Inundaciones en el sur: cuando la dignidad le disputa terreno a la política

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La Madrid fue evacuada por completo, luego de que todo el pueblo quedara sumergido bajo el agua. Miles de vecinos duermen en carpas sobre la banquina de la ruta. La situación es crítica y la comunidad aguarda respuestas. APA! llegó a las zonas más afectadas para retratar el dolor de un pueblo azotado por el olvido.

En la intersección de rutas 308 y 157 una guardia policial nos impide el paso. Tienen órdenes estrictas de no dejar ingresar vehículos particulares. La única opción es continuar camino a pie. Son casi tres kilómetros hasta la entrada de la localidad de La Madrid, una de las zonas más afectadas por la intensa tormenta de las últimas noches. En todo ese tramo el drama es el único protagonista. La escena parece sacada de una película. De ambos lados de la ruta, miles de vecinos se refugian en improvisadas carpas, resguardando lo poco que pudieron rescatar de sus viviendas: bolsos de ropa, colchones, alguna que otra cocina. Todo el pueblo quedó sumergido bajo el agua. En las cuadras más cercanas a la ruta, todo quedó tapado bajo un metro con noventa.

Las familias están incompletas, muchos decidieron quedarse en sus casas a proteger su última trinchera; los ancianos y las madres con niños escapan llorando hacia la banquina de la ruta buscando ayuda. En medio de la ruta ambulancias, bomberos, móviles policiales y puestos de comida de Gendarmería configuran una escena caótica. Más adelante, una mujer prepara huevos fritos en una cocina conectada a una garrafa sobre la banquina, mientras un niño corre descalzo cargando dos gallinas en sus brazos. Detrás de él, una mujer intenta pilotear su moto, que viene en zigzag, y su acompañante carga una cocina sobre su hombro con una destreza malabárica.

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La Madrid tiene alrededor de 7.000 habitantes. Considerando las zonas aledañas (Villa Pujio, Arboles Grandes, Los Cercos, Barrancas, La Esperanza, Sol de Mayo, Las Parritas, El Espinal y parte de El Rodeo) el número asciende a 11 mil. Caminamos 1.800 metros por la calle principal del pueblo. El avanzar de nuestros pasos se torna cada vez más dificultoso y,  para colmo, en cada cruce de esquina hay que pelear contra la correntada que empuja cada vez con más fuerza. Hormigas, arañas, mosquitos; el agua arrastra todo tipo de alimañas. Los vecinos llevan en andas a los ancianos: los botes salvavidas son muy pocos y el nivel de agua sigue creciendo; no hay tiempo para esperar rescate. Cruzamos la plaza al compás del llanto ensordecedor de los niños que están siendo evacuados en los botes. Aquí abajo el nivel del agua ya nos llega a la altura del pecho. Arriba, sobre un poste de cableado eléctrico, se puede ver un cartel de Manzur – Jaldo, la fórmula electoral que le prometió papel picado a la comunidad sureña.

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Con algo de dificultad llegamos a la estación ferroviaria, la parte con menos caudal de agua. Los vecinos que todavía esperan ser evacuados se refugian dentro de los vagones del tren.  “Necesitamos víveres para la gente que está en los vagones y más lanchas para evacuarlos. Están operando el área de salud y el Ministerio de Desarrollo Social, pero necesitamos más gente para evacuar completamente. La gente que perdió todo ya no quiere vivir. Hay que reactivar la esperanza. Nosotros, los humildes, necesitamos calidad de vida”, dice Carlos Lezana sobre las vías del ferrocarril. Lezana es profesor de educación física, vecino de La Madrid y rescatista voluntario. Con respecto a los negociados de grupos terratenientes, que impactan significativamente en el caudal de agua que ingresa al pueblo con cada tormenta,  Lezana fue contundente: “Seguramente tendremos otras inundaciones, por culpa de los oligarcas que compran los cerros y deforestan todo. En esta zona se compraron 2500 hectáreas para deforestar. Todos sabemos que cuando se destruye el pedemonte el ecosistema cambia. Estas son las consecuencias”, fustigó.

Frente a los vagones, Orlando Gómez nos dice que no puede hablar porque no quiere llorar. Pero a los pocos segundos se arrepiente y escupe toda su bronca, con los ojos cargados de lágrimas y la voz quebrada: “Hace 67 años que vivo en La Madrid. Vi pasar dos inundaciones, esta es la tercera y la peor. Ya es suficiente, todas nuestras pertenencias que nos cuesta años de trabajo y sacrificio las perdemos en un soplido. ¿Para qué? ¿Para que después vengan las autoridades en un helicóptero y se bajen en la ruta? Los vecinos están hacinados en los vagones y ni siquiera nos traen comida”. En los últimos 25 años esta localidad se inundó al menos cinco veces: 1992, 1998, 2000, 2015 y 2017.

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En el año 2012  la entonces presidenta Cristina Fernández lanzó el plan “Más Cerca”.  Este programa estuvo a cargo del Ministerio de Planificación Federal a través de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, con el tucumano José López a la cabeza. El “Más Cerca” preveía la ejecución de obras hídricas y de infraestructura con partidas presupuestarias nacionales que se asignaban a los municipios. En junio de 2014, en el teatro San Martín, José Alperovich, Juan Manzur, Julio de Vido y José López presentaron la segunda etapa del plan. Ese día el entonces Ministro de Salud, actual Gobernador, dijo “estas inversiones se traducen en calidad de vida”. El manejo de las partidas presupuestarias y las obras que no se ejecutaron estallaron en un escándalo cuando el año pasado la Senadora Nacional Silvia Elías de Pérez denunció en los tribunales de Buenos Aires a Alperovich, López y de Vido, a quienes acusó de los delitos de enriquecimiento ilícito e incumplimiento de los deberes de funcionario público.

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“Tengo temor a los bichos por mis criaturas. Por esta parte nadie se llegó a darnos desinfectantes para combatir las víboras. Yo no quiero que los políticos me den bolsones, yo quiero que me den agua porque nosotros tomamos agua contaminada. Yo nunca recibí ayuda del gobierno, ni en las inundaciones anteriores”. María Elena es vecina de El Rodeo, un pueblo emplazado a orillas del arroyo Matazambi, entre Monteagudo y La Madrid. El Matazambi arrastra los líquidos cloacales de Concepción, lo que implica un doble riesgo para la población: por un lado, genera un peligroso foco de infección y, por otro, contamina los pozos de donde María Elena y sus vecinos extraen el agua para el consumo diario.

Después de recorrer 15 km por la ruta 157 llegamos a Niogasta, donde nos esperan otros 5 mil metros de caminata áspera sobre el agua helada y sucia.  Atilio Zelaya, un vecino de la zona, camina en dirección contraria a la nuestra. Se dirige a la ruta vestido de jean y camisa (completamente mojados) y sostiene un par de mocasines en sus manos. Dice que tiene que ir a trabajar. “Desde que he nacido que vivo aquí. El año pasado tuvimos otra inundación, pero menos que esta. La comuna solo nos ayudó con algo de comida. Mi familia quedó en la casa, yo salgo porque mañana tengo que trabajar a las siete de la mañana”.

A pasar del sol que nos acompañó durante toda la jornada, los pronósticos no son para nada alentadores: se prevén fuertes tormentas a lo largo de esta semana y todavía hay zonas afectadas que no pudieron ser evacuadas. Mientras tanto, los vecinos de La Madrid duermen a la vera de la ruta y esperan soluciones: “lo suficiente para estar bien, calidad de vida”, se esperanza Carlos Lezana.

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