ESMA: la condena

30 noviembre, 2017

Commentario

Derechos Humanos
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La audiencia duró más de tres horas y media. En la sala de audiencias de la Sala Amia de los Tribunales Federales de Comodoro Py, los jueces del Tribunal Oral Federal 5 leyeron la sentencia del juicio más grande de la historia argentina: 29 genocidas fueron condenados a perpetua y otros 19 recibieron penas de entre 8 y 25 años por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Por Sebastián Ortega para Cosecha Roja. 

En el banquillo de los acusados estuvieron sentados el ex jefe de tareas del Grupo de Inteligencia 3.3.2. Jorge Eduardo el “Tigre” Acosta, con traje y corbata azul, y el ex capitán de Fragata Alfredo Astiz, también de traje y con una escarapela argentina. Por primera vez fueron condenados dos pilotos de los vuelos de la muerte, una práctica característica de la dictadura argentina en la que arrojaban detenidos vivos al mar.

Lucía García Itzigsohn, querellante por la Secretaría de Derechos Humanos, escuchó en la sala AMIA de los Tribunales Federales de Comodoro Py 2002 las condenas a los asesinos de su padre Gustavo García Cappannini y su madre Matilde “Tili” Itzigsohn . Afuera cientos de personas siguieron la transmisión a través de una pantalla gigante.

El papá de Lucía era artista plástico y militaba en montoneros. Una de sus tareas era confeccionar documentos falsos para la organización. El 14 de octubre del 76 lo secuestraron cuando volvía a Bernal desde La Plata, donde había ido a visitar a su madre. “Mi tía lo despidió en una parada de colectivo en La Plata y nunca más lo vimos”, contó durante el juicio Lucía, que en aquel entonces tenía dos años. No hay información sobre cómo fue el operativo. Varios sobrevivientes contaron que lo vieron en la Esma.
Matilde “Tili” Itzigsohn sabía que si pasaban varias horas sin tener noticias de su marido debía abandonar la casa junto a Lucía, de dos años, y su hermana María Inés, que todavía no había cumplido los cuatro meses. Cuando una patota allanó la casa, ellas ya no estaban ahí.

Cinco meses después cayó Matilde. La secuestraron a pocas cuadras de la casa de su madre, sobre la Avenida Díaz Vélez, en la ciudad de Buenos Aires, y la trasladaron a la ESMA. Había dejado a sus hijos en la casa de su madre para encontrarse con una cita para obtener información. Tenía 27 años, militaba en la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y había sido delegada del Astillero Río Santiago hasta el 24 de marzo de 1976. Ese día, en el que ella estaba de licencia por embarazo, 30 compañeros suyos fueron detenidos. Matilde era una de las pocas mujeres en una fábrica de barcos que regenteaba la Marina. En las asambleas insistía con la necesidad de que hubiera un jardín maternal para las hijas y los hijos de los trabajadores.

“Entendía el cuidado como una tarea colectiva. Y el trabajo como un derecho”, contó tiempo después Lucía.

Tras la desaparición de Matilde, Lucía quedó al cuidado de su abuela paterna y María Inés de su abuela materna. En 2013 las hermanas declararon en el juicio. “Mis abuelas tocaron todas las puertas que creyeron útiles. Visitaron decenas de organismos y confeccionaron habeas corpus, que fueron rechazados por los jueces. También visitaron a monseñor Graselli, hasta que se dieron cuenta que él les sacaba información”, contó María Inés.

También contó que antes que desaparecieran sus padres, sus abuelos habían juntado plata y se la habían ofrecido a su papá para que se exilie con su familia. “Si yo me voy quién se queda a hacer patria”, contestó él. Hoy Lucía pudo celebrar las condenas a perpetua a los asesinos de sus padres.

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Los vuelos de la muerte

Esta es la tercera vez que se juzgan los crímenes cometidos durante la dictadura en la ESMA. El primer debate oral, en 2007, se interrumpió un día antes de la lectura de la sentencia, cuando murió el único imputado, el prefecto Héctor Febrés. El segundo juicio comenzó a finales de 2009: ahí se analizó el período entre 1976 y 1979, en que el centro clandestino de detención estuvo bajo el mando de Jorge Eduardo el “Tigre” Acosta. Se debatieron los 86 casos cuyas investigaciones habían quedado suspendidas tras la sanción de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El juicio concluyó con la condena a perpetua del Tigre Acosta, Alfredo Astiz y otros 10 represores. Otros cuatro recibieron penas de entre 18 y 25 años y dos fueron absueltos.

En este último juicio se unificaron diferentes tramos de la causa y se reconstruyó la estructura operativa del centro clandestino. Se incluyó la investigación de los “vuelos de la muerte”, en los que miles de detenidos-desaparecidos fueron arrojados vivos al mar, y se profundizó sobre el funcionamiento de la ESMA como maternidad clandestina.

Por primera vez la Justicia logró reconstruir el mapa de las aeronaves utilizadas e identificar a los pilotos que participaron en los vuelos de la muerte: Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo D’Agostino fueron condenados a perpetua por arrojar a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet junto con otras 10 víctimas desde el avión de la Armada Skyvan PA-51 al Océano Atlántico el 14 de diciembre de 1977. El piloto Julio Alberto Poch fue uno de los seis genocidas absueltos.

