Piden donaciones para el merendero “Miguel Reyes”

4 abril, 2020

Commentario

Territorial Tucumán

La mamá de Miguel ‘Reyes’ Pérez, el joven asesinado por un policía en diciembre de 2016, ofrece merienda para 70 chicas y chicos del barrio San Cayetano. Por la cuarentena, se están quedando sin suministros. Convoca a la solidaridad de la gente para sostener el espacio: necesitan leche, azúcar, yerba pero también carne y pollo para poder sostener el comedor que funciona una vez a la semana y alcohol en gel, lavandina, jabón.

“Tengo miedo por mis hijos y por los chicos de la zona. La policía está cada día peor. En San Cayetano se ve mucha cosa injusta, los levantan a los chicos que están en la vereda, les pegan. Siempre han hecho eso pero ahora están con el camino libre”, detalló Ana Reales. Por la cuarentena, Ana no puede viajar hasta la Banda del Río Salí donde tiene puesto en un mercado de frutas y verduras. Por eso, abrieron una verdulería en su propia casa y donde también funciona todos los días un merendero que alimenta a 70 chicos y chicas. “Quisiera llegar a más pero no me alcanza”, lamentó.

Ana tiene miedo y como no tenerlo si un policía baleó a su hijo Miguel ‘Reyes’ Pérez a metros de su casa. Y ahora ve como la policía urbana, la policía federal, la Gendarmería grupo operativo motorizado (GOM) circulan por el barrio golpeando con especial saña a los  chicos que están quebrados por el paco. “Pero también a padres de familia”, recalcó.

Pero a pesar del miedo, Ana decidió continuar con el merendero porque hay muchas carencias entre la gente de San Cayetano. “Había mucha necesidad, ahora peor porque los padres son changadores, viven el día a día. Y no alcanza. Lo que siempre pido es que no me abandonen, que me ayuden para el merendero y para el comedor que hago una vez a la semana. No gasto en la verdura porque saco de la que tengo para vender. Lo que necesito es carne o pollo. Mercadería: leche, azúcar, yerba, ropa usada, cuadernos”, pidió.

También necesitan alcohol en gel, lavandina, jabón. Nadie del estado se arrimó a la zona. “Somos olvidados. Lo único que nos mandan es la policía para que nos pegue”, reclamó. El miedo a la pandemia fortaleció en muchos casos los vínculos solidarios. Ana es un ejemplo de eso, de cómo organizarse solidariamente por abajo es la mejor manera de enfrentar el aislamiento obligatorio.

 

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