“Los chicos piden a gritos un lugar para expresarse”

7 abril, 2018

Commentario

Derechos Humanos
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Este sábado 7 de abril coordinadores y talleristas de CAJ (Centros de Actividades Juveniles) darán talleres abiertos en Plaza Independencia en señal de protesta por el cierre de más de 130 centros.

Aris llega a la escuela el puntual a las 9 con su hermano menor de la mano. Saluda mientras come una achilata que se derrite y cae por sus manos. Es sábado y está ansioso actuar en el taller de cine en el que, hace semanas trabajan en un corto. También quiere jugar al fútbol, pero a veces no lo dejan porque es más chico que el resto y lo tratan de “mantequita”. Sabe que el espacio del CAJ (Centro de Actividad Juvenil) no es para él porque tiene 9 años y el programa está destinado a mayores de 12. Pero no hay ningún CAI (Centro de Actividad Infantil) en el barrio y en su casa se aburre. Además, no quiere andar en la calle. Quiere hacer el taller de radio, el de música y el de cine, cuando está inspirado hasta se anima a subir a la tela para practicar acrobacias.

Los CAJ comenzaron a funcionar con el propósito de ampliar y mejorar las condiciones y formas de acceso, permanencia y egreso de los jóvenes en las escuelas. El Ministerio de Educación Nacional enviaba el presupuesto y gestionaba la actividad en sus primeros años de existencia. En septiembre del año pasado, pasaron a gestión provincial y a mediados de marzo de este año, anunciaron el cierre del 60%  de estos espacios por un “falta de presupuesto”. De 203 CAJ hoy quedan sólo 70 en actividad.

“Es su lugar, donde pueden compartir un mate, a pesar de la lluvia, el frío o el calor son los primeros que llegan y los últimos que se van. Al no tener una nota por lo que producen, no se sienten juzgados. Entonces se liberan y aprenden de otra manera”, así describe José al CAJ en el que trabajó como coordinador durante 13 años que funciona en la escuela Docencia Tucumana en Las Talitas. Asegura que, con esta medida, miles de chicos fueron despojados de un espacio de contención, incluyendo a sus propios alumnos.

Los trabajadores de estos programas se resisten a que los chicos pierdan el lugar en el que se pueden expresar sin ser jugados, en el que gustos diferentes se encuentran y se comparten. Un lugar en el que las diferencias de recursos también se manifiestan y desatan simultáneamente procesos de identificación y problemáticas comunes.

Una de las particularidades de estos programas es que los principales beneficiarios -hoy los más perjudicados – son los chicos de los barrios, que quedan sin un espacio de encuentro saludable y en el que se sienten seguros, donde discuten temas que los atraviesan, como las adicciones, la violencia, la pobreza y los embarazos adolescentes. “Por ahí se suscitan cosas familiares durante la semana que en el curso no se pueden charlar, pero saben que el sábado se contienen unos a otros”, relata José.

A pesar de las promesas del ministro de Educación provincial, Juan Pablo Lichtmajer, de profundizar y mejorar las condiciones de los CAJ, lo redujeron considerablemente.

Por su parte, Pablo Sosa, Coordinador Provincial de Políticas para la Inclusión Social, declaró a mediados de marzo que habían recibido el mismo presupuesto de nación que el año anterior “lo que implica una reducción en el presupuesto por la inflación. Desde la provincia se trabaja para brindar contención a la mayor cantidad de alumnos posible. En ese sentido estamos trabajando en un programa provincial, en el cual estamos invirtiendo más y distribuyendo mejor los recursos disponibles”, expuso.

“Están cerrando el 60% de los centros, pero no mejoran las condiciones de los 70 que quedan en actividad, es contradictorio”, explica José quien asegura que tampoco está claro el criterio para decidir cuáles escuelas continúan en funcionamiento y cuáles no.

A pulmón por los chicos

Trabajar mas de medio año sin cobrar fue moneda corriente a lo largo del desarrollo de estos programas. La prioridad para la mayoría de los talleristas y coordinadores nunca fue el dinero que se cobraba por dar los talleres o por coordinar las actividades. Ni hablar de los talleristas que trabajaban en el interior y debían desplazarse largas distancias para poder dar las clases. Muchas veces, trabajar en CAJ generó un gasto de dinero más que una ganancia. Es más, los recursos destinados a este fin, siempre fueron limitados. El compromiso de los talleristas y coordinadores se asumía siempre con los chicos.

“Si fuera por la plata no estaría ninguno trabajando”, destaca José. “El año pasado trabajamos sin insumos, y nos dieron un monto de $4500 en diciembre, cuando cerrábamos las actividades. Entonces compramos cosas para trabajar este año, pero no las vamos a poder utilizar. Hay CAJ que hicieron milagros sin recursos. Eso pasa justamente porque creemos en que este espacio es importante y que ayuda mucho los chicos, y fundamentalmente creemos que no hay que negarles el espacio a los chicos”, agrega.

En la contención que les brinda este espacio, aprenden a ser más seguros de sí mismos, a expresarse, a comunicarse y a compartir un espacio saludable y necesario en el contexto de violencia que se vive en la provincia. “Eso es algo que es muy difícil de lograr en el aula, con una curricula formal. Los chicos están pidiendo a gritos un lugar para expresarse” concluye.

Movilización

Este sábado 7 de abril desde las 17 horas darán talleres abiertos en la Plaza Independencia en repudio al cierre de más de 130 CAJ de escuelas de la provincia. Dentro de las actividades se desarrollarán talleres literarios, manualidades, música y una radio abierta. “Tratamos de mostrar lo que hacíamos todos los sábados y demostrar lo que están cerrando, el espacio que están perdiendo los chicos”.

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