Encuentro Nacional de Mujeres: la reafirmación de que todas importamos

18 octubre, 2017

Commentario

Generos
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La primera plana de un diario local de Chaco sorprendió con el titular “El patriarcado se va caer”, en el último día del Encuentro Nacional de Mujeres. Unas 60.000 mujeres argentinas y latinoamericanas se reunieron en Resistencia. A la masividad y a la diversidad, rasgos típicos de estos eventos únicos en el mundo, se le sumó la gran presencia de originarias y mujeres jóvenes. Muchas participaron por primera vez.

Escuelas y facultades desbordaron con los talleres de unas 71 temáticas distintas. La plaza 25 de mayo, punto central que orientaba a todas, explotó de color, bombos, pañuelos, asambleas, radios abiertas, artesanías y festival Torta. La marcha de más de 35 cuadras conmovió con sus cánticos que mezclaban fuerza, alegría, bronca y demandas.

La capital chaqueña se preparó durante un año para recibir a las encuentreras. El apoyo de vecinos y vecinas, que dieron un gran recibimiento fue destacado por las participantes. No hubo represión policial durante el Encuentro, a diferencia del año anterior. Pero esto se vio opacado por un grupo agitado por Celia Ávila, ex diputada de la UCR, que agredió con piedras y cuchillos a las últimas mujeres que esperaban retornar a sus casas.

Las originarias presentes

Las qom, wichis, guaraníes fueron protagonistas desde el acto de apertura que se realizó en el estadio club Sarmiento. Ellas con sus distintos idiomas participaron de la lectura del documento, dieron la bienvenida y compartieron sus cantos.

Desde la comisión organizadora contaron cómo recorrieron pueblo a pueblo haciendo pasar la voz para que llegaran unas 1500 originarias desde los puntos más remotos de la provincia. Las oradoras destacaron “no es casual que ahora estemos juntas y en Resistencia, cuando en Argentina se viene profundizando las desigualdades económicas y sociales que devienen en una escalada de la feminización de la pobreza”.

Luego se unieron en un taller para hacer tronar sus palabras. “A nosotras, a las de los pueblos originarios de América del Sur no nos quieren. Si nos quieren de sirvientas, de esclavas y sacándonos las tierras, las riquezas que tenemos en nuestros territorios” manifestó Asunción Isidora Aguirre, cacica de la comunidad guaraní, al finalizar la segunda jornada de debate.

Las necesidades que denunciaron son muchas y de las más básicas. “Somos muy apartadas, en la comunidad no hay medicamentos. A la salita donde trabajo se le cayeron los tirantes, las chapas y las ventanas. Lloré cuando vi eso. Sentimos que estamos solas porque no hay nadie que lo levante”, contó Ceferina Méndez, quien se ocupa de pesar a los desnutridos y vacunarlos en una iglesia muy precaria en la comunidad Miraflores.

Las originarias también encabezaron la movilización, de punta a punta en la cabecera, con un cartel que sólo decía “mujeres del impenetrable”.

 

Las más jóvenes llenan de fuerza la historia

Pese a que ya transcurrieron 32 años desde que se llevó a cabo el primer ENM, donde se reunieron unas mil mujeres en la Ciudad de Buenos Aires, continúan presentes aquellas que siguen llegando por primera vez a esta experiencia.

Laura, recién llegada a Rosario, expresó las sensaciones que le dejó lo que muchas califican como un antes y un después: “Los días del encuentro fueron motivadores, cambiadores de vida y potenciadores. Este año es prácticamente mi primer encuentro. Decidí no ir como periodista sino vivenciarlo de forma personal. Fui a los talleres sobre políticas sobre el cuerpo y sexualidades, fueron hermosos. Me hizo muy bien habitar el encuentro, ir a esa plaza con mis amigas, caminando, charlando, conociendo gente. Experimenté unos niveles altísimos de sororidad con desconocidas que enseguida dejaban de serlo. Eso me emocionó permanentemente. Todavía no salí a la calle, ni al trabajo, tengo ansiedad por salir al mundo para ver cómo volví”.

Ellas, las más jóvenes, llevaron sus carteles, impusieron canciones con ritmos modernos y letras nuevas, pintaron sus caras con brillos, bailaron, saltaron, se divirtieron. Fueron protagonistas en las mesas de la plaza, en las intervenciones y no dejaron tema sin discutir.

Una mujer adulta aplaudía mientras veía pasar la marcha de las mujeres. Ahí, parada sola en la vereda de una de las avenidas del recorrido, fue sorprendida por una joven que se le acercó y le dijo “señora marche”. Ella le contestó “vení” y le explicó “no marcho porque tengo un problema en el corazón, pero no sabes lo que me gustaría ir con ustedes”.

Avanzaron de a miles por las calles céntricas, cantando por el aborto legal, contra las políticas de ajuste del gobierno de Macri, pidiendo mayor presupuesto y emergencia nacional. Llegaron a una esquina y corrieron para no cortar la columna. En los carteles se vieron las caras de Mayra Benítez, Berta Cáceres, Daiana Garnica, Milagros Avellaneda, y Melina Romero. Desde su balcón, agitando los brazos y con una sonrisa en sus labios, se podía ver cómo otra mujer acompañaba la marcha; al son de las canciones se la veía moverse y reír.

A esta marea de mujeres le faltaron algunas que no pudieron llegar. Ellas vivieron el Encuentro extrañando o arrepintiéndose por no estar ahí. Vieron las noticias por las redes sociales, la prensa alternativa o tal vez por algún diario como Página 12, porque saben que en la televisión solo será noticia si hay represión.

La marcha finalizó en el Parque de la Democracia con la mayoría de las organizaciones. Solo algunas agrupaciones como el MST, Plenario De Trabajadoras, Pan y Rosas, MCCC, Ni Una Menos y Socorristas pasaron frente a la catedral, sin mayores disturbios. Un grupo de anarquistas, que no llegaban a ser más de 30, quemó y tiró basura. La policía chaqueña se alineó en tres rodeando la iglesia mientras bomberos apagaron el fuego. No hubo represión ni detenidas.

Feminismo germinando

Fueron protagonistas las identidades femeninas con sus vidas cotidianas, los reclamos que se proponen y los desafíos que enfrentan en los tiempos del gobierno de Macri, y los avances conservadores en toda América Latina.

La conciencia feminista se transforma en movimiento social y va brotando en cada encuentro. La mayoría de los movimientos de desocupadas, ocupadas, cooperativistas y las fuerzas políticas reflejaron consignas que persiguen la transformación en las relaciones sociales para eliminar las jerarquías y desigualdades que ponen a las mujeres y a sus cuerpos disidentes en un lugar desaventajado.

No sólo estuvieron presentes los reclamos hacia los gobiernos, sino también la reafirmación de que todas importamos.

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