“Si alguien sigue subestimando al macrismo, sugiero enfáticamente que deje de hacerlo”

16 noviembre, 2017

Commentario

Tucumán
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El historiador Ezequiel Adamovksy estuvo en Tucumán presentando su libro “El cambio y la impostura” y brindar una conferencia sobre “Liberalismo, antiperonismo y antipopulismo ayer y hoy”. En una entrevista con APA!, explicó que su preocupación es tratar de explicar la victoria de Cambiemos más que la derrota del kirchnerismo, desentrañar las claves del cambio político y cultural que propone el macrismo y analizar la decisión activa de la sociedad de dejar de ver las figuras corruptas y antipopulares del oficialismo.

Remera gris, pantalón vaquero y sandalias franciscanas. El calor tucumano no le impide a Ezequiel Adamovsky, doctor en Historia e investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), llegar media hora antes de la conferencia que brindará en el salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Tucumán. Está en la provincia para presentar su último libro “El cambio y la impostura” y disertar sobre liberalismo, antiperonismo y antipopulismo. En un tono calmado, académico pero accesible, fue dejando definiciones para pensar la realidad en un país encerrado en debates emocionales más que racionales.

Entre las frases más significativas, Adamovsky planteó:

“Hay algo que insistió mucho Macri en la campaña que es que él no venía a proponer un cambio económico sino un cambio cultural. A mi me parecía que había que tomar seriamente esa definición”.

“El macrismo gana la elección porque se propone exitosamente como una fuerza de cambio en un contexto en el cual el kirchnerismo había agotado su capacidad de convencer a la sociedad de que representaba un cambio en sentido progresivo”.

“La figura del emprendedor permite, por un lado, invitar a las personas a refugiarse en el ámbito privado que es algo tradicional y característico de la ideología neoliberal, pero con una inflexión nueva que le permite plantear una idea de comunidad. Esa es una de las claves del cambio cultural que se proponen”.

“La República amenazada por el populismo es una temática que recorre el mundo entero. En Argentina muy fuertemente entrelazada con las visiones, estereotipos y prejuicios tradicionales del antiperonismo”.

Lo que  habitualmente se llama la grieta en los debates televisivos y mediáticos se tradujo en el deseo irrefrenable de parte de la sociedad de creer en algo que conduzca en otro sentido al que proponía el kirchnerismo a como dé lugar”.

“La comunicación del macrismo es eficaz pero para mí es un tipo de comunicación que significa la muerte de la política”.

“El kirchnerismo y el macrismo nacen de esa demanda de nueva política que surgió en el 2001”..

Uno de los efectos de la construcción de ese par binario el populismo versus la república en el contexto del 2015 fue escamotear los debates políticos proponiendo que interpretamos las tensiones, luchas y conflictos como si fueran luchas morales”.

Si alguien sigue subestimando al macrismo, le sugiero enfáticamente que deje de hacerlo”.

“Creo que hubo una acumulación de energía militante y experiencia militante importantísima en el contexto 2001-2002 que en verdad venía de mediados de los años ‘90”.

  

La presentación del libro de hoy es un intento de entender por qué ganó el macrismo. ¿Cuáles son esas razones para vos?

Es un libro para tratar de explicar la victoria del macrismo, no tanto la derrota del kirchnerismo, que me parece más sencillo de explicar. Me parecía importante explicar cómo es posible que un partido que no tenía buena proyección fuera de la ciudad de Buenos Aires, en muy poco tiempo logró alzarse con la conducción del país y de los distritos más grandes. Me interesaba pensar cómo fue el clima del debate político, los conceptos fundamentales sobre los que se articuló ese debate, cómo se presentó la opción electoral como si fuese no solo una opción entre qué partidos van a gobernar sino como una encrucijada de vida y muerte, una lucha entre el bien y el mal y los cambios de más largo plazo que influyeron en eso. Poco más de la mitad del libro es entender cómo llegó al poder el macrismo y la última parte tratando de pensar cuál es la agenda de lo que el macrismo llama el cambio cultural. Hay algo que insistió mucho Macri en la campaña que es que él no venía a proponer un cambio económico sino un cambio cultural. A mi me parecía que había que tomar seriamente esa definición y tratar de pensar cuál era el cambio político y cultural que venía a proponer más allá del cambio económico que es el más transparente y el más básico de interpretar.

