Mataron a Tabo, un adolescente de La Costanera de 14 años

17 abril, 2020

Commentario

Derechos Humanos Destacada Tucumán

Gustavo Pizarro iba al comedor de noche de La Costanera a cocinar. Lo mataron en las calles del barrio, a metros del Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla) que se mantiene cerrado por el aislamiento obligatorio. Por Sebastián Lorenzo Pisarello, redacción APA!

En el 2017, cuando tenía 11 años,  Gustavo ‘Tabo’ Pizarro empezó a ir al comedor de noche para jóvenes adictos que impulsa el grupo Ganas de Vivir en el barrio la Costanera, a menos de 30 cuadras de la Casa de Gobierno de Tucumán. Aunque no estaba en situación de consumo, lo sentía como un espacio de contención y encuentro. Iba con una banda de changos de su edad. Al principio se acercaba solo a comer y después comenzó a ayudar: cortaba verdura, acomodaba los bancos, hacía bromas. Era capaz de romper cualquier tensión con su sonrisa. Hace diez días, lo asesinaron de dos tiros en el pecho. A una cuadra de donde se realizaba el comedor antes de la cuarentena y a metros de donde funciona el Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla) donde Tabo iba a jugar a la pelota. Ese miércoles, como todos los días desde que comenzó la cuarentena, el Cepla estaba cerrado.

La muerte de Tabo salió en la sección policiales de La Gaceta que la contó como un enfrentamiento entre clanes, una pelea entre familias. En tono con el comunicado policial. En los cinco párrafos en los que relata el asesinato, no lo nombra ni una vez. Lo mencionan como la víctima, el menor, el adolescente. Pero nunca por su nombre. Porque a los pobres se les borra el nombre cuando se mueren. Sobretodo cuando no son buenas víctimas. Y Tabo no lo era: tenía tres hermanos presos, andaba armado y en el barrio afirman que formaba parte de una banda que lleva su apellido: los Pizarrito.

En La Costanera se multiplican casi por cuadra las bandas de niños y adolescentes que imitan a los adultos. Andan con pistolas y se enfrentan a otros grupos también de niños y adolescentes. Así se fue configurando el barrio y se estableció una forma de resolver los problemas personales, familiares y vecinales mediante la violencia. Pero ¿cómo llegan esas armas al barrio? ¿Quién las provee? ¿A quién le sirve que en el barrio haya tantas armas?  ¿Cuál es la intencionalidad de que esos changuitos anden armados?

Las bandadas se arman por cuadra: ya casi no hay lugar para otras nuevas. Algunas se forman para saldar peleas entre familias. Otras, cuando los adultos les brindan armas porque los demás miembros adultos de la familia están presos o han muerto. Esto se profundizó en los últimos 2 o 3 años. Aunque un sector de la sociedad los vea como chicos peligrosos en realidad son niños y adolescentes en peligro.

“Apenas habían pasado las 13. El adolescente caminaba solo por Costanera Norte al 700. Dos jóvenes que se movilizaban en una moto lo frenaron. Le gritaron y después realizaron al menos dos disparos con una pistola calibre 22. Al verlo caído, con una mancha de sangre en su pecho, huyeron. No sabía lo que habían hecho; sólo puedo decir que los escuché que se escapaban a las risotadas”, agregó la vecina, que espera que los asesinos no la hayan identificado porque tiene miedo a sufrir represalias”, relató el diario.

Por la tensión en el barrio, la fuerte presencia policial y el contexto de cuarentena, el velorio fue muy corto. Apenas 3 horas. Ni siquiera tuvo una despedida digna. A Tabo lo mataron y (casi) nadie reclamó por la inseguridad ni se preocupó porque un adolescente de 14 años fue asesinado. Nadie llora a les adolescentes pobres.

 

Un niño

Tabo vivía con su mamá y con su padre discapacitado. Tres de sus hermanos están presos. Con 11 años se sumó al comedor de noche que impulsan el grupo Ganas de Vivir en la Costanera, madres de chicos en consumo y vecinas y vecinos. Desde hace cuatro años, la casa de Jaqui, una mujer trans del barrio, es el espacio donde funciona. Desde el Ministerio de Desarrollo Social encabezado por Gabriel Yedlin les prometieron que podrían usar el Cepla para cocinar. La promesa aún no se cumplió.

