Es agricultora familiar, cría cabras, chanchos y ovejas pero no tiene luz ni agua

17 julio, 2017

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Productores de Taco Ralo resisten a pesar de las carencias aunque se debaten migrar a la ciudad buscando mejores condiciones de vida. 

Cerca del naciente, 30 kilómetros adentro de Taco Ralo, en la última localidad al sur de Tucumán antes del límite tripartito con Catamarca y Santiago del Estero, allí vive Norma Sotelo. Ella es agricultora familiar.
Su rostro está marcado por el sol, habla lento y bajo, como si nada la apurara. Cuenta que tiene un campo de 40 hectáreas donde reside con su esposo, una hija y su bebé y un hijo, que su zona es conocida como Puesto Los Sotelo en homenaje a quienes hacen tres generaciones cultivan esas tierras y que para llegar a su finca hay que recorrer kilómetros de caminos de tierra hundidos, ondulados y que se vuelven intransitables con las lluvias desde la ruta 157 hacia el Este.


En el noroeste argentino, el 80% de los productores son agricultores familiares. En Tucumán, suman entre 12 y 15 mil. Se encargan de producir las verduras y frutas que diariamente consumimos, quesos y dulces artesanales, y carnes de cerdo, pollo y cabras.
El viento levanta la tierra que tiñe la ropa colgada. En la radio suena cumbia vieja que disimula el cantar de los gallos. El fuego, que nunca se apaga, calienta el agua para el mate que nunca falta. En el campo, compartir mates es sinónimo de confianza y amistad. La casa está dividida en varias partes: por un lado las habitaciones, en otro más alejado el baño y la cocina un poco más apartada. Los corrales improvisados con maderas, chapas y chiqueros de ramas. En el campo, el tiempo transcurre al ritmo del sol. 


Cerca de las 5 de la mañana, sea fin de semana, feriado o alguna celebración, Norma se levanta, hace mamar a los cabritos, los encierra y larga las cabras al monte para que se alimenten. “Tampoco hay mucho que coman, porque al no haber agua no se puede sembrar. La siembra que se hace a veces hay que levantarla para darle en el tiempo ese o cerrar el cerco para que no entren. Y bueno, después uno le va dando de a poco para que llegue el tiempo que vuelve a llover”, describe.
Ella tiene mucho: cabras, ovejas, gallinas, gallos, perros y gatos. Pero le falta aún más: electricidad, agua y mejores rutas. Todo lo que naturaleza no provee y que depende de decisiones políticas. Esas carencias les impiden producir más. La falta de agua opera contra la posibilidad de tener más animales. No tener luz eléctrica les impide mantener el frío de la carne que faenan ni la leche que producen. Los caminos atentan contra la comercialización de lo que producen.


Por arriba de la finca de Norma pasan los cables de alta tensión que fueron instalados para un terrateniente francés que tiene sus tierras casi al límite con Las Termas. “El francés”, como lo conocen en la zona, juntó firmas de los vecinos y realizó el pedido de luz eléctrica. Fue el único beneficiado.
“Los abajo firmantes nos dirigimos a Uds. Con el fin de solicitarles se nos provea de energía electica (sic) en nuestras viviendas ubicadas en el ‘Señor De Los Milagros”, en el mismo se encuentra el transformador Set N° 10. Nuestro pedido se basa en la necesidad de tener una mejor forma de vida”. El pedido, conciso pero claro, fue presentado ante EDET en agosto del 2015 después de que le instalasen electricidad al ‘francés’. En una visita en la zona, se la entregaron también al vicegobernador Osvaldo Jaldo quien prometió gestionar la conexión eléctrica. Aún no tuvieron suerte.
En otra nota, escrita a mano, relataron que “la situación actual es insostenible, varios vecinos están pensando en dejar sus viviendas y la actividad productiva que realizan para migrar a la ciudad buscando mejores condiciones de vida”. 

Tienen otro problema. Cada 15 días la comuna les llena tachos con unos 500 litros de agua que usan para consumo familiar, higiene y para los animales. Cuando se acaba, se van en burra a buscar más. “No podemos aumentar los animales porque tenemos que tener poquitos. Porque si aumentamos los animales vamos a seguir con un sufrimiento terrible”, lamenta Norma. Esperan que el Servicio Provincial De Agua Potable y Saneamiento (Sepapys) realice la conexión prometida desde un pozo situado a poco más de un kilómetro.
El agua del mate se va terminando, los animales empiezan a volver del monte y el sol se va ocultando allá a lo lejos. La jornada se termina solo para volver a repetirse al día siguiente, con los mismos pesares y penurias.

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