Vos ponés la clave en la figura del emprendedor como uno de los ejes del cambio cultural que tiene detrás de eso una cantidad de cuestiones: la meritocracia, el individualismo, etcétera.

Trato de poner el eje en cuál es el proyecto de futuro y la visión de comunidad que propone el macrismo. Una de las ideas que trabajo en el libro es que el macrismo gana la elección porque se propone exitosamente como una fuerza de cambio en un contexto en el cual el kirchnerismo había agotado su capacidad de convencer a la sociedad de que representaba un cambio en sentido progresivo. De hecho el kirchnerismo fue a las elecciones con una campaña más conservadora en el sentido literal de la palabra. Conservar lo hecho más que profundizar el cambio. En ese contexto, de pérdida de credibilidad de las credenciales progresistas del kirchnerismo, el macrismo se abre camino porque propone una visión de futuro diferente. Y esa visión de futuro gira alrededor de algunos ejes centrales, una de las cuáles es la figura del emprendedor como figura que encarne a su vez la comunidad del futuro. Es una figura que por un lado invita a las personas a focalizar sus energías en el ámbito privado, en el éxito personal. Pero a diferencia del empresario exitoso, que era la figura del neoliberalismo de los años ’90, el emprendedor tiene dos diferencias cruciales: una que es una figura que puede seducir a personas de diferentes condiciones sociales. A diferencia del empresario que para aspirar a serlo necesitas plata, emprendedor puede ser cualquiera: desde un artesano que vende en la calle hasta un empresario que cotiza en bolsa. Y otro cambio crucial, además de que interpela a todo el arco social, es que la figura del emprendedor no es la del hombre que es lobo del hombre. No es el empresario egoísta que se abre camino a codazos. La figura del emprendedor se imagina como aquél que arma equipos, que genera innovaciones que se derraman para el resto de la comunidad. Es una figura que permite, por un lado, invitar a las personas a refugiarse en el ámbito privado que es algo tradicional y característico de la ideología neoliberal, pero con una inflexión nueva que le permite plantear una idea de comunidad. Muy débilmente articulada pero existe al fin conectada a través de este trabajo del emprendedor. Esa es una de las claves del cambio cultural que se proponen.

El otro era en términos más macropolíticos. Plantear el antagonismo entre el populismo y la república como clave también de la realidad Argentina.¿Cómo penetró tan fuerte eso en la sociedad Argentina? ¿Por qué? ¿Cómo logró el macrismo que derrame ese discurso sobre ciertos sectores que antes no eran permeables a esos planteos?

Me parece que en parte lo consiguió por una campaña política y mediática poderosísima, articulada internacionalmente porque esa disyuntiva es internacional. “La República amenazada por el populismo” es una temática que recorre el mundo entero. En Argentina muy fuertemente entrelazada con las visiones, estereotipos y prejuicios tradicionales del antiperonismo. Porque en Argentina el populismo es el viejo peronismo que ya venía cargado de toda una serie de sentidos negativos de otra época. Esos dos términos son las palabras claves del contexto del 2015 y fueron muy útiles en plantear un escenario complejo con muchas opciones como si fuese una lucha entre las instituciones democráticas de la República y un enemigo mortal que era el populismo. Triunfa también en parte por las limitaciones del propio kirchnerismo que colaboró bastante en dar credibilidad este tipo de visiones. Y me parece que por una dinámica en la cual hubo decisión colectiva, no creo que se explique solo por los medios, de olvidar información bien conocida acerca de quién era quién detrás del macrismo. Los antecedentes de Macri eran perfectamente conocidos para todo el mundo. Hubo una decisión activa de parte de la ciudadanía de olvidar esas cosas.