“No hay sobrevivientes de los vuelos de la muerte. Esta práctica es una de las características particulares del terrorismo de Estado argentino. Hasta este juicio, ninguno de sus responsables había sido acusado”, sostuvo el Centro de Estudios Legales y Sociales en una investigación especial sobre la megacausa ESMA.

esmaEl juicio más largo

—Soy el Capitán de Fragata de la Armada Argentina, Alfredo Astiz. No voy a responder ninguna otra pregunta —respondió el ex capitán de fragata cuando el juez le preguntó sus datos personales.

Era febrero de 2013 y acababa de comenzar el juicio más grande de la historia argentina. En ese momento había 68 represores en el banquillo. Cinco años después, la lista se redujo a 56 por fallecimiento o problemas de salud de los imputados.

Un mes después de iniciado el juicio, arrancó la etapa de declaraciones testimoniales. Durante alrededor de dos años más de 800 sobrevivientes, familiares y amigos de las víctimas, hijos e hijas de desaparecidos nacidos en cautiverio contaron las historias de cada uno de los desaparecidos y detallaron el sadismo y la perversión de los represores.

Los alegatos comenzaron en julio de 2015. “En la primera parte detalló el esquema represivo implementado entre los años 1976 y 1983, incluyendo el repaso de la documentación utilizada como prueba y destacando el valor de los testimonios de las víctimas-testigo. Además, resaltó el rol de cada uno de los imputados y sus responsabilidades criminales. En la segunda parte, se hizo referencia a cada una de las 789 víctimas, que fueron agrupadas por cadenas de “caídas”. Más de 100 horas le llevó a los fiscales la descripción del plan represivo”, detalló la antropóloga María Freier, querellante en la causa, en una columna publicada en la agencia de noticias Télam.

En octubre pasado, Astiz volvió a hablar ante los jueces. ““Nunca voy a pedir perdón por defender a mi patria”, dijo durante un extenso discurso en el que reivindicó el terrorismo de Estado, al que definió como “guerra sin tiempo contra el terrorismo subversivo”. También comparó la lucha armada de la década del 70 con las reivindicaciones de las comunidades mapuche de la Patagonia, a quienes llamó “movimientos terroristas secesionistas”.

Ayer, después de 410 audiencias, el juicio más largo de la historia llegó a su fin: La sentencia duró más de 3 horas y media. “Señoras y señores, el juicio ha concluído”, anunció a las 19:53 el presidente del tribunal. Por primera vez en toda la tarde, estallaron los aplausos en la sala.
Jorge Eduardo Acosta PERPETUA
Rodolfo Luis Agusti Scacchi PERPETUA
Mario Daniel Arru PERPETUA
Alfredo Ignacio Astiz PERPETUA
Juan Antonio Azic PERPETUA
Ricardo Miguel Cavallo PERPETUA
Rodolfo Oscar Cionchi PERPETUA
Daniel Cuomo PERPETUA
Alejandro Domingo D’Agostino PERPETUA
Hugo Enrique Damario PERPETUA
Francisco Armando Di Paola PERPETUA
Adolfo Donda PERPETUA
Miguel Ángel García Velasco PERPETUA
Pablo Eduardo García Velasco PERPETUA
Alberto Eduardo González PERPETUA
Orlando González PERPETUA
Rogelio Jorge Martínez Pizarro PERPETUA
Luis Ambrosio Navarro PERPETUA
Antonio Pernías PERPETUA
Claudio Orlando Pittana PERPETUA
Jorge Carlos Rádice PERPETUA
Francisco Lucio Rioja PERPETUA
Juan Carlos Rolón PERPETUA
Néstor Omar Savio PERPETUA
Hugo Héctor Siffredi PERPETUA
Carlos Guillermo Suárez Mason PERPETUA
Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa PERPETUA
Eugenio Bautista Vilardo PERPETUA
Ernesto Frimón Weber PERPETUA
Juan Carlos Fotea 25 AÑOS
Jorge Luis Magnacco 24 AÑOS
Rubén Oscar Franco 20 AÑOS
Edgardo Aroldo Otero 17 AÑOS
Guillermo Horacio Pazos 16 AÑOS
Carlos Octavio Capdevila 15 AÑOS
Víctor Roberto Olivera 14 AÑOS
Juan Arturo Alomar 13 AÑOS
Carlos Eduardo Daviou 12 AÑOS
Jorge Manuel Díaz Smith 12 AÑOS
Héctor Francisco Polchi 11 AÑOS
Daniel Humberto Baucero 10 AÑOS
Antonio Rosario Pereyra 10 AÑOS
Paulino Oscar Altamira 8 AÑOS
Julio César Binotti 8 AÑOS
Miguel Enrique Clements 8 AÑOS
Juan de Dios Daer 8 AÑOS
Mario Pablo Palet 8 AÑOS
Miguel Ángel Rodríguez 8 AÑOS
Juan Ernesto Alemann ABSUELTO
Ricardo Jorge Lynch Jones ABSUELTO
Roque Ángel Martello ABSUELTO
Rubern Ricardo Ormello ABSUELTO
Julio Alberto Poch ABSUELTO
Emir Sisul Hess ABSUELTO

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