El comedor nocturno de La Costanera volvió a funcionar sin aportes del Estado

5 abril, 2017

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Territorial
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El comedor había dejado de funcionar en diciembre porque no contaba con aportes estatales. El espacio siempre se sostuvo con donaciones de vecinos y de algunas organizaciones.  El reclamo por la construcción del CEPLA sigue vigente.

 

En casa de Jackie un guiso se cocina a fuego lento en una gran olla. Después de 4 meses, y con algunas incertidumbres, vecinos de La Costanera reabrieron el comedor nocturno, que había dejado de funcionar en la segunda semana del mes de diciembre porque el gobierno provincial no asignó una partida presupuestaria para su funcionamiento. Todavía no se sabe dónde comerán los chicos. La primera opción es la estructura del edificio a medio construir del Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla), pero allí no hay luz.

“El comedor está pensado para trabajar con los chicos que están con problemas de consumo y es de noche porque es la hora que ellos andan consumiendo. Lo hacemos en el Cepla porque no tenemos lugar. La mercadería sale de la ayuda de la gente porque ayuda del gobierno no tenemos nada”, cuenta Carlos Díaz, vecino del barrio recuperado de las adicciones. A su vez, mostró preocupación por el Cepla, un centro preventivo cuyo edificio está parado hace dos años por falta de partida presupuestaria.  “Es importante que se termine el Cepla para todos los jóvenes del barrio porque la droga los está matando a todos y hace falta un centro de rehabilitación. La semana pasa ha muerto un chico aquí en la Costanera, se ahorcó porque no tenía ayuda de nadie que lo lleve al hospital”, lamentó.

En la estructura abandonada del Cepla hay agua estancada y en algunas zonas creció pasto. Algunos vecinos, como Daniel, no pierden las esperanzas y limpian voluntariamente el terreno para mantenerlo en óptimas condiciones. “Esta tarde se vuelve a abrir el comedor. Estamos contentos porque con eso comen los chicos que están consumiendo en la esquina”, dice con entusiasmo.  “El gobierno no nos da nada a nosotros. La gente nos dona. Hay chicos que no comen al mediodía y se acercan al comedor a la noche y a veces llevan comida para sus casas. La situación está peor, vos ves criaturas de 12, 13, 14 años que de noche están consumiendo”, agregó.

Son las 19:30 y el guiso está casi listo. De a poco llegan los primeros niños al salón de la casa de Jackie. Algunos se quedan a comer, otros llevan raciones de comida a sus casas. Para las 20, ya hay una veintena de niños y jóvenes cenando en el salón. Todos sentados en el mesón, como una gran familia. Allí comparten no solo un plato de comida caliente, sino también sus experiencias en el barrio, sus angustias, sus miedos, sus sueños. Todos coinciden en algo: el guiso está riquísimo, por eso la mayoría repite plato.

 

Por su parte, desde el equipo de terapéutico de la Secretaría de Adicciones que trabaja en el barrio resaltaron la importancia que tiene el comedor como parte del dispositivo terapéutico: “la importancia de un comedor es que opera como una estrategia para acercarse a los chicos y generar vínculos que habiliten una relación con ellos, primero de escucha y luego de acompañamiento en distintos niveles. Muchos chicos en situación de consumo se pasan días sin comer, por eso están desnutridos. Entonces la comida es una forma de resolver una necesidad real, pero también habilita a que los chicos se sientan contenidos. El comedor tiene una función muy importante de contención afectiva, un lugar de referencia para los chicos. Además, sirve para combatir los espacios que les ofrece el transa: el transa les ofrece su casa a los chicos,  les da un mate cocido para tenerlos de rehenes del consumo”, sostuvieron.

Otro de las particularidades del comedor es que participan las madres de los chicos que van a cenar. “Es muy importante la participación de las madres en el comedor porque va en nuestra lógica de intervención individual, grupal y comunitaria. Una característica que tienen los barrios es la fragmentación de los vínculos y para las madres poder encontrarse y contenerse ellas mismas ayuda a generar un lugar saludable. Fortalecer el círculo de madres ayuda a armar un circuito al joven adicto y que ellas puedan vincularse a nivel comunitario”, indicaron.

 

Otro de reclamos de los vecinos es la urgente construcción del Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla), una obra parada hace más de 2 años porque los gobiernos nacional y provincial no asignaron presupuesto. “El Cepla es una necesidad del barrio, por eso se lo gestionó. En la última reunión en el mes de diciembre, en el Hospital Avellaneda, el Secretario de la Gobernación dijo que si la nación no hacía el CEPLA lo iba a hacer la provincia”, cuanta Angel Villagrán, vecino de La Costanera e integrante del colectivo Hermandad de los Barrios.

Además, Villagrán invitó a vecinos y a la comunidad en general a participar de una misa y procesión que se realizará en el barrio el próximo viernes, para exigir al gobierno que cumpla con su promesa y finalice la construcción del CEPLA, lo que considera de vital importancia para más niños no caigan en el consumo. “Si esto sigue así nos puede tocar a todos. La edad de consumo bajó, ahora empiezan a los 8 años. Ahora los chicos ya no le roban a sus mamás, ahora salen a la ruta a robar para consumir”, finalizó.

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