“Lo espero todas las noches en la puerta de mi casa”

17 junio, 2017

Commentario

Derechos Humanos Tucumán
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Se cumplieron cinco meses de la muerte del joven que murió el 16 de enero luego de recibir un disparo por parte de un oficial de la policía el 24 de diciembre de 2016. Desde la mesa  Justicia por Reyes solicitaron el pase a pasivo de los policías implicados, que ya fueron imputados.

“Tengo ganas de tirar todo a la mierda”. Ana Reales suelta un pensamiento en voz alta sentada en un banco de la Plaza Independencia bajo la sombra de un árbol que aplaca el incipiente sol. Pasaron apenas unos minutos de las 10 de la mañana y acaba de llegar a la plaza. Apenas saluda con un tibio “hola” y se sienta. Revisa los bolsillos de su campera y con algo de dificultad saca un pañuelo con el que se cubre el rostro. Llora.

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“¡Llamen una ambulancia!”. El clamor se cuela entre el griterío y el llanto de unas mujeres. Sobre la calle Belisario López 930 un joven de 24 años se desploma sobre el pavimento con un impacto de bala de goma en el rostro, a la altura de la ceja derecha. La ambulancia no llega. No llegará nunca. La humanidad de Miguel Reyes se escapa en silencio, a las sombras de una ciudad que se prepara para recibir la Navidad. Son las cuatro de la tarde del sábado 24 de diciembre de 2016.Un policía le acaba de disparar a un joven desarmado.

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Ana permanece unos minutos en silencio y con la mirada baja, todavía sentada. Hoy, 16 de junio, se cumplen cinco meses de la muerte de Miguel Reyes Pérez, uno de sus siete hijos. Debajo de su campera viste una remera blanca con la imagen de Miguel y la leyenda justicia por Reyes. “Yo no lo voy a negar, mi hijo tenía antecedentes, pero era adicto y me lo mataron como un perro”. Ana sufre la condena social y siente la necesidad imperiosa de explicar que su hijo estaba enfermo y tenía derecho a vivir.

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Mauro Navarro y Gerardo Figueroa son oficiales de Patrulla Urbana. El 24 de diciembre de 2016 prestaban servicios en la Comisaría Cuarta. Aquella tarde, recibieron una supuesta denuncia de robo en San Cayetano y salieron a la cacería. Desde hace un tiempo, Navarro y Figueroa hostigaban con frecuencia a Miguel y a sus amigos. “Te vamos a empapelar” era la amenaza recurrente con la que los policías obligaban a Miguel y a otros chicos del barrio a robar celulares para ellos. Empapelar un chico significa detenerlo, trasladarlo a la comisaría y ‘armarle’ una causa por contravenciones. Esta metodología perversa es utilizada con frecuencia por la fuerza policial en señal de represalia contra aquellos jóvenes que se niegan a ser requisados o a robar para los policías.

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El 19 de enero, tres días después de la muerte de Miguel, abogados de la ONG Andhes presentaron la denuncia en sede penal. La misma ingresó en la Fiscalía III a cargo de María del Carmen Reuter. Al finalizar la feria, la denuncia recayó en la Fiscalía X, que tiene fiscal subrogante. Mauro Navarro, el oficial señalado como el autor del disparo, fue imputado por homicidio el 18 de mayo. Navarro tiene además una orden de restricción de acercamiento al barrio. Por su parte, Gerardo Figueroa fue imputado el 8 de junio y este martes 13 prestó declaración en Tribunales Penales. Sin embargo, pese a las imputaciones y la orden de restricción, los dos policías continúan en funciones. De hecho, Figueroa trabaja en el Colegio San Cayetano ubicado a dos cuadras de la casa donde vive la familia de Miguel. Por este motivo, las organizaciones políticas y sociales que conforman la mesa Justicia Por Reyes concentraron esta mañana en Plaza Independencia y desde allí se trasladaron a Casa de Gobierno. Ana, acompañada por un abogado de Andhes, presentaron una nota en la oficina de la subsecretaría de Participación Ciudadana solicitando el pase a pasivo de los dos policías ahora imputados por el homicidio de Miguel. Allí fueron recibidos por el titular de la repartición José Farhat. Luego de afirmar que la policía está en “una etapa evolutiva” y que se está trabajando para que la policía trabaje respetando estándares de derechos humanos, Farhat se comprometió a elevar un pedido formal para que Gerardo Figueroa sea desplazado del Colegio.

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Ana Llora de nuevo. Pasaron cinco meses y siente como si hubiese sido ayer. “Una vez Miguel me dijo: que cobardes mis amigos mamá, ellos se ahorcaron porque no pudieron dejar la droga. Pero yo quiero seguir viviendo”. Ana enrolla una cartulina verde donde escribió “justicia por Reyes”, se despide y se pierde entre la gente, por calle Maipú. Esta noche, como todas las noches, Ana esperará que su hijo cruce la puerta de su casa. Después de resignarse tomará su medicación y se dormirá esperando. Como todas las noches.

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