Rubén Brito (ex Jefe de la Unidad Regional Norte). Abogado: Cergio Morfil.
  • Waldino Rodríguez (policía retirado). Abogado: Humberto Posse.
  • Roberto Luis Gómez (único imputado por privación ilegítima de la libertad seguida de muerte). Abogado: Juan Santamarina.

Los detenidos

  • Jorge Jiménez: amigo de César Soto, fue detenido por la posible comisión del delito de falso testimonio. Será investigado por su posible participación en el crimen.
  • Ramón Fernández: el empleado de Vialidad se mostró reacio a responder preguntas. Para el tribunal, incurrió en numerosas contradicciones.
  • Ernesto Fierro: cabo de la Policía de Seguridad Vial. Los jueces ordenaron su detención el 21 de marzo.
  • Daniel Díaz: Jefe de Criminalística Norte en 2006, fue detenido luego de un careo con Fernando Vázquez Carranza, quien era su superior al momento del hallazgo del cuerpo de Paulina.
  • Hugo Sánchez: ex Jefe de la Policía. El tribunal ordenó su detención luego que se descubriera que su abogado había enviado mensajes presuntamente intimidatorios al testigo Vázquez Carranza.
  • Raúl Lobo: ex Director de Bomberos de la Policía. Para el tribunal, cometió un delito en flagrancia. Será investigado por falso testimonio.
  • Raúl Antonio Ferreyra: ex Subdirector de la Brigada de Investigaciones. Aseguró que no vio el cuerpo de Paulina Lebbos en el lugar del hallazgo, pero durante la etapa de instrucción había declarado que vio el cuerpo cuando lo estaban envolviendo en un plástico para trasladarlo a la morgue. Será investigado por falso testimonio.

 A modo de conclusión

La policía – entendiendo policía como Institución – es un micromundo. La policía, como cualquier medio social, está dividida en estratos sociales. A lo largo de este primer cuatrimestre de juicio oral y público, declararon frente al tribunal policías de alto rango jerárquico y policías de origen muy humilde, con escasísima formación académica. Hugo Sánchez, ex jefe de la fuerza imputado en este juicio, es un claro ejemplo del poder simbólico que le confiere a un policía un título de rango jerárquico. Ya retirado de la fuerza, Sánchez todavía impone respeto entre sus pares, quienes lo llaman “jefe”. Cuando el tribunal dispuso su detención, los policías que lo trasladaron cubrían sus muñecas esposadas con un saco, “para cuidar su imagen y honor”. El policía nunca deja de ser policía.

Los ex miembros de la fuerza que hoy están siendo juzgados, tal vez, nunca se imaginaron afrontar un proceso judicial de estas características. Quizás por eso utilizaron policías de poca monta y casi sin instrucción para hacer el trabajo sucio: para alterar la escena donde se encontró el cadáver, para documentar hechos que no sucedieron, para falsificar firmas, para fraguar actas, para amenazar testigos.

Algo que quedó claro en estos cuatro meses es que, dentro de la institución, existe un pacto de silencio donde los policías de los rangos más bajos ponen el cuerpo por sus jefes. Muchos policías y ex policías que declararon en este juicio, desnudando sin tapujos la torpeza con la que trabajaron los días 11 y 12 de marzo de 2006, repitieron casi de memoria la misma frase, como un mandato divino: “la policía es una institución vertical, nosotros recibimos órdenes de los superiores y las tenemos que cumplir”. Y resulta inevitable asociar estas afirmaciones a un concepto que nos regresa a los años del genocidio de Estado: la idea de obediencia debida.

El juicio Paulina Lebbos es sustancial por muchos factores, pero principalmente porque, de alguna manera, pone de cabeza la lógica con la que históricamente operó el Poder Judicial: sabemos que la Justicia es selectiva, que los ricos están exentos de castigo y que las cárceles están diseñadas para encerrar a los pobres. En este proceso, como en muy pocos, están siendo juzgados jefes policiales; policías de escritorio, los que mueven los hilos, los que toman las decisiones.

Todavía queda mucho tramo por recorrer, pero estos cuatro meses fueron fundamentales para comenzar a desmembrar un entramado de encubrimiento que tras 12 años parece estar llegando a su instante final.

El juicio en números

  • 4 meses
  • 17 semanas
  • 60 audiencias
  • 6 imputados
  • 7 detenidos hasta el momento
  • 270 testigos en total
  • 80 testigos declararon hasta ahora
  • 4 testigos declararon por escrito (Adriana Reinoso Cuello, Alejandro Noguera y Javier Noguera).
  • 9 careos se realizaron entre testigos, y entre testigos e imputados para clarificar puntos contradictorios surgido en el debate.

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