Marcha en contra de la ESI: el espectáculo de la desinformación

30 octubre, 2018

Commentario

Destacada salud sexual Tucumán

El domingo por la tarde un puñado de militantes en contra del aborto y la Ley de Educación Sexual Integral, acompañados por congregaciones católicas y evangélicas,  se dieron cita en Plaza Independencia para despotricar contra una ley que, según ellos, “promueve la pedofilia, la corrupción de menores y el abuso sexual infantil”. La homofobia fue una constante en los argumentos contra la ley.

Habían pasado las 17 del domingo. En Tucumán, el frío y la lluvia parecían tener los minutos contados. En la tradicional esquina de 25 de Mayo y San Martín el Concejal Ricardo Bussi, su esposa y otros tres hombres estaban parados sobre la calle, cuando el tránsito ya estaba cortado. El hijo del genocida ya fallecido, condenado por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar, miraba de frente a la muchedumbre que se había concentrado en el centro de la calle, frente a la explanada de Casa de Gobierno.

Aquí, como en Buenos Aires, miembros de la sociedad civil, grupos católicos y evangélicos y militantes anti derechos concentraron en Plaza Independencia para manifestarse en contra de la reglamentación plena de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI).

Carteles con las consignas “con mis hijos no te metas”, “con mis nietos no” y “a la educación de mi hijo la elijo yo” colmaron el principal paseo público de la provincia. Una bandera argentina y globos (celestes para los varones, rosas para las nenas) adornaban el escenario montado para el espectáculo.

La mujer que dirigía el acto, haciendo gala de su absoluto desconocimiento de los contenidos de la ley, tomó unos apuntes que tenía a mano y escupió su perversidad: “con la ley ESI, los docentes le van a enseñar a nuestros hijos que pueden experimentar sexualmente con personas del mismo sexo, con objetos y hasta con animales”.

Para ponerle un manto de seriedad al asunto, los organizadores de la movilización, pertenecientes a “Padres Por el Derecho a Decidir”, invitaron al escenario a médicos de la agrupación anti aborto “Médicos por la Vida” para despotricar  desde una perspectiva biologicista. Fue la doctora Teresa Fagalde quién tomó la posta: “la ley ESI niega la realidad objetiva biológica de varón y mujer, reduciéndola a una opción de construcción cultural, multiforme”. Y, como si fuera poco, aseguró más tarde: “la ESI promueve la corrupción de menores y el abuso sexual infantil. Además, promociona el uso de hormonas y tratamientos quirúrgicos que no han sido validados científicamente, incurriendo en una experimentación humana ilícita”.

Otro de los invitados “estrella” fue Rubén Coletti, miembro de la agrupación gaucha San Miguel. Coletti se hizo tristemente conocido hace unos meses atrás, cuando cobardemente estacionó su auto de noche en la Plaza Independencia y tapó con aerosol negro los pañuelos de Madres de Plaza de Mayo que se habían pintado en el centro de la plaza, alrededor de la estatua de la Libertad.

La Ley 26.150, que crea el Programa de Educación Sexual Integral, establece  que “todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal”.

Desde el momento en que fue sancionada, el 4 de octubre de 2006, las iglesias, principalmente la católica, y los sectores más reaccionarios de la sociedad ejercieron todo tipo de presiones hacia los poderes ejecutivos y legislativos para evitar la implementación de la ley. Para esto, apelaron al método más efectivo de control social: la desinformación. Las redes sociales se plagaron de carteles donde se aseguraba, por ejemplo, que la ESI promueve prácticas sexuales en el ámbito escolar. En los medios de comunicación se le dio (se le da) cuanto minuto, cuanta línea de tinta se pueda a quien  quiera despotricar contra la ley. Así, la famosa “ideología de género se convirtió en el latiguillo favorito de los detractores. De esta manera llegamos al día de hoy en una posición que debería avergonzarnos. Somos la única provincia del país que no adhirió a la ley.

“La ESI atenta contra el derecho de los padres a educar a nuestros hijos”, “es una ley contraria a la biología”, “atenta contra los valores de la familia tradicional” y “promueve el aborto” fueron los peligrosos argumentos que esgrimieron los oradores el domingo por la tarde. Uno de ellos se despachó con una consigna homofóbica: “las mujeres tienen que ser bien femeninas y los varones bien masculinos”. La convocatoria terminó como se esperaba: cantando el Himno Nacional. Cerca del escenario, un muchacho con campera de una congregación cristiana se acomodó la boina militar y colocó sus brazos en posición de marcha. Al terminar el himno, levantó su brazo derecho y gritó “¡viva la patria!

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