En ‘El Sifón’ exigieron justicia por Franco Agüero

3 agosto, 2017

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Derechos Humanos Destacada Territorial Tucumán
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El joven de 22 años fue asesinado en circunstancias que todavía se investigan, aunque su familia y los vecinos sospechan que su crimen estaría relacionado con las drogas. Franco era miembro de la Hermandad de los Barrios y había fundado el grupo “El Sifón, una luz de esperanza”. Estaba en pleno proceso de recuperación de sus adicciones. Los vecinos se encuentran alarmados: el hambre se incrementa y la violencia recrudece.

Vecinos del barrio El Sifón y miembros del colectivo Hermandad de los Barrios cortaron ayer al mediodía la calle San Miguel a la altura del 1600, frente a las puertas del Hospital Obarrio, para exigir justicia por Franco, un joven de 22 años asesinado el 12 de julio en el barrio 200 viviendas, en El Manantial.

Desde hace dos años Franco integraba un grupo de jóvenes llamado “El Sifón, una luz de esperanza”, donde trabajaban jóvenes con problemas de adicción. En su casa se hizo un horno ecológico porque allí se hacían las reuniones, las meriendas; era el lugar de trabajo de los jóvenes del grupo.

“Todavía no está claro que pasó con Franco. Sabemos que salió a comprar y le dieron un disparo en la pierna. El corrió por lo menos una cuadra pidiendo ayuda y los vecinos llamaron a la ambulancia, pero llegó muerto al hospital. Todavía no se tiene en claro quién lo mato, pero la mayoría sospecha que lo mataron por tema de drogas”, explica Marcela Cruz, psicóloga y coordinadora de un dispositivo de prevención y asistencia de la Secretaría de adicciones.

“Era el más activo en el trabajo y en el sostén de sus compañeros. Tenía un proyecto de vida, quería formar una familia, por eso estaba con todas las pilas para recuperarse. Para nosotros fue muy dolorosa la pérdida de Franco: un chico con toda la vida por delante, con sus proyectos de vida, con su solidaridad”, recuerda.

Así como Franco, también murieron Carlitos y Florencia; Carlitos tenía 21 años y fue asesinado y Florencia murió de sobredosis.

Los recientes episodios que involucran a menores en situación de consumo sólo pueden comprenderse en un contexto de violencia social a nivel global producto de la política económica del actual gobierno. La ecuación es sencilla: cuando más hambre mayor es el nivel de consumo y violencia. En los barrios esta realidad es palpable: los comedores y merenderos están abarrotados de niños y jóvenes que, en muchos casos, encuentran en esos espacios la única comida del día.

Las vecinas tienen que estirar las raciones de comida, que no alcanzan para cubrir la demanda, y en muchos casos realizan colectas o reciben donaciones externas al barrio para poder cocinar.

Sólo para dar algunos ejemplos: Yrma Monroy, referente del barrio ‘El Sifón’, administra dos comedores: Los Lapachos, que funciona en su casa, donde los niños reciben almuerzo, merienda y cena; y la Asociación Civil Los Lapachos, en la esquina de su casa, que recibe jóvenes y solo brinda almuerzos. El Ministerio de Desarrollo Social le envía a Yrma una sola ración de alimentos y ella debe dividir la comida entre los dos comedores.

En el comedor de noche de La Costanera, que funciona los días martes, el presupuesto que envía el Ministerio de Desarrollo Social para su funcionamiento pasó de $1500 hasta el mes de junio a $1000 en la actualidad. Es decir, una reducción del 30%.

En el Barrio Juan XXIII, popularmente conocido como ‘La Bombilla’, funciona un merendero que administra una vecina en el patio de su casa y donde asisten 60 chicos. En este caso, el ministerio no envía una partida presupuestaria: el merendero funciona íntegramente con aportes de vecinos de los barrios aledaños.

La situación es desesperante: a la falta de asistencia médica para los jóvenes en situación de consumo se le suma una drástica reducción del presupuesto que el gobierno destina para los comedores y merenderos.

 

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