Hambre, dengue y coronavirus: la Yerba Buena que nadie ve

4 abril, 2020

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Mientras el gobierno municipal analiza impedir el ingreso a la ciudad con barricadas, hay sectores que sufren con la falta de políticas públicas sanitarias y alimentarias. Son los pobladores de las barriadas populares, invisibilizados por las luces de los countries y barrios privados. La Poderosa, una organización social, gestiona merenderos y comedores y ayuda a vecinos y vecinas a organizarse para sobrellevar solidariamente el aislamiento obligatorio. Denunciaron que en el barrio capitalino 11 de Enero, lindante con Yerba Buena, detectaron 6 casos de dengue y que la municipalidad de San Miguel de Tucumán no fumigó en la zona. Lanzaron la campaña #ContagiáSolidaridad. Fotos: La Poderosa.

Cada lunes, miércoles y viernes en la cocina de Elina Romano y de otras vecinas se hace el pan y se preparan la merienda y la olla popular. Con otras dos mujeres se juntan a las dos y media de la tarde para comenzar a amasar los 15 kilos de harina que se transforman en unos 230 panes. A veces salen un poco más. Esos panes son repartidos con leche chocolatada por otras tres vecinas casa por casa, para evitar que chicas y chicos salgan a la calle. Aprovechan cada visita para explicarles cómo lavarse las manos. “También para hablar con las madres”, explica Elina. En Yerba Buena, donde el Estado no llega, están las organizaciones sociales para ocupar el vacío.

El merendero que impulsa La Poderosa en la Diagonal Norte, en el corazón de Yerba Buena, no da abasto. Antes de la cuarentena atendían a 130 personas. Ahora, a 220. “Cada vez se suman más”, contó Elina. Es que ninguna escuela de la zona está funcionando y, por ende, tampoco sus merenderos o comedores. Tampoco el  comedor del barrio, que también se cerró. Por eso, lanzarán un comedor en esta situación excepcional para ayudar a algunas familias. “Necesitamos donaciones para ayudar a más gente”, explicó. No solo alimentos: también alcohol en gel, repelente contra los mosquitos y lavandina para mantener limpia la casa. Hay mucha gente a la que no le alcanza. Es que no reciben subsidio de ningún tipo y los dispositivos se sostienen por la solidaridad popular.

“No estamos teniendo respuestas del Estado. Siempre los barrios son olvidados. Diagonal Norte siempre fue olvidado. A la gente pobre no nos escuchan ni nos ven. Siempre el gobierno responde a la gente de plata”, sintetizó la referente el sentimiento barrial. Allí viven albañiles, trabajadoras domésticas, jardineros. Hace dos semanas que nadie puede trabajar. Lo urgente se empieza a hacer carne porque la necesidad por trabajar se transforma en hambre. Y pasa en casi todas las casas.

Al dolor de las carencias se le suma la violencia policial. Elina denunció que hace unos días, un grupo de policías entraron a una casa del barrio donde funciona un almacén a buscar a un joven que estaba haciendo compras. Le pegaron a la dueña y a sus hijes: una niña de 6 años y a un adolescente de 16 años que estaba estudiando.

En la Rinconada funciona otro de los merenderos de La Poderosa. Allí acompañan a vecinas y vecinos tratando de resolver conjuntamente las necesidades básicas como medicamentos, lavandina o alcohol en gel. Como no pueden recibir a la gente, se reorganizaron para entregarles personalmente el mate cocido en botellas y las tortillas para que se lleven a la casa.

“Teníamos 130 personas antes de la cuarentena, ahora se sumaron unas 40 más. Y todos los días se nos agregan uno o dos o hasta familias completas”, contó Victoria Navarro, referente de La Poderosa en el barrio. También acompañan a mujeres que sufren violencia. “Ahora está más difícil porque tienen que estar adentro con el violento”, detalló.

En la Rinconada también la mayoría de los vecinos son albañiles y las vecinas empleadas domésticas, según Vicky. “Muchas quedaron sin trabajo por esta situación. Ayudamos con mercadería cada 7, 8 días”, explicó.

Lautaro Vaca es uno de los voceros en Tucumán de La Poderosa. Contó que en los barrios donde la organización tiene presencia, vecinas y vecinos siguen sosteniendo los merenderos y comedores aunque cambiaron las dinámicas.

“La gente se reunía en una casa y las vecinas tenían un día de producción y un día de merendero. En este contexto, es difícil juntarse y producir.  Ahora se reúnen a producir el pan de a dos o tres y otras dos o tres se encargan de hacer las entregas en las casas. Y se están entregando módulos alimenticios, que antes se hacía cada 15 días ahora se hace por semana. Si entregábamos 15 productos por módulo, hoy se entregan 5/6 productos. Los productos como el harina, la leche, el azúcar se nos fueron terminando ya”, contó. La situación es alarmante.

Barrrio 11 de Enero

Y más complicada es aún en el barrio 11 de Enero situado en el noroeste de la capital tucumana, casi al límite con Yerba Buena. A la preocupación por la pandemia se le sumaron 6 casos confirmados de dengue en la zona. “Las políticas públicas en el barrio no están funcionando. Antes de la cuarentena no se venía ni cortando pasto ni fumigando. Ningún funcionario da soluciones y la situación es re jodida. Hay mucho miedo”, explicó Lautaro.

“En particular, se le está dando mucha atención a la pandemia pero se están olvidando del dengue. Un niño hace tres semanas fue el primer caso. Estuvo una semana internado. Y después hubo 5 casos más. Una mamá que casi dejó a 6 hijos porque se enfermó de dengue. Estuvo en terapia intensiva y ya volvió a su casa”, contó Eli, vocera de La Poderosa en ese barrio.

Vecinas y vecinos llamaron a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán a, a cargo de Germán Alfaro. No les fumigaron el barrio sino las casas donde se detectaron los casos. Les dijeron que no tenían más insumos. “Las calles están llenas de agua. No se soluciona casi nada. Seis casos es mucho. Es un barrio completamente en la desidia”, reclamó Eli. Tampoco tuvieron respuesta del Ministerio de Desarrollo Social provincial, a cargo de Gabriel Yedlin, o del Ministerio de Salud, encabezado por Rossana Chahla.

Allí también funcionaba un merendero pero lo cerraron porque circularon rumores de que en el Barrio Congreso, apenas a unas cuadras, habían detectado un caso de coronavirus. El rumor fue desmentido por lo que analizan reabrirlo a partir del próximo lunes atendiendo a todas las precauciones sanitarias.

“Son 200 niños que atendemos. Y tenemos algunos adultos mayores. Hasta el año pasado había 180. Ahora se aumentaron 20 más. Y es seguro que si abrimos el lunes, mucha más gente vendrá a buscar porque hay más hambre: en estos barrios la gente vive al día, trabaja en negro y si un día no trabajas, no cobrás”, concluyó.

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