La cuestión transtucumana

28 septiembre, 2017

Commentario

Derechos Humanos
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Las políticas públicas no nacen de las cabezas de los políticos o funcionarios. Surgen de los hechos objetivos de la realidad social y de la exigencia de la población de satisfacer derechos no respetados. Por Fabián Vera del Barco, docente de la facultad de Filosofía y Letras de la UNT y del Cetrans.

En Argentina hay una ley, la 26743, que desde 2012 dio identidad ciudadana a las personas travestis, transexuales y transgénero. No hay discusión acerca de su igualdad legal y de la legitimidad de los derechos que este colectivo tiene en nuestro país.

Este nacimiento legal de un grupo considerable de personas muestra en realidad el enorme vacío de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de la población transgénero.

Hombres y mujeres trans han salido de la estigmatización legal, han dejado de ser no ciudadanxs y se han incorporado en la sociedad con la esperanza de alcanzar igualdad de derechos y plena ciudadanía.

El arco político y los organismos del Estado no han tomado nota de esta situación. Cada tanto nombran la palabra “trans” como un guiño de progresismo o de apertura mental. Pero no han dimensionado la enorme responsabilidad que tienen en sus manos.

El solo indicador de la expectativa de vida de 40 años es una señal de alerta para incluir con urgencia la cuestión trans en las agendas de políticas públicas. De ahí en más, todo está por hacer: no hay registros oficiales sobre población trans en Argentina. El Estado sigue tomando nota de los casos policiales, lugares consuetudinarios de aparición criminal de las travestis. No hay visibilidad alguna para los hombres trans. Mucho menos hay una sensibilidad transgénero hacia los sectores populares, más dependientes de las políticas de Estado.

Frente a esta actitud política de desprecio, la realidad social de las mujeres trans de la provincia es la auto organización y la visibilización. Han comenzado a aparecer en la escuela a través de la experiencia del CETRANS, a ser titulares de beneficios sociales como el Plan Ellas Hacen, a presentarse en la Legislatura exigiendo a viva voz un cupo laboral que les impulse a la inclusión social.

Las políticas públicas sobre cuestiones transgénero deberían diseñarse en diálogo con el colectivo. Para ello es preciso que las personas trans dejen de ser el coto de caza de una campaña electoral o de un oportunismo político. No alcanza con sacarse una foto con travestis. Hay que escuchar lo que tienen para decir y generar todos los espacios de inclusión que las personas no trans venimos teniendo desde que el Estado es Estado.

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