“Esto es desesperante”

22 abril, 2017

Commentario

Territorial
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Vecinos de siete barrios populares de Tucumán agrupados en la hermandad de los barrios contra las adicciones movilizaron a Plaza Independencia para exigir a los gobiernos provincial y nacional la finalización del edificio del Cepla de La Costanera, políticas de prevención y asistencia y que no haya ni un muerto más por las drogas.

De a poco el centro de la plaza Urquiza comienza a poblarse de gente, que interrumpe la cotidianidad del transeúnte habitual del paseo público. En la esquina, en dirección a la Legislatura, un hombre vende camisetas, cornetas y gorros de Atlético. Pero nada tiene que ver una cosa con la otra. Éstas personas interrumpen, no porque molesten, sino más bien porque interpelan. Mientras algunos utilizan la plaza para tomar mates o hacer deportes, ellos la utilizan como el escenario de su lucha: que no hay un pibe más muerto por las drogas.

Representantes de la Hermandad de los Barrios, Madres del Pañuelo Negro, Multisectorial Juan Viroche, Barrios de Pie, Corriente Clasista y Combativa (CCC), Partido Obrero, entre otros, participan esta tarde de la marcha convocada en reclamo por la construcción del Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla) de la Costanera, para pedir justicia por el padre Juan Viroche, denunciar el avance del narcotráfico y exigir ni un muerto más por la droga.

Uno a uno van llegando los vecinos de la Costanera, Los Vázquez, el Sifón, Vía Diagonal Norte de Yerba Buena, desde Alderetes del Santa Inés y el Antena, del Colmenar. De fondo suenan los redoblantes de la murga que acompañará la marcha, mientras algunos se colocan pecheras con la leyenda “NO A LA DROGA”, y otros sostienen un cartel que reza: “INSEGURIDAD = DROGA”.

Antes de arrancar la movilización, vecinos denuncian que Armando Cortalezzi se encuentra repartiendo útiles escolares en la Costanera a través de punteros que son al mismo tiempo dealers. “Cuando están por llegar las elecciones, aparecen estas maniobras”, reniegan.

En la ronda de Mujeres de Alderetes se escucha “mi hijo murió, pero yo sigo marchando”. Se trata de la madre de Diego Correa, joven que falleció hace ocho meses, preso de la droga, víctima de la desidia del Estado.

Hacia el otro lado, el Diputado Nacional por el Acuerdo Cívico y Social Federico Masso, le habla a los militantes de Barrios de Pie antes de salir. Parado sobre unos escalones denuncia las mafias, del aumento del número de muertos por la droga, de responsabilidades compartidas, de presupuestos millonarios del Estado nacional y provincial. Masso se dice opositor a Macri, sin embargo aquí en Tucumán pertenece al Acuerdo por el Bicentenario de José Cano y Domingo Amaya, aliados políticos del presidente.

El inicio de la marcha se demora. Para algunos vecinos de barrios populares llegar hasta el centro es un suplicio: desde obtener el dinero para pagar el boleto, hasta llegar a la parada del colectivo. Poco a poco la columna se va formando, encabezada por una bandera con la consigna: “El pueblo pone los ladrillos, los gobiernos pongan voluntad política. Construcción del Cepla ya”. Por detrás la bandera de la Hermandad, luego la Multisectorial Viroche, y hacia el final las organizaciones sociales. Es hora de partir.

Lentamente la movilización camina por la calle 25 de Mayo en dirección hacia plaza Independencia, al grito de “¡Viva la Hermandad de los Barrios! ¡Queremos que se construya el Cepla! ¡Vivan los jóvenes!”.

Referentes del barrio El Sifón cuentan con bronca de tres nuevas muertes durante el fin de semana a causa de la droga: en la Bombilla, el Sifón y el barrio Asunción. Jóvenes que aparecieron ahorcados pero que tienen la seguridad de que fueron asesinados por los dealers. “Es la nueva modalidad. Como los pibes les deben plata, los matan así para no levantar el avispero”, revelan.

“No queremos más madres que lloren a sus hijos” se escucha desde el megáfono. Pero la noche está plagada de llantos. Numerosas mujeres, madres todas ellas, capaces de ser reconocidas pues en sus rostros llevan la carga de su lucha. No las dividen sus barrios, porque las une el dolor y la desesperación por salvar a sus hijos. Diez, veinte, treinta años recorriendo hospitales, hablando con profesionales, yendo a otras provincias, rezandole a Dios, pagando curanderos, rogándole a políticos, caminando las noches oscuras en busca de sus hijos, llorando junto a ellos, peleandolos, amándolos, velandolos. Ofrecieron una vida entera, y más, a cambio de la de sus hijos, pero a veces no basta porque en ocasiones el Diablo se parece al Estado.

La gente que se encuentra sentada en los bares ignora la marcha. Apenas si les ofrecen una mirada. La ventana de los locales se convierte en la metáfora de aquel límite que separa las realidades.

Una señora ajena a la movilización detiene su marcha y aplaude a su paso a la columna. Más adelante la misma escena se repetirá con una mujer y sus dos pequeñas hijas. “Que lo saquen a primero a Macri”, lanza y sigue camino. Jóvenes se desprenden de la columna de la marcha, se acercan corriendo a una vidriera y observan con anhelo un par de zapatillas que aún con descuento cuestan más de $2.500 pesos.

Al llegar a plaza Independencia la movilización se topa con otro reclamo: familiares y amigos de “Titino” exigen justicia. Denuncian que el joven murió apuñalado el fin de semana en el barrio Almafuerte. Tucumán es así. A veces la plaza simplemente es un paseo, otras tantas se convierte en el púlpito desde donde la gente reclama por las injusticias. Y en días como hoy, todos nos chocamos.

Frente a Casa de Gobierno policías sacan fotos a los manifestantes. Mientras tanto, los vecinos de los barrios comienzan a subir por las escalinatas con un ladrillo en la mano para apilarlos frente a la fachada. Es un símbolo del reclamo por la construcción del Cepla de la Costanera. Una de las madres se tropieza sobre los escalones al intentar subirlos corriendo. “Es que esto es desesperante”, expresa a quienes la ayudan a levantarse.

Ángel Villagrán, vecino de La Costanera, afirma que “la construcción del Cepla siempre fue una mentira” y que denuncia que por esta lucha es constantemente amenazado por los tranzas en su casa. Desde la Multisectorial Viroche advierten que “Juan también estaría esta noche acá” y que “su muerte visibiliza la muerte de todos los jóvenes”. Elsa Juárez, madre del Pañuelo Negro, con voz desgarradora grita por “nuestros hijos que son amor, dignidad y paz. Son ellos los que nos dan fuerzas para marchar, pese a que Manzur nunca nos vio la cara”. Bety Carnero, de la Vía diagonal Norte de Yerba Buena entre lágrimas expresa que “esto que nos está pasando es doloroso, día a día salimos a la calle a ver como se mueren nuestro hijos”.

La Hermandad de los Barrios junto a las Madres del Pañuelo Negro y la Multisectorial Juan Viroche redoblan la apuesta, y convocaron a una nueva movilización para el viernes 5 de mayo, a siete meses del asesinato del Padre Juan. ¿La consigna? Siempre la misma: ni un muerto más por la droga.

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