“Se va a condenar a los implicados en este ‘laboratorio’ de lo que después fue la dictadura cívico-militar”

14 septiembre, 2017

Commentario

Derechos Humanos
Share on Facebook121Tweet about this on Twitter0Share on Google+0

Tras asistir a todas las jornadas juicio, el investigador Ezequiel Del Bel da un panorama previo a  la Sentencia de la Megacausa Operativo Independencia.  En el juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos a partir del 6 de febrero de 1975, 17 imputados son juzgados por delitos cometidos contra 266 víctimas.  Fueron 70 audiencias desde el  6 de mayo de 2016, pasaron más de 400 testigos  y finalmente se conocerá la sentencia este viernes 15 de septiembre a las 15 horas. Organismos de derechos humanos y partidos políticos convocan a una concentración frente a Tribunales Orales Federales (TOF) a las 14 horas. Del Bel es Arqueólogo e investigador del LIGIAAT, perito en causas de Lesa Humanidad y Becario Doctoral CONICET.

Casi un año y medio después de su inicio, llega el final del juicio por delitos de Lesa Humanidad cometidos durante el denominado Operativo Independencia durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Del Bel analiza las implicancias históricas del proceso judicial y su aporte para la memoria y la verdad.

¿Notaste cambios respecto a las anteriores Megacausas?

En este año los familiares de los imputados tuvieron por momentos presencias fuertes en el juicio. Este año cambió la forma de preguntar de los abogados defensores, y estos últimos meses fue mucho más: traían carteles muy grandes que los exponían en la sala y se creaba un momento tenso y el Juez entonces sí ordenaba sacarlos. “No eran 30.000”, “Eran todos culpables” y sobre el atentado a Viola y las hijas estaban siempre presente. También carteles criticando a las abuelas y a las madres.

 

¿Crees que esto se deba al cambio de gobierno nacional?

Con el cambio de gobierno cambió un poco la mirada, se trató de imponer el relato de que fue una “guerra” para salvar al país. En este caso “la provincia que estaba dominada por los grupos guerrilleros” y se trató de imponer eso. Y en relación a eso fueron las preguntas muy puntuales a los militantes que les tocaban dar su testimonio. Eran preguntas muy incisivas que trataban de culpabilizar a las víctimas, trataban de justificar que los habían secuestrado, los habían torturado, los habían golpeado, le habían desaparecido a familiares. Todo porque eran militantes y por lo tanto formaban parte de esta “Guerra” que ellos querían mostrar. Eso fue impresionante. Y los jueces permitieron ese tipo de preguntas, y por eso fue muy entrecortado el juicio porque la fiscalía y las querellas no permitían o se negaban a esas preguntas, pero el juez sí permitió mucho más eso, permitió que trataran de culpar al que era en realidad la víctima.

 

¿Cómo reaccionaban los testigos frente a esa actitud de la defensa?

Eso fue muy variado. Algunos orgullosamente decían que eran militantes, otros se enojaban pero contestaban, otros no contestaban. Pero sí, en general, dejaban en claro que las acciones que llevaban a cabo era volantear, de juntarse en asamblea en sus facultades o en sus propios trabajos. Todo lejísimo de una organización tal que pueda considerarse como una “guerra” entre 2 partes similares o con la misma fuerza. Ninguno de los testigos habló de atentado o de haber usado las armas. Eso quedó claro, contaron que sí participaban de Montoneros o del ERP pero desde los barrios, desde la facultad, desde los sindicatos o sus trabajos. Sólo por reunirte ya eras considerado un subversivo y por eso pasó lo que pasó con la implementación del Terror en toda la provincia. Esa es una diferencia de este juicio con respecto a los demás: los otros fueron causas puntuales o fueron por centros clandestinos como fue el de arsenal, que a nosotros nos tocó dar testimonios como peritos.

Esto fue algo mucho más amplio porque justamente habla de un control territorial de la fuerza de Vilas en un primer momento y después de Bussi. Otra diferencia grande fue al cantidad de víctimas, de testigos y de imputados también.

 

En ese sentido ¿fueron importantes los testigos de contexto?

