En la Maternidad de Tucumán pasan muchas cosas

11 marzo, 2018

Commentario

aborto Géneros

Lo primero que veo al llegar a la maternidad es una imagen gigante, prácticamente toda una pared la ocupa Jesús, ese que tiene manto celeste, algo así como unas luces de colores que le brotan del cuerpo y una inscripción abajo que dice “Jesús, en ti confío”. Lo segundo que veo es a una policía en la puerta y otro que va y viene. Entro a la maternidad segura, miro a todos lados y además del cartel de informes y de los horarios de visita veo otra imagen de Jesús, el mismo, un poco más chico quizás pero igual de imponente, podrías verlo desde cualquier lugar. Elijo un sector entre las sillas donde la gente espera y me siento como si yo también esperara algo. Estaba dispuesta a escuchar y si se daba a entablar alguna conversación.

*Texto de Natalia Mamaní.

La última vez que fui entré segura también pero fui directo al lugar de los informes, no miré mucho. Estaba más apurada y ansiosa por ver a la persona que iba a visitar. A Mariana (no es su nombre real claro) una piba que acompañé en su aborto de segundo trimestre cuando era socorrista. Pero que después de varias horas sin dormir, todavía no abortaba y la presionaba el hecho de saber que ya debía volver a su casa porque hacían como 36 horas que ella y su mamá no estaban vigiladas por el padre. Debían volver, porque  si no el castigo sería severo. A pesar de que la madre y él estaban separades, él seguía yendo a su casa a controlar si estaban. Entonces la única estrategia que encontramos fue esa. Apenas llegó a la maternidad expulsó el feto. Hasta el día de hoy pienso que si hubiésemos tenido unos minutos más sin la amenaza del padre, Mariana se hubiese ahorrado el momento traumático donde le pusieron el feto sobre el pecho y le dijeron que era su hijo, que lo mire.

El día que yo fui a visitarla me dieron un carnet de “visitante” con el que pude entrar y subir los tres pisos para verla. Creo que eran tres. Estuve un rato no recuerdo siquiera los carteles. Solo las paredes claras. Por eso ésta vez decidí mirarlos a todos. Vi uno de un curso de Postgrado de Ginecología y Obstetricia, la imagen era una panza de embarazada acariciándola, pensé que aquella vez Mariana no acariciaba su panza o lo hacía solo cuando sentía contracciones y empujaba hacia abajo como queriendo que la panza se deslice y caiga. Otro cartel que vi fue uno que decía algo así como “Salud escucha” y un número para llamar. Decía ahí que podías comunicarte directamente con el Ministerio de Salud y entre las cosas que podías hacer era consultar cualquier cuestión de salud. Me imaginé un cartel más grande que diga “Info aborto seguro” y el número de Socorristas en Red.

Estuve dos horas o más en la maternidad, fui, volví, me cambié de espacio. En una de esas veces me senté en un lugar desde donde pude ver otro Jesús pero esta vez el niño Jesús, en una especie de altar. Recordé que Mariana era católica y que el día de su aborto llevó una cruz colgada al cuello a la que tocaba cada vez que le venían dolores. El rato que estuve sentada una mujer le contaba a otras sobre su nieta y que ya le iba a venir la menstruación y lo que había sido para ella no saber. Pero que cuando le dijo al padre de su nieta él le contestó que no hacía falta hablar que ya lo iba a aprender en los dibujitos esos de Discovery Kids que ahora le enseñan de todo. Me quedé pensando en la primera vez que nos encontramos con Mariana y su mamá, no sé si Mariana vería dibujitos, pero le contamos con lujo de detalles todo lo que iba a ser su aborto y lo que iba a ver y los posibles síntomas y lo que sí o sí le iba a pasar, todo, así como dicen que hace Discovery Kids con la menstruación. Allí sentada vi otro cartel que decía “semana del prematuro” la imagen esta vez era la de una madre blanca, con los dientes blancos y una sonrisa enorme y un bebe blanquísimo con la misma alegría. Pensé otra vez en Mariana, morocha y el prematuro encima de ella y ella llorando y pidiendo que no quería verlo.

En la maternidad pasan muchas cosas, entran y salen personas capaces de gestar. Entrar así nomás es un poco más fácil, salir depende. La vez de Mariana, la madre me contó que ella estaba cansada de estar en la habitación que intentó ir a tomar aire pero que no la dejaron. “Le pusieron una pulserita y si te la ven no te dejan salir, tienen miedo de que se escape y deje al bebé en neo viste?” Hoy cuando estaba sentada esperando, empecé a charlar con una mujer que estaba internada por una trombosis. “Hace una semana y media que estoy internada, me re aburro y me asfixio arriba aunque abramos las ventanas, así que a la noche bajo y salgo un rato. A mí sí me dejan salir, a las que no las dejan ir ni a la puerta son a las acaban de tener bebé”.

Apenas entré a la maternidad sentí “ese” olor. No puedo describirlo, no sé cómo nombrarlo pero es un olor penetrante que tiene significados ambiguos por lo menos en los recuerdo de mi nariz. Una vez significó libertad y alivio y otra vez miedo, ansiedad y asfixia. La primera vez fue un aborto en dónde no fuimos a la maternidad. El segundo recuerdo fue Mariana con la pulserita, después de parir al prematuro, en la maternidad.
En la maternidad de Tucumán pasan muchas cosas. En las cuerpas de nosotres otras miles.

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Aborto libre en cualquier lugar y como yo decida; con intervención o con misoprostol. Ameu!

 

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