¿Cómo se entiende eso en términos históricos? Macri aparece como una figura emblemática porque es la cabeza. Pero Patricia Bullrich o la legitimación de las figuras como Aranguren y otros funcionarios del macrismo. O la asunción de Etcheverre, presidente de la Sociedad Rural, como Ministro de Agroindustria cuando tiene causas por defraudación y trabajo esclavo. ¿Cómo se entiende esa limpieza que le genera la sociedad a esos personajes?

Me parece que eso hay que entenderlo en relación con el hastío que provocó en parte de la sociedad el kirchnerismo. Lo que  habitualmente se llama la grieta en los debates televisivos y mediáticos se tradujo en el deseo irrefrenable de parte de la sociedad de creer en algo que conduzca en otro sentido al que proponía el kirchnerismo a como dé lugar y como parte de eso la decisión activa de no ver. No es solo falta o manipulación de la información. Hay una voluntad activa de dejar de ver.

¿Era posible el macrismo sin el kirchnerismo?

Es una pregunta difícil. Los trato de analizar a ambos como muy conectados con lo que fue el 2001. El 2001 abrió una crisis económica pero también de legitimidad muy profunda e instaló la idea y el deseo de que fuese eso un parteaguas político. O sea, que nada fuera igual políticamente hablando. El kirchnerismo y el macrismo nacen de esa demanda de nueva política. Los dos son nueva política en ese sentido. El kirchnerismo proponiendo esa síntesis inédita entre la tradición peronista y el progresismo argentino. Si uno se para en el 2001 y analiza lo que era el peronismo, no había nada ahí adentro que indicase que podría convertirse en lo que se convirtió luego del 2003. Ese es un efecto del 2001 sobre el peronismo. Y la propia idea de transversalidad del primer Kirchner tiene que ver con trascender el legado del peronismo. Finalmente el kirchnerismo se volvió a apoyar sobre la estructura del Partido Justicialista (PJ) pero con un discurso muy apegado al camporismo, al momento de Cámpora como referente que es el momento menos peronista del peronismo. Son los pocos días de esa primavera en la cual el peronismo se acercó a las ideas de izquierda como nunca antes. En esa referencia se aferró el kirchnerismo para proponer un peronismo que en verdad no era lo que venía siendo. En esa propuesta, hay una decisión de Néstor Kirchner de dejar atrás la promesa de transversalidad inicial y volver a apoyarse en la estructura del PJ, creo yo con la esperanza de convertirla en una estructura a imagen y semejanza del kirchnerismo. Es decir, que fuese eso mismo una síntesis de peronismo y progresismo. En esa hipótesis, hoy está claro que fracasó. El kirchnerismo es una parte minoritaria dentro de un partido que no tiene identidad progresista ni de izquierda ni mucho menos. En ese marco, es que se abre camino la otra opción de nueva política que es por un lado una fuerza que retoma mucho del pasado: las ideas, valores y buena parte de las palabras incluso del neoliberalismo de los años ’90. Pero al mismo tiempo es algo nuevo. Es un neoliberalismo de nuevo tipo como ya había en otros lugares pero en Argentina no. Esa mutación es la que le permite encarnar las expectativas de cambio del 2001.

Funcionarios macristas dicen que Macri se identificaba con Frondizi. Me llamó la atención porque Frondizi tenía una línea más desarrollista aunque luego traicionó su propio programa (de nacionalizaciones). ¿Qué significa esa referencia en términos políticos?

Me parece que es una referencia débil dentro de un marco de una fuerza política que más bien prescinde del pasado a la hora de pensarse a sí misma y al país. Trata de hacer como que el pasado no existiese como si uno pudiera plantear un comienzo desde cero y fundar una comunidad en valores como los que propone el emprendurismo que no tienen historia, que son válidos tanto para Argentina como para cualquier otro país. Hizo algún intento de hacer pie en alguna referencia histórica, débilmente en el Frondizismo pero no insistieron mucho al respecto. Sé que cuando pensaron el tema de las ilustraciones para los billetes, barajaron la posibilidad de que Frondizi esté pero decidieron poner animalistos, evitar cualquier referencia de la historia, cortar por lo sano y ya.

