“Nosotros no pusimos la droga en los barrios”

24 abril, 2017

Commentario

Derechos Humanos
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Lía Casemira Ene volvió a exigir una política integral contra el narcotráfico y la atención de adictos en la última manifestación de La Hermandad de los Barrios. Diego Correa, su hijo, falleció hace ocho meses por una sobredosis de paco y cocaína. En los barrios, chicos y chicas mueren ahorcados, por sobredosis o a tiros con transas.  Vecinos afirman que no quedan nichos en los cementerios municipales.

Un gesto silencioso. Apenas pisaron el asfalto en 25 de Mayo, Elsa Juárez, Blanca Ledesma y Dora Ibáñez comenzaron a desplegar la rafia con la que La Hermandad de los Barrios, un colectivo de siete villas que lucha contra el narcotráfico, marchó el viernes pasado a Casa de Gobierno. Lía Casemira Ene empezó a parpadear nerviosa cuando tomó un extremo de la tela. Intentaba retener las lágrimas. Así marchó desde plaza Urquiza hasta la Plaza Independencia, para exigir, entre otros puntos, la finalización de un centro de atención de adictos abandonado en La Costanera.

Ene es la mamá de Diego Correa, un muchacho de 29 años que falleció el 17 de agosto de 2016 por una sobredosis de paco y cocaína, tras nueve meses en coma. “Van pasando los días, los meses, y cada vez estoy sintiendo más la ausencia de mi hijo. Estoy acá por los demás chicos que día a día mueren. Me da pena. Tengo a mis nietos, por los que sigo luchando. Pido a Dios que mi Diego me esté acompañando desde el cielo. Voy a seguir marchando por la memoria de él, porque no quiero para mis nietos ni para nadie caer como ha caído mi hijo, que terminó como la peor cosa”, explicó la mujer, auxiliar de enfermería. La familia es del barrio Antena (Alderetes).

En la anterior marcha de La Hermandad de los Barrios, el 30 de agosto, Ene marchó repitiendo como un rezo el nombre de sus seis nietos. Marchaba por ellos. “No parimos hijos con paco, no pusimos esa droga en la calle. No entiendo por qué nos estigmatizan así a las madres de los adictos. Con sufrimiento pude hacer que siete hijos terminaran la escuela y que dos estén por recibirse, uno de psicología social y otro de una ingeniería. Soy pobre, por desgracia perdí un hijo por el paco y eso me duele tanto… Pero nos humillan por nuestra condición y eso me duele más”, había declarado a la prensa en esa oportunidad. El viernes volvió a pedir que, al menos, no sufran discriminación en las oficinas públicas.

“Seguiré luchando y me van a seguir viendo aquí”, finalizó Ene, y pidió que termine la entrevista. Fue a depositar un ladrillo que tenía en las manos sobre la entrada principal de Casa de Gobierno. Pablo Pérez terminó de acomodarlos para formar una pared de 50 centímetros. Jaqui Ponce dejó al lado el cartel con el que había marchado: “el pueblo pone los ladrillos, que el Gobierno ponga la voluntad política. Queremos el Cepla de Costanera”. Ibáñez, Ledesma y Juárez se abrazaron con Ene, y se tomaron una foto frente a los ladrillos apilados, con sus carteles de marcha. “Nuestros hijos están perdidos. Enterré a mi hijo Cristian (32 años) en 2010. Ahora mi otro hijo Francisco (23) está muy mal. Mi nieto, hijo de Cristian, también cayó en el consumo y necesito ayuda. El Estado nos trata como ratas, porque nos ignoran y nos humillan. No quiero chapas, ladrillos ni colchones, quiero que recuperen a mis hijos y nos den trabajo”, reclamó Ibáñez, de La Costanera, a las cámaras de televisión.

Cristian  Correa, uno de los hermanos de Diego, tocaba la bocina de su moto en el medio de la calle, al lado de los bombos y los platillos. “Siento que la muerte de mi hermano y la de muchos chicos no ha servido para nada. Debería provocar escarmiento a los gobernantes, porque su inacción es la que provoca esta muerte, la miseria no crece porque sí, la pobreza no existió siempre. Nosotros no pusimos la droga en los barrios. Queremos que el Gobierno asuma decisiones políticas para frenar esta situación y no se está haciendo nada”, soltó con impotencia Cristian, referente barrial de la Asociación Civil Solidaridad Alderetes. “Lo terrible es que no hay donde enterrarlos: cuando falleció mi hermano fuimos con mis primos al cementerio a buscar una fosa. Conseguimos un sitio, pero tuvimos que cavar nosotros. El cajón entró vertical, porque no queda lugar en los cementerios”, recordó sobre el cementerio municipal del Cochuchal, que depende del municipio de Alderetes.  En el espacio que ocupa una tumba con el entierro del cajón horizontal, caben seis cajones con fosas verticales, explicó.

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