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Entender al espacio público como un espacio en disputa

7 septiembre, 2017

Commentario

Territorial Tucumán
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Sumergidos en una ciudad cómplice de la desigualdad, en la que el espacio público fue gradualmente fagocitado por la lógica de la privatización, las luchas por la apropiación del espacio toman múltiples formas.

El espacio público constituye el ámbito en el que se desarrolla la vida en sociedad, el encuentro efímero en las calles o más duradero en plazas y parques tanto para pasear, jugar o llevar adelante protestas sociales en la plaza principal. Pero, ¿qué pensamos hoy al salir a la calle? Predominan aspectos vinculados a la seguridad, la violencia, la desprotección. Asimismo las plazas parecen nuclear estas y otra serie conflictos actuales como el narcotráfico en sus fases de venta y consumo.

De esta forma las plazas, allí donde los transas dominan el barrio, constituyen el espacio capaz de facilitar el primer contacto entre los jóvenes y niños con la droga y todo el circuito alrededor de ella: Compra-venta, consumo, gestación de oportunidades delictivas capaces de financiar el consumo.

Usualmente las plazas incluyen espacios deportivos, una cancha de fútbol que involucra nuevos aspectos a la dinámica de la vida barrial. Aspectos asociados al deporte pero también a la violencia, esa violencia que también sucede en los partidos profesionales. La competencia, la droga, el alcohol y la pobreza, no son buenas combinadas.

Frente a estas condiciones desalentadoras ¿Qué pensar? ¿Damos por perdidos estos espacios? ¿Los volvemos objeto de estigmatización? De alguna manera los dejamos colonizar por un sistema que busca terminar de desmantelar al componente colectivo, venciendo su mayor exponente urbano, el espacio público ¿es que ya lo público –la comunidad- no tiene ninguna perspectiva?

A contrapelo como siempre, existen luchas sociales que intentan revertir esta lógica dominante. Luchas usualmente desconocidas desde el Estado, que parece beneficiarse cuanto más débil se encuentre la comunidad.

Casos como el Club de Los Vázquez, gestionado, proyectado y puesto en funcionamiento por jóvenes en recuperación de adicciones, representa paradigmas actuales de ésta disputa por el  espacio público.

 “…vas a ver cómo tanto arreglar el terreno para el club, lo tienen tomado en menos de tres meses…”

Estas eran las palabras de un Ministro a la comunidad hace dos años. Y la cancha hoy sigue siendo cancha, y la plaza sigue siendo plaza, y el compromiso de ayuda pública ya no forma parte de las ilusas ilusiones del barrio. La clase política provincial y nacional viene siendo el lastre que impide la realización del Proyecto, dejando a los jóvenes y niños del barrio como rehenes de sus disputas de poder. Sumado a esto, desde la provincia sostienen la precarización laboral de los dispositivos de salud que trabajan en el lugar desde hace 3 años.

La Costanera, tan manoseada como abandonada, tan visitada como desprovista de acciones y recursos bajo verdadero dominio comunitario, lucha con trabajo de hormiga por sostener y consolidar la cancha de Gilada, como la llaman en homenaje a uno de sus muertos por la droga que ayudó a crear la cancha. La comunidad de la “Costanera de Abajo” busca que ese predio sea la trinchera para transformar el barrio, también apoyados por los Dispositivos de Salud en adicciones.

En Yerba Buena otra lucha hace historia, y los vecinos de El Sapito tienen el compromiso de expropiación de su club. Frente a la ola de urbanizaciones cerradas que ahoga al municipio, se come las calles, las plazas y privatiza los espacios deportivos como Campo Norte, los vecinos de la Diagonal Norte han dado cátedra sobre cómo organizarse. La organización La Poderosa ha contribuido a hilvanar otro foco de lucha en el Norte argentino, y el espacio público constituye un baluarte organizativo.

Los vecinos del barrio 11 de Enero, las mujeres organizadas del barrio Santa Inés, avanzan junto a  una multiplicidad de luchas pocas veces apoyada desde el Estado, y desconocidas por la prensa amarillista que parece estar conforme con instalar la mirada estigmatizante sobre estos espacios perdidos.

Espacios en disputa, ciudades en disputa, sociedades, lógicas y modelos en disputa. Los contendientes luchan con armas muy desparejas, pero la historia se está escribiendo y mientras haya madres del pañuelo negro, Hermandad de los barrios, barrios Poderosos, técnicos comprometidos, y más aliados, habrá más posibilidades de visibilizar y ganar la disputa.

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