Se que no es la primera vez en la historia argentina que pasa esto pero nuevamente hay un intento de decir que el peronismo como fenómeno social o político está agotado. ¿Es factible, posible, realista decir esto?

A la luz de la cantidad de veces que se dio por muerto al peronismo, lo primero que debería uno tener es prudencia. No tengo manera de ver hacia el futuro. No tengo la impresión de que el PJ, como aparato, vaya a dejar de existir en el futuro inmediato ni tampoco el peronismo como identidad y referencia política. De todos modos, que perviva el peronismo no significa que perviva igual a sí mismo. A veces las fuerzas políticas perviven encarnando proyectos, valores y cursos políticos completamente diferentes. No imagino que vaya a desaparecer en el corto plazo. La gran pregunta que tengo, que no se cómo se va a resolver, es que tal como viene evolucionando el PJ como fuerza política, lo único que tiene para ofrecer en un escenario de polarización con el macrismo, es ser una fuerza de centro o centro derecha en un escenario donde compite una fuerza bien de derecha y una de centro derecha. La política es así en Estados Unidos y buena parte de Europa. Las opciones electorales son derecha o centro derecha. No hay otra cosa. Podría ser así si no fuese porque hay una porción bastante importante del electorado argentino que tiene valores e ideas que no son de derecha, sino más bien de centro izquierda. No imagino cómo se va a canalizar esa energía electoral en el corto y mediano plazo. Por ahora veo que hay un bloqueo en el sentido de que el kirchnerismo es una fuerza que atrae hacia sí esa energía electoral pero a la vez se sigue planteando como una oposición que necesita articularse con el PJ de alguna manera. Es una fuerza con suficiente cantidad de votos para que nadie le pueda decir que se corra del medio pero tampoco le alcanza para proponer una salida propia. El escenario a corto plazo me parece de bloqueo de que se rearticule la base electoral que supo tener el kichnerismo en alguna dirección capaz de hacer frente al macrismo.

EZEQUIEL ADAMOVSKY
FOTO DIEGO KOVACIC
12-3-2015

Me quedo pensando en esto de las democracias en Norteamérica y Europa. Una de las cosas que plantea Durán Barba en sus libros es ir hacia una comunicación política más profesoinal, de hablarle a otros sectores. ¿Fue un mérito del macrismo lograr un tipo de comunicación más eficaz, evidentemente?

Sin dudas es eficaz pero para mí es un tipo de comunicación que significa la muerte de la política. No hay nada de política detrás de ese modo de comunicación. Es efectiva porque consiste en gerenciar y manipular las emociones. No porque signifique una verdadera comunicación política en el sentido de argumentar proyectos y buscar convencer a electorados de apoyar esos proyectos. Es manipulación emotiva. Que sea eficaz no quiere decir que sea un mérito político que haya que emular. Se puede aprender de estilo de comunicación pero encara la muerte de la democracia y la política como la conocemos.

En estos días se puso de moda el concepto de Corea del Centro para plantear todos los que quedan fuera de la grieta. ¿Qué te parece esa idea?

Hay una bancarrota general de la profesión periodísitca y de los medios de comunicación muy visible. No vale un juramento la discusión que tiene que ver con el posicionamiento de las figuras de los grandes medios y cómo justifican sus lugares. No tienen relación con nada que valga la pena discutir políticamente.

Ahí se juega eso que planteabas en tu nota en Revista Anfibia de la doble vara para juzgar la corrupción kirchnerista y dejar pasar la corrupción macrista que florece. Los Panamá Papers, Etcheverre, Aranguren, Caputo, etc. ¿Cómo se analiza esto?

