Miles de personas exigieron “Justicia Por Ayelén”

18 agosto, 2017

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La marcha organizada bajo las consignas #BastaDeTransfemicidios y #SinTransNoHayNiUnaMenos convocó a más de dos mil personas y logró la visibilización y el protagonismo del colectivo trans.

Las marchas visibilizan aquello que asoma en las mesas familiares y que no atraviesa las puertas de la casa. Elevan el volumen de los pedidos que se repiten como un coro incesante en las esquinas. Las marchas descubren lo que se camufla a simple vista. Lo que duele y no sabemos nombrar. Lo que muchxs no se atreven a gritar.

El jueves 17 de agosto, la marcha que pidió justicia para Ayelén Gómez, una joven trans de 31 años asesinada el 12 de agosto pasado, permitió que miles de transeúntes escucharan la tristeza repetida una y otra vez ante una muerte que desde un primer momento se buscó silenciar a través del sensacionalismo de los medios hegemónicos y la estigmatización de la comunidad trans.

La convocatoria del CeTrans (Centro Educativo Trans de Puertas Abiertas) llamaba a reunirse afuera de su sede como medida de seguridad para cuidar a las mujeres trans que marcharían. Desde allí, se apropiarían del espacio público, aquel que las expulsa de día y noche. Como explicó Luciana Barraza, alumna del CeTrans, “Ayelén representa actualmente nuestra vulnerabilidad al máximo, representa todo lo que nos están negando, representa el exilio que nos hace la sociedad, por ahí sin darse cuenta, y desde otros lugares dándose cuenta, haciéndolo porque lo siente, y representa que es el momento de alzarse a gritos, y hacernos ver y hacernos visibles”.

Ivana González, también estudiante del CeTrans, recordó que en 2012, Ayelén denunció que dos policías de la Comisaría 2º la habían detenido sin ninguna explicación y la habían llevado a la seccional, donde la encerraron en una habitación de 1 x 2 mts y abusaron de ella. Hace cinco años, como explicó Ivana, “tampoco se hizo nada, no se hizo justicia, hasta que se llegó al punto de que la asesinaron. Hoy pedimos justicia por ella y nos representa porque todas pasamos lo mismo, en la calle, si vamos a un hospital, si vamos a un centro asistencial, si vamos a una entidad pública. Eso queremos que cambie, que la sociedad tome consciencia”.

En pleno atardecer inminente, el sol iluminó las caras de cientos de personas que comenzaron a recorrer la calle Brígido Terán mientras cantaban “yo sabía, yo sabía, que a los proxenetas los cuida la policía, yo sabía”. Mientras sonaban los aplausos, dos oficiales despejaban el camino para la manifestación.

Entre las remeras negras y los carteles coloridos que pedían “ni una trans menos”, se encontraba Celeste, también vestida de negro. Sostenía un cartel que exigía “basta de transfemicidios”. En 2016, Celeste llevó a juicio a siete policías por abusar de ella en la Seccional 4º de la Policía, en 2013. Ninguno fue condenado por el delito. El pedido de justicia por Celeste aparece en cada marcha de Ni Una Menos. La resistencia trans también es ella.

Adelante, la madre de Ayelén, Liliana Gómez, sostenía la bandera “Justicia Por Ayelén”. Junto a ella, marchaban Mahia Moyano y Luciana. Mientras la manifestación pasó por la terminal de ómnibus al grito de: “Ayelén Gómez, presente”, la emoción ahogó las voces una vez que el recorrido llegó al Parque 9 de Julio. Cerca de allí, Ayelén fue hallada sin vida, brutalmente asesinada. La multitud mantuvo el silencio hasta que los aplausos dieron lugar de nuevo al canto: “Ni una menos, vivas nos queremos”.

Mientras integrantes del Frente Popular Darío Santillán despejaban el camino, lxs cientxs que partieron del CeTrans empezaron a convertirse en miles al subir por la calle Córdoba.

“Hoy estamos aquí para exigir justicia porque el Estado es responsable”, decía Camila Issa Osman desde un micrófono. “Basta de transfemicidios, basta de travesticidios, basta de trata trans, vamos por el cupo laboral trans para las compañeras, cumplimiento pleno de la ley de identidad de género, sin las trans no hay ni una menos. Vamos compañeras. Ni una menos, vivas nos queremos”.

En las veredas, autos y balcones asomaban mujeres, hombres y niñxs. La multitud repetía: “vecino, vecina no sea indiferente, se mata a las travestis en la cara de la gente”. Todxs miraban, todxs escuchaban, algunxs grababan, y hasta levantaban las cabezas para ver mejor. Cerca de la Plaza Independencia, el volumen subió. Dos mujeres trans se abrazaron, sosteniendo y acompañando.

Finalmente, frente a Casa de Gobierno, la movilización se detuvo. Mientras la bandera de “Justicia Por Ayelén” era desplegada sobre la fachada, Elizabeth Gómez sostenía un cartel con fotografías de su hermana Ayelén. “Lo que me gustaba de ella es como era, la actitud que ella tenía, ella amaba a los chiquitos, más a mis hijos, ella siempre jugaba con ellos. Ella siempre ha sido una persona dulce, ella siempre quería ayudarla a su mamá, quería ayudar a la familia, quería sacar adelante a todos, ella quería salir adelante”.

Elizabeth contó que Ayelén siempre buscaba la forma de salir adelante, aun viviendo un contexto de inmensa vulnerabilidad económica y social. “Ella me decía ‘ahora cuando yo trabaje y si me logran dar la pensión’, porque ella tenía una discapacidad en la mano, me decía  ‘yo voy a hacer todo lo posible y voy a estudiar’. Ella me decía en un momento que quería ser actora, después me decía que ella quería ser peluquera pero con la condición que ella tenía en su mano no podía, después decía que si ella lograba trabajar y recibirse, ella iba a hacer todo lo posible para que la mamá esté bien”.

Sin embargo, en las entrevistas de trabajo la descartaban de forma inmediata por ser una mujer trans, sin darle la oportunidad de escucharla. “Ha sido excluída y me duele porque ella ha tratado y ha hecho lo posible de estar activa pero nunca la han dejado, nunca le han dado la oportunidad, la chance que le tenían que dar y no tan solo a ella, a muchas chicas trans, porque por esa misma causa ellas se prostituyen, porque la sociedad no le da la esperanza esa de que ellas puedan trabajar, si son personas, como vos, como yo, como cualquiera, son personas, son humanos. Necesitan la oportunidad”, señaló Elizabeth. La deuda del cupo laboral trans también se cobra vidas.

La convocatoria del jueves demostró que la lucha trans resiste, que no puede ni será ignorada y que en la calle somos miles. “Siento emoción porque siento que no estamos solas”, explicó Elizabeth, “que no la vamos a luchar solas, que vamos a luchar con muchas personas que nos van a apoyar para que este crimen llegue a su punto final, a su esclarecimiento. Porque el crimen de Ayelén y de otras chicas más no van a quedar impunes. No tienen que quedar impunes. Esto tiene que llegar y la voz tiene que ser bien fuerte, alta. Para que seamos escuchadas”.

Fotografías: Puny Beltrán.

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