El Grupo Ganas de Vivir es un espacio que reúne a jóvenes, principalmente de La Costanera, en recuperación de consumo de sustancias. Fue impulsado por profesionales de la Secretaría de Adicciones y tuvo diferentes hitos: realizaron un programa de radio durante un año que luego fue relatado en un documental de la Agencia de Prensa Alternativa y mantienen hace años un comedor de noche para paliar el hambre y como estrategia de lucha contra las adicciones.  Hace unos años, impulsaron una murga para acercar más chicos. Tabo fue uno de ellos. Le gustaba tocar el zurdo (un tambor cilíndrico grande) y algunas veces se animó hasta a cantar. La murga no duró mucho tiempo porque el equipo de profesionales que lo impulsaba no daba abasto y porque en el barrio la murga no fue aceptada con tanto agrado: la preferencia sigue siendo la cumbia. Después es más de la comparsa con toque de batucada. No hubo tiempo para que la murga ingrese en el repertorio musical del barrio ni profesionales capaz de sostener el trabajo a largo plazo.

El primer acercamiento de Gustavo al grupo fue a través del deporte. Era uno de los que jugaba al fútbol en la cancha ubicada en la zona denominada “de abajo”, por el borde del Río Salí. “La Cancha de Gilada” fue un proyecto encabezado por vecinos y amigos de Julio César Cisneros -apodado “Gilada”-, quien murió a causa de su problema de adicción a las drogas. Un monolito lo recuerda cerca de la cancha: fotos, imagen del gauchito gil y muchas banderas de boca: el club de sus amores a nivel nacional.

Tabo, cuentan quienes lo conocieron, era muy comprador. Primero mostraba distancia y después se acercaba y era simpático. Generaba un clima de muchas bromas. Era un chango que jugaba con lo que tenía. Jugaba a dirigir una bandita que tenía su apellido, a poner orden en el grupo al que pertenecía. Se divertía con eso. Jugaban a los pistoleros pero con pistolas de verdad y Tabo no medía ese riesgo. Y cómo medirlo si tenía apenas 14 años y creció con eso alrededor.

“Era muy humano, era muy sensible. Le gritaba de lejos y él se acercaba a abrazarme. Y tenía armas. Era como un niño con cosas peligrosas de las cuales no tenía conciencia”, sintetizó un profesional que trabaja en el barrio. “Era un niño que andaba jugando un juego peligroso pero que para él no era peligroso. Yo le decía ‘mirá Tabo si te pasa algo, hay gente mala’. Y él me decía ‘no pasa na’, pero con un tono de ingenuidad”, relató Manuel Romano, Psicólogo Social y parte del equipo terapéutico de la Secretaría de Adicciones que trabaja en La Costanera. Tabo era un adolescente que parecía un niño y que no tenía conciencia de la muerte a pesar de vivir rodeado por ella.

Había dejado la escuela. A partir del afianzamiento del narcomenudeo en la zona, la alternativa de contención que tienen niños y adolescentes es sumarse a alguna banda para defenderse de otros vecinos que aparecen como enemigos. “Es un síntoma de la degradación social”, sintetizó Emilio Mustafá, psicólogo y uno de los impulsores del grupo Ganas de Vivir como dispositivo terapéutico.

Es que en La Costanera, como en muchas barriadas populares, las familias no tienen las condiciones mínimas para contener saludablemente a sus hijos. En los últimos años, se perdió además la idea de justicia: te tenés que defender solo. La policía no está para cuidarte sino para violentarte o sacarte plata. Para conseguir algo, te tenés que imponer a los tiros. No se vive, se sobrevive.

“La pregunta es ¿por qué los chicos terminan en esto? Todos son chicos de debajo de La Costanera, familias con extremadas condiciones de pobreza, con historia de consumo que hace que los transas aprovechen la situación. Son chicos que no tuvieron oportunidad de ser niños”, explicó Mustafá.

Son generaciones cuya situación actual es consecuencia de la pobreza estructural: son las hijas y los hijos de la gran desocupación que consolidó el menemismo y que ningún gobierno pudo resolver. Y que, cuando el estado no les protege, quedan a la deriva.

En los últimos años, como una de las consecuencias de este abandono, se incrementó notablemente la cantidad de jóvenes en situación de adicción por consumo de sustancias. Principalmente, la pasta base. El paco. Por eso, vecinos y vecinas junto al grupo Ganas de Vivir exigían la construcción del Centro Preventivo Local de Adicciones en La Costanera  que finalmente y luego de años de lucha se inauguró en junio del año pasado.

Tabo iba cada vez que podía a jugar a la pelota allí: tiene una cancha de cemento y con arcos. Pero el Cepla está cerrado desde que comenzó el aislamiento social preventivo y obligatorio decretado por Alberto Fernández el 20 de marzo. Lo mismo sucede con el 70% de los dispositivos territoriales del Ministerio de Desarrollo Social que no están funcionando durante la cuarentena.

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