El femicidio por su nombre: una mirada feminista del derecho

29 abril, 2020

Commentario

Derechos Humanos Destacada

Sergio Marchisio, conocido como “Bachicha”, fue condenado a cadena perpetua por haber matado a tiros a su esposa María de los Angeles Carrizo en un brutal femicidio en 2017. En plena pandemia por Covid-19, el juicio oral y público se realizó a través de una videoconferencia. La causa estaba caratulada con un triple agravante: por el vínculo, por alevosía y por mediar violencia de género.  Un análisis crítico de las defensas legales en casos de femicidios. Por: Luciana Gramaglio y Sofía Fares, redacción APA!,  abogadas feministas (Estudio Jurídico FG).

Sergio “Bachicha” Marchisio mató en junio de 2017 a tiros a su esposa María de los Ángeles Carrizo en el comedor de casa. Su hija lo vio y le rogó que no lo hiciera. No hubo caso. María de los Ángeles fue la quinta mujer asesinada por femicidio en Tucumán en ese año. Tres años después, el tribunal conformado por Pedro Roldán Vázquez, Diego Ernesto Lammoglia y Fanny Siriani condenó a cadena perpetua a Marchisio por femicidio.

La visualización del juicio a través de internet generó una transparencia de estos procesos y una nueva forma de pensar lo “público”. Por esta razón, y la posibilidad de llegar masivamente a más personas de las que entran en las pequeñas salas de audiencia del Poder Judicial, es que creemos fundamental analizar los argumentos utilizados por la defensora de Marchisio, Julieta Jorrat.

Quienes estudiamos derecho recordamos que, en la materia Derecho Penal, el primer ejemplo que daban los docentes cuando mencionan la “emoción violenta” es el caso de un hombre que entra a su casa y encuentra a su esposa con el amante y por ello, la mata. La naturalización de la violencia de género, el femicidio, y sobre todo esta mirada patriarcal nos demuestran que todavía hay mucho que discutir. Vivimos en una sociedad estructural y profundamente machista. Es momento de cuestionar y analizar los argumentos y las estrategias de las defensas de los femicidas.

Sergio Marchisio fue condenado a cadena perpetua por femicidio

Hace tiempo que los movimientos de mujeres y feministas reclamamos que los asesinatos de mujeres cometidos por hombres mediando violencia de género sean nombrados como femicidios, teniendo en cuenta que las circunstancias en las que suceden son muy diferentes a las de cualquier asesinato. Somos las mujeres a quienes nos matan por el solo hecho de serlo.  Con el tiempo pudimos ver los avances. En las noticias vemos cada vez son menos los títulos de “crimen pasional” o “la mató porque la amaba” . Este cambio fue acompañado por una vasta legislación de Derechos Humanos que cada vez se amplifica y perfecciona más.

En el juicio oral Jorrat buscó de manera incansable justificar el accionar de Marchisio con argumentos que van quedando en desuso por su alto contenido misógino, porque no sólo ocultan uno de los principales flagelos de las mujeres que es precisamente la violencia de género, sino que, de alguna manera, terminan también responsabilizando a la víctima.

Uno de sus planteos fue que María de los Ángeles “fue la única mujer que tuvo Marchisio”. El argumento se basaba en que desde los 15 años de edad estaba con ella y que él afirmaba que “fue el amor de su vida”. Jorrat sostuvo que “evidentemente fue así porque los dos estuvieron juntos hasta esta circunstancia” (el femicidio).

Este “amor incondicional” y el hecho de ser la “única pareja” como argumentos que sostienen una estrategia de defensa buscan generar un consenso sobre la idea de que la “fidelidad” anula la posibilidad que exista un vínculo violento. Por lo tanto, no podría considerarse un femicidio.

Siguiendo ese hilo argumentativo buscó reforzar ese argumento de “inexistencia de violencia”, expresando que María de los Ángeles no había realizado ninguna denuncia por violencia o por amenazas y que, incluso, cada vez que Machisio quedaba preso, ella lo iba a visitar. Sin embargo, varios testimonios indicaron a lo largo del juicio que la víctima no podía hacer la denuncia porque él no la dejaba ir a ningún lado sola, que la golpeaba y hasta hacía disparos al aire cuando ella amenazaba con dejarlo.

Pero, además de estos impedimentos, quienes acompañamos a personas que sufren violencias sabemos que por múltiples factores es difícil el proceso de una mujer que decide denunciar. Existen factores personales: violencia psicológica, el miedo, la culpa, el estigma, la creencia en que esa persona puede cambiar, etc.-; económicos: violencia económica, ya sea porque dependen económicamente de esa pareja o por existir amenazas de no cumplir con las cuotas alimentarias, etc.; simbólicos: desconocimiento de los derechos que la protegen, etc.; formales: la falta de capacitación de las instituciones que recepcionan denuncias, distancias, etc.; la revictimización al momento de denunciar: hacen a la víctima revivir una y otra vez lo que sufrió, solo por nombrar algunos.

Con los argumentos de Jorrat para la defensa de Marchisio, se vuelve a poner la carga de la culpa sobre las espaldas de las mujeres y sobre sus familias. Pero es necesario que quede claro: la responsabilidad en estos casos no es de la familia, ni de los círculos cercanos ni de las personas que sufren la violencia. El responsable es el propio femicida. La responsabilidad es también del Estado por no tener políticas públicas efectivas para prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres, por no proteger a quienes la sufren día a día.

Jorrat tiene entre sus antecedentes la defensa técnica e ideológica de acusados por delito de lesa humanidad

Es interesante destacar que la defensa nunca negó el crimen. Lo que buscó en todo momento fue negar el contexto d violencia de género y  construir a María de los Ángeles como una “mala víctima”: porque no denunció, porque se fue de casa de su madre a los 15 años, porque tenía “una personalidad fuerte”.

Jorrat concluyó su alegato diciendo que tuvo casos que, cuando llegaban a juicio, se daban cuenta que (los imputados) eran ‘anormales’. “El informe psicológico y la cantidad de antecedentes penales que tiene el señor Marchisio nos demuestra que ‘algo no funciona bien’”, planteó. A todas, todes y todos los defensores de femicidas solo queremos decirles que no son “anormales”, que no es que “algo no les funciona bien” y, citando a Rita Segato, que los femicidas son hijos sanos del patriarcado. 

¿Qué logran este tipo de defensas desprestigiando a las víctimas y sosteniendo discursos machistas y androcéntricos?

No está demás explicitarlo: Jorrat tiene entre sus antecedentes la defensa técnica e ideológica de acusados por delito de lesa humanidad. El derecho no es neutral y cada abogade parte de cierta cosmovisión del mundo para usarlo como herramienta de cambio social o para reforzar el status quo.

Estas defensas no aparentan buscar justicia, sino justificar lo que hoy aparece en la sociedad como injustificable. Sus argumentos van en contra de lo que lo que estamos construyendo como nuevo pacto social. Si bien esto también forma parte de la democracia y el estado derecho en que vivimos, y de nuestra libertad de pensamiento y expresión, no dejan de ser argumentos que de fondo plantean un retroceso en los derechos de las mujeres.

Es preocupante que se sigan replicando estos discursos en el ámbito del derecho, pero al mismo tiempo es saludable el avance de algunos tribunales que ya no los toman como argumentos válidos a la hora de dictar sentencias.

Esto es una gran muestra de la lucha de los movimientos de mujeres y feministas que dejan entrever el resquebrajamiento de las estructuras de un poder judicial que está empezando a modificar sus prácticas y  miradas.

Link del juicio por videoconferencia transmitido por la Dirección de Comunicación Pública de la CSJT:

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