Todos fueron muy claros en que hubo un plan de exterminio político, pero también económico y en favor de las grandes empresas. Y de ahí surge la idea de la complicidad empresarial, principalmente con los ingenios. No de manera casual es que muchísimos centros han sido en ingenios que funcionaban como tales. No es como el caso de Nueva Baviera que estaba abandonado y lo usaron. Otros estaban trabajando como La Fronterita, y de hecho hay testimonios que dicen que los dueños de Fronterita invirtieron en construirle espacios para los militares. Hay claramente una complicidad de los civil y de ahí la carátula como  una dictadura Cívico-Militar por justamente todo el accionar este y los beneficios de estos grupos políticos que vienen ya desde el cierre de los ingenios del ’66.

 

¿Algún testimonio te ha llamado particularmente la atención?

No. realmente todos son importantes. Entre todos demostraron que la causa era un control territorial y el enemigo no eran los grupos guerrilleros sino que eran toda la población. De hecho quedó evidenciado que la mayoría de las víctimas ni siquiera eran militantes: eran trabajadores del surco. Eso fue importante, algunos vivían en casitas humildes en medio de los cañaverales y sufrieron uno o dos o toda la  familia el secuestro y la persecución. Eso demostró este juicio, que en este terror nadie estaba a salvo. A lo mejor Trabajabas y estudiabas, y con media idea distinta que tengas y ya podías ser víctima.

Hubieron testimonios de todo tipo: testimonios de militantes, larguísimos,  que explicaron realmente con detalle cómo fue el circuito de los centros clandestinos por donde fueron pasando. Hubo testimonios desgarradores que relataron que le secuestraron un hijo y que en ese momento no hicieron la denuncia, y era por el terror que tenía. Estaban desamparados ¿de qué subversivo me estás hablando? gente que no tenía la posibilidad de salir de su casa  porque no tenía para pagar el colectivos para poner la denuncia. También testimonios de tortura, con algunos se ensañaban. 600 personas, fue amplio. Eso fue importante para dar cuenta de este plan territorial que se implantó en la provincia.

Hubo testimonios de trabajadores de la empresa Norwinco, obreros del surco y estudiantes. También los familiares directos de las víctimas, como el caso de San Pablo donde se llevaron un montón de gente de pleno casamiento. También el tema de los enfrentamientos fraguados, donde la familia sí recuperó el cuerpo que en los medios de comunicación aparecían como subversivos abatidos por las fuerza militares, pero que en realidad  ya estaban secuestrados desde antes. Testimonios de varias familias iban a la morgue del cementerio a retirar los cuerpos, y se encontraban que  los cuerpos tenían evidencia de tortura y de llevar varios días muertos.

Los testigos de contexto contaron sobre los manejos por parte de los dueños de las empresas que eran los mismos que “entregaban” gente. Hubo muchos dirigentes que fueron perseguidos toda la vida, dirigentes de sindicatos como FOTIA, por ejemplo. Eso quedó claramente evidenciado por el enfoque que tuvo el juicio, que no fue sólo sobre casos particulares o sobre centros, y pudo verse todo el trasfondo del plan sistemático que hubo.

 

¿Por qué este juicio es tan importante para Tucumán?

Este es el juicio donde se va a condenar a los implicados en este “laboratorio” de lo que después fue la dictadura cívico-militar. Tucumán fue la primera provincia afectada en ese sentido, donde se probaron los centros clandestinos, los circuitos de tortura. Experimentaron con esta provincia.

 

¿Con qué sensaciones llegas a esta sentencia?

 

Uno siempre concuerda con las condenas o incluso uno espera condenas más fuertes, pero reunir las pruebas es difícil en cada caso para personas así, particulares. Por otro lado, por estos cambios que se fueron dando y lo que los jueces fueron permitiendo. Esos cambios hacen que yo piense que no todas las condenas se den con la rigurosidad que piden sino que sean un poco más bajas. Eso es desalentador, pero es el contexto que se vive ahora y es como se han posicionado los abogados para defender a los imputados. Yo voy esperando que los jueces den una sentencia histórica. Pero es difícil no ser pesimista por cómo se fue desarrollando esta última parte del juicio, puede pasar cualquier cosa.  Ya ha pasado en otros juicios que las condenas no son las que pide la fiscalía. Ojalá que no, que los jueces estén a la altura en ese caso.

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Agencia de Prensa Alternativa - 2017-