Rodolfo Walsh/Martín Malharro/Tucumán

25 marzo, 2017

Commentario

Derechos Humanos Tina Gardella
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Rodolfo Walsh es evocado por muchos. Hablado por pocos. Porque para ser hablado por alguien, ese alguien tiene que encarnar el decir –palabra/acción- de quien se habla. Rodolfo Walsh es hablado por Martín Malharro. Por Tina Gardella, docente de Comunicación Alternativa en la carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Filosofía y Letras, UNT. 

Conocí a Malharro cuando vino a Tucumán a dictar un seminario de periodismo de investigación. La Unsta había propuesto una Maestría en Periodismo y profesores de la UNLP acudían al efecto. Martín era uno de ellos. Estaba al frente de la cátedra libre de Periodismo de Investigación “Rodolfo Walsh” en la Facultad de Periodismo de la UNLP,  entre otros cargos docentes, licenciaturas habidas y doctorado obtenido.

Pero su pasión era Walsh. Como escritor y amante de la novela negra sostenía, como Walsh, “que la novela negra es el género que mejor retrata las inequidades del sistema”. Como periodista de diarios y revistas afirmaba, como Walsh, que “todo compromiso y militancia política en el periodismo debe centrarse en desocultar lo que se quiere ocultar”. Como docente de comunicación, renegaba de los paradigmas asépticos y liberales de la profesión y provocaba abiertamente a sus estudiantes a que le dijeran “con qué libros harían el fuego para el asado”…

Valoraba la Carta Abierta a la Junta y la proyección política de sus enunciados de desocultamientos. La valoraba en tanto Walsh “tenía una idea precisa de lo que quería con esa carta al convertir el universo melancólico y auto referencial de cierta militancia, en poderosa interpelación política de denuncia y estrategia de resistencia y lucha”.

Más su interés estaba puesto en Operación Masacre.“Acá esta todo”, solía repetir en relación a que con Operación Masacre empezó no sólo el periodismo de investigación sino también el relato negro. Malharro contaba una y otra vez el impacto que había significado para él imaginarse lo que Patricia, la hija de Walsh le había comentado en relación a una visita que le hizo a su padre: estaba Walsh sólo, en su departamento casi sin muebles, con un ovillo cuyos hilos cruzaban la pieza de un extremo a otro, por el medio, por los costados. En una libreta, anotaba los movimientos posibles de la investigación en presuposiciones de movimientos de los actores protagonistas de los hechos…

-“Cuando escribo voy al lugar donde ocurren los hechos, para anclar trama y fijar personajes. Eso lo aprendí de Rodolfo Walsh…”- decía Malharro y en la búsqueda de esas historias que le gustaba contar y que denotaban su pasión por la escritura, por el oficio y por cómo llegar al lector, nos acercaba siempre historias truncas, llenas de retos, de misterios por develar, de ocultamientos por desenmascarar…

Cierta vez le pregunté qué le interesaría contar o investigar de Tucumán. “La vida de Juan Carlos  “Hippie” Alsogaray- me contestó. Le había impactado el hecho de ser hijo de un general de la nación y militante montonero. Además de las circunstancias poco claras de su muerte en El Cadillalen febrero del 1976 junto a otros dos militantes más y el encuentro de los padres del “Hippie” con el genocida Bussi cuando vinieron a reconocer a su hijo muerto.

No volví a ver a Martín. No pude asistir a la presentación de su último libro “Cartas marcadas” en 2015, año en que falleció. Pero su escasa presencia en Tucumán iluminó y habitó a Walsh y quizás alumbre caminos para contar alguna de las tantas historias ocultas y truncas, retos históricos y compromisos políticos que adeudamos y que dirán si somos capaces de hablar de Walsh o si solamente merecemos una evocación de su figura.

 

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