MMLPQTP: fútbol codificado

20 marzo, 2018

Commentario

Derechos Humanos

 

Las canchas hablan. Y cuando eso pasa es porque por el río las aguas bajan turbias. Por Gustavo Caro, documentalista, especial para APA! 

En la cuota de saber popular que todavía se puede escuchar en las tribunas –aun en las más mediatizadas-, la implicancia de un canto que excede al interés futbolero siempre es una buena razón para prestar atención. Sin duda que Durán Barba y su equipo lo están haciendo para desmontar su sentido. Y frente al mandato del diseño comunicacional que sostiene a este gobierno, cabe preguntarse también cuánto hay de rivalidad futbolera y cuánto de conciencia ciudadana en el reclamo? Sin poner en duda tampoco la presencia de ambas, lo que se juega en el interrogante es apuntar a la capacidad de reacción que esa protesta pueda generar o aportar a una acción política más efectiva en aquellos otros sectores de la sociedad que también padecen al macrismo.

En abierta metáfora política, la novela de Jorge Asís La calle de los caballos muertos (Legasa, 1982) expone con crudeza cómo la sociedad argentina se reparte entre los plateístas y los hinchas de la popular, y de cómo la violencia ejercida por los más radicalizados habitantes de los últimos -los barras bravas- encuentra su límite en la paciencia de los primeros: cuando todo empieza a descontrolarse, los plateístas pedirán mano dura. Los cantos contra Mauricio Macri no tienen este problema de identificación; cuando las canchas empezaron a tronar contra su persona, de acuerdo a la localía de ocasión, los estadios fueron siempre uno solo. Salvo en la Bombonera, donde un sector de la platea fue la que se pronunció ante el silencio obvio de la barra brava bostera.

Es sabido que la carrera política de Macri se inició con su incursión dirigencial en Boca, tanto como que sus éxitos deportivos fueron la mejor plataforma para posicionarse y replicarlos en el ámbito político. De jefe de la Ciudad Autónoma de Bs. As. a presidente de la Nación, el curriculum de Macri siempre tiene para mostrar su eficiencia en los títulos xeneizes. Sobre todo el más importante, “invisible” pero de tangibilidad marketinera: hacer de Boca un fenómeno mundial. (A rigor de verdad, el primer intento de Macri fue la privatización y mudanza de Argentinos Juniors a Mendoza, pero este fracaso empresarial es harina para otro análisis).

No hubo mejor ocasión, y tal vez nunca haya otra igual en la historia política nacional, para que River y Boca se volvieran a enfrentar en una final de copa argentina. Con un clima antimacrista en las tribunas del país y con una perfomance arrasadora en esa  vergonzosa bandera neoliberal que lleva el nombre de Superliga, Boca llegaba a jugarla frente a un River en baja con relación a su cercana realidad exitosa. Los contextos siempre ayudan a recordar un hecho central. Y en este caso importará menos el mérito deportivo y la pasión histórica del clásico de clásicos si las puteadas contra Macri no dejan de abonarse en la motivación genital de su grito, la misma que a muchas y muchos nos hace cantarlo en bares, subtes, recitales y marchas. Hoy más que nunca las hinchadas rivales a Boca son antiboca. Y esa rabia, esa fuerza de oposición que explota en cantos contra su expresidente que lamentablemente devino en algo mucho peor para nuestro país, no es otra cosa que una buena razón para no callarlo en ninguna parte. Y lo que sería aun mejor, transformarlo en acción de cambio en cualquier lugar que a cada quien nos toque ocupar. Porque los barcos siguen su rumbo y las sirenas quedan atrás, las redes sociales pueden servir para amplificar el mensaje como también para atraparnos en el consuelo de la descarga pasajera. No suscribir al codificado es una acción. Si de verdad pretendemos cambiar este horror, ir a la cancha, salir a las calles, poblar las marchas es lo mejor que futboleras y futboleros podemos hacer en este momento. Es el año del mundial. Que no nos atrape en cantitos de ocasión.

 

 

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