Escuelita de Famaillá: un espacio para resignificar el horror

14 julio, 2017

Commentario

Derechos Humanos
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La escuela Diego Rojas funcionó desde 1977 hasta diciembre de 2015, cuando se inauguró el Espacio para la Memoria “Escuelita de Famaillá”. Durante los meses del Operativo Independencia funcionó como Centro Clandestino de Detención (CCD). Una historia que se reconstruye día a día. Un dolor que se transforma.


‘Justicia’ transita apresurada por los pasillos. Nos sigue a todos lados, como guiándonos en el recorrido. Usa una remera rota, desvencijada porque su buzo está secándose en la estufa. ‘Justicia’ es una de las tres cachorras con la que se encontró María Coronel cuando llegó a la Escuelita de Famaillá. Las otras dos ya no están: a ‘Memoria’ la robaron y ‘Verdad’ se murió. Casi como una metáfora de una historia que resiste el tiempo.

La escuela Diego Rojas de la ciudad de Famaillá fue construida entre 1972 y 1974. Desde febrero de 1975 hasta al menos el 24 de marzo de 1976, durante el Operativo Independencia, la escuela funcionó como centro clandestino de detención. Fue el primer CCD del país. Durante el terrorismo de estado, la Escuelita fue sede del Comando de Operaciones de las Fuerzas Militares, bajo el control de la Brigada V. De acuerdo al testimonio de personas detenidas se estima que por la Escuelita pasaron entre 2 y 3 mil personas, de las cuales 300 continúan desaparecidas.

María Coronel es hija de José Carlos Coronel y María Cristina Bustos, militantes montoneros de Tucumán. José Carlos fue asesinado el 29 de septiembre de 1976; María Cristina fue secuestrada el 14 de marzo de 1977 y continúa desaparecida. María es Coordinadora del Espacio para la Memoria y Promoción de Derechos Humanos ‘Escuelita de Famaillá’. A finales de 2015 fue convocada por la Mesa de Consenso, que estaba trabajando en la recuperación del espacio y en el traslado de la escuela a otro espacio físico. Allí inició las tareas de coordinación, sin tener todavía equipo de trabajo.


Desde el retorno a la democracia y hasta el 2 de diciembre de 2015, cuando se realizó la apertura del Espacio para la Memoria, el lugar funcionó como escuela primaria y terciaria. Actualmente la Escuelita está organizada en tres áreas: administración, comunicación y educación. La mayoría de los trabajadores son voluntarios. La gestión del espacio es compartida por la Secretaría de Derechos Humanos y el Ministerio de educación, tanto nacional como provincial.

De la estructura original de la escuela sólo se utilizan la primera aula, como oficina de administración, y el baño. El resto de las aulas, una al lado de la otra sobre un largo pasillo, se encuentran preservadas para las pericias judiciales. Frente a la estructura original se construyó, en junio de 2013, un nuevo edificio para lo que todavía funcionaba como escuela. Hoy, en esas aulas se realizan diferentes actividades culturales y educativas, como proyección de películas, muestras de fotos y talleres de cuentos para niños.


María y Valeria Totongi, periodista que también trabaja en la Escuelita, retratan el horror a través de las anécdotas de los vecinos de la ciudad que llevan en el cuerpo las marcas del terrorismo de estado. Cuentan que un hombre que llevó un día sillas para un evento en la Escuelita relató las torturas que sufrió durante los días que estuvo detenido en una de las aulas. O un vecino que, durante la proyección de un documental que mostraba el funeral de Hilda Guerrero, reconoció a su madre entre las mujeres que cargaban el féretro. Recuerdan que el hombre se paró repentinamente de su silla y gritó: “¡esa es mi mamá!”.

En el pasillo principal de la estructura nueva de la Escuelita la silueta de Marianella Triunfetti está inmortalizada en una pared, junto a un texto que recuerda a Carmen Gómez, detenida desaparecida desde marzo de 1976. ‘Nella’, como la conocían sus amigos era periodista y militante de Derechos Humanos. El 17 de diciembre de 2016, cuando regresaba de una jornada por la memoria junto a Natalia Ariñez, referente de HIJOS, y Alejandra Wurschmidt, un auto se les cruzó a la altura del Mercofrut. Las tres perdieron la vida.

En una de las aulas unos niños y sus madres leen cuentos como parte de uno de los talleres organizados por el equipo de educación de la Escuelita. Hace un rato finalizó la proyección de una película. ‘Justicia’ sigue nuestros pasos. A pesar del frío, nos acompaña hasta la salida. “Este es un lugar donde enseñamos la historia pero también construimos memoria y futuro”, sentencia María.

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