Oda a la masturbación

20 mayo, 2020

Commentario

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Mayo es el mes de la masturbación. Por esto, y más, es mi mes favorito. En los medios de comunicación y las redes sociales se empieza a hablar con más naturalidad sobre este tema que ha sido silenciado y abordado desde perspectivas moralistas durante demasiado tiempo. Y eso es algo que celebro. por Lucrecia Guerra*

La masturbación es la autoexploración, autosatisfacción y autoestimulación sexual de nuestra mente y nuestro cuerpo, no sólo los genitales. Se trata del encuentro conmigo, a solas, para mirarme, sentirme, fantasear y, si pinta, también tocarme. Es diferente del encuentro con otras personas, ni mejor ni peor, sólo diferente. Es ese rincón, ese refugio sólo para mí, haciendo algo con lo que me pasa o buscando que algo me pase. Esto no siempre es sencillo; en general vivimos a un ritmo acelerado, nos prestamos poca atención y siempre estamos rodeados de estímulos externos: compu, tele, celu, otra gente… Ruido, a veces lindo, otras no tanto. Ruido al fin.

Lo ideal sería que cada persona aprendiera desde su infancia a descubrir su cuerpo y disfrutarlo. Pero esto no ha sido así para muchas generaciones, y aún hoy cuesta. Lo vemos claramente en nuestras conversaciones: no solemos hablar con naturalidad de esto y, por ejemplo, no nos contamos nuestros fracasos y triunfos autoexploratorios. También nos cuesta sincerarnos sobre esta práctica en las parejas; en la convivencia el desafío es pedirnos un espacio de intimidad individual y si hay crianza, pedirnos relevo. Que esto cambie es un proceso y un esfuerzo colectivo, sin dudas.

La Educación Sexual Integral, más conocida como ESI, no nos enseña a masturbarnos. Pero lo que la ESI sí reivindica muy claramente es el derecho al disfrute libre, placentero y responsable de la sexualidad, sin tabúes ni mandatos y, sobre todo, libre de violencias. Que, valga la aclaración, son derechos humanos y sexuales fundamentales.

Entre las consultas que recibo a diario, una que se repite en algunas personas es “Me cuesta a solas”. Las causas de estas limitaciones suelen ser el peso negativo de las ideas en relación a la masturbación, la culpabilización, la idea del pecado y la de vergüenza con que nos educaron, especialmente a las mujeres; en cambio la mayoría de los hombres no encuentran estas limitaciones a la hora de explorarse. Otras veces, no nos masturbamos porque no sentimos la necesidad de hacerlo y es oportuno remarcar que la masturbación no es un mandato o una obligación. Su esencia, de hecho, es que no sea forzada, sino pierde todo el sentido. Lo importante es que, si nos cuesta y nos interesa resolverlo, podemos revisar qué nos está pasando con este tema. Tal vez descubrimos algo para destrabar y se convierte en una práctica placentera.

La conexión con el propio cuerpo y con esta práctica puede fluctuar a lo largo de nuestra vida. No hay que preocuparse si hay épocas donde nos gustemos menos, no sintamos ganas y otras donde estas aumenten. Otra consulta frecuente es respecto a la cantidad de veces al día, a la semana, al mes que es saludable masturbarse, y la respuesta es: lo que nos satisfaga y no nos perjudique. Esto quiere decir que podamos seguir con nuestra vida, que no afecte nuestros trabajos y vínculos, que no ponga en peligro nuestra integridad ni la de otras personas.

La masturbación tiene múltiples beneficios. Incrementa nuestro autoconocimiento, conocemos cómo es nuestro cuerpo, cuáles son nuestras zonas erógenas (esas que al tocarlas no hacen vibrar) y a estimularlas. Es decir, aprendemos qué nos gusta, dónde y cómo, y a identificar nuestros orgasmos (esos instantes de explosión, de mayor intensidad del disfrute). Nos permite autogestionar nuestro deseo sexual (lo que nos mueve a estimularnos) y nuestro placer (esa vivencia de satisfacción y disfrute pleno), es decir, atender a nuestras necesidades sexuales sin esperar que alguien externo lo resuelva. Algo que, sin dudas, aumenta nuestra autoestima. Y facilita también, si es que lo deseamos, el encuentro íntimo con otras personas. Cortito y al pie: mejora el sexo.

Además de esas ventajas, también reduce el estrés y calma la ansiedad, ya que nos conecta con nuestro cuerpo y sentidos y, por ende, los pensamientos pasan a un segundo plano. Muchas consultas y procesos terapéuticos giran en torno a bajar el estrés y la ansiedad que afectan todos los órdenes de nuestra vida y, especialmente, el sexo. Sin entrar en especificidades demasiado aburridas, solo recordemos que la ansiedad es ese exceso de futuro que nos desconecta, que interfiere en nuestro disfrute. En cambio, el sexo es puro presente y conexión. Si identificamos que este es un problema y queremos resolverlo, hacer una consulta a une profesional es lo más apropiado.

La cereza del postre es que aumenta el deseo sexual. Uno de los grandes mitos en torno a la masturbación es que disminuye el deseo o la potencia sexual. Por el contrario, “cuánto más sexo tenemos, más sexo queremos”, pregona la Ley de Fisher. Eso sí, yo le daría una vuelta de tuerca: “cuánto más sexo placentero tenemos, más sexo deseamos”. Si es con consentimiento y placer, siempre vamos a buscar repetir. Porque incluso fisiológicamente lo que sucede es un aumento de las hormonas sexuales. Así que, aunque no lo planeemos, nuestro cuerpo solo va a pedirnos satisfacer esa necesidad.

Por último, y no menos importante, como cualquier actividad física, a través de esta práctica liberamos tensiones, nos cansamos y dormimos mejor, lo que contribuye a fortalecer nuestro sistema inmunológico. De paso, también fortalecemos el suelo pélvico (la musculatura que sostiene nuestra vejiga, útero, vagina, vulva, pene y ano) lo que potencia las sensaciones y el placer sexual. Para esto también hay otros ejercicios específicos como los de kegel, algunos de respiración, yoga y gimnasia hipopresiva.

Por todo esto, es el mes ideal para redescubrir la masturbación.

 

*Lucre Guerra es Psicóloga y Sexóloga. Nacida, criada, formada, especializada y trabajando en Tucumán. Con todo el peso en los hombros y abrazada a las cosas lindas que tiene ser tucumana. A punto de cumplir años en cuarentena, deseando que este año no cuente, nos regala lo que para ella es el comienzo de su oda a la masturbación. Hace divulgación en redes sociales y otros medios, la van a encontrar con ese nombre y también pueden visitar su página www.lucreciaguerra.com.ar. Está atendiendo consultas y acompañando procesos de terapia individual y de pareja vía online. En tiempos sin aislamiento tiene su consultorio en Villa Luján.

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