Uno de los efectos de la construcción de ese par binario el populismo versus la república en el contexto del 2015 fue escamotear los debates políticos proponiendo que interpretamos las tensiones, luchas y conflictos como si fueran luchas morales. El bien y el mal, el vicio y la virtud. En ese sentido, el debate de la corrupción es como muy sintomático. Si uno analiza la presencia pública que eso tiene con los debates en Argentina, parece que hace 10 años no se habla de otra cosa. Sin embargo, cuando uno analiza como aparece la valoración de los hechos concretos empíricos de corrupción, uno tiene buenos motivos para sospechar que nos interese tanto como pareciera. La preocupación por la corrupción no es tanto el lamento por los dineros públicos que podrían haberse invertido en más escuelas, más asistencia a los pobres o más jardines. Porque al que le importa eso le tiene que importar que los empresarios se lleven la plata a un paraíso fiscal tanto o más que un político robe. Y eso no aparece. Tampoco parecen molestar los hechos de corrupción ya muy frondosos que tienen los funcionarios del actual gobierno. En síntesis, es un modo de negar la política por vía de convertirla en una disyuntiva moral. No discutir política sino vicio y virtud. En ese terreno está claro que el que es señalado como vicioso es corrido del medio.

Una de las cosas que más me llama la atención es como el macrismo logró darle a la palabra cambio un significado tan positivo siendo que en general el cambio aparece como uno de los medios básicos del ser humano. Logró darle un énfasis muy positivo y además asociándolo al macrismo como el posibilitador de ese cambio positivo antagonizando con el peronismo al que le otorga todos significados negativos.

Creo que eso no es algo que haya instalado el macrismo sino que supo montarse en una demanda de cambio que dejó instalado el 2001. Y la persuasividad del cambio, que en general es algo más bien vivido como algo amenazante, tiene que ver con la constatación del 2001 del que pasado reciente era un desastre. Era indispensable un cambio profundo para no repetir ese mismo pasado. Me parece que Macri y el Pro supieron montarse hábilmente sobre ese deseo de cambio antes que haber sido ellos mismos la idea de que la sociedad debiera cambiar.

¿Hubo una subestimación del macrismo?

Sí, eso está claro. Yo mismo lo subestimé mucho tiempo. Dejé de subestimarlo el día que ganó la ciudad de Buenos Aires. Conozco mucha gente que lo subestimó hasta el día anterior de las elecciones de 2015. Me parece que es una fuerza política con una dirección muy clara. Macri , a pesar de sus limitaciones idiomáticas, hay que concederle que es un buen armador de equipos. Si uno ve la trayectoria del macrismo, desde que empezó a armar el partido hasta hoy casi no se le fue ningún dirigente. Si uno lo compara con el massismo o cualquier otra fuerza política, que los dirigentes van y vienen, el macrismo supo armar equipos de manera consistentes y tiene una orientación clara. Si alguien lo sigue subestimando, le sugiero enfáticamente que deje de hacerlo.

Hablás mucho del 2001 como catalizador de esas nuevas fuerzas políticas. ¿Qué pasó con la izquierda? Uno de los temas que analizabas mucho eran las nuevas fuerzas de izquierda asamblearias, democráticas que surgieron en ese momento. ¿Qué pasó con esa energía militante?

Creo que hubo una acumulación de energía militante y experiencia militante importantísima en el contexto 2001-2002 que en verdad venía de mediados de los años ‘90. Esa acumulación es muy valiosa a pesar de lo cual toda esa energía militante no encontró el modo de responder a una pregunta que para mí es crucial que es cómo hacer el pasaje de lo social a lo político. Cómo reconvertir esa energía en una cuestión de gestión social de lo social que sea viable, factible, y razonable para el conjunto de la población que no es militante. Hubo cantidad de discusiones en ese sentido pero es una limitación que hay que reconocer en el plano del activismo social. En ese escenario, la respuesta de cómo rearmar el mapa político vino de políticos profesionales del período anterior. A pesar de que no hubo una salida electoral en términos propios de los movimientos sociales, no se entiende toda la etapa kirchnerista sin entender la efectividad que tuvieron las luchas sociales de mediados de los ’90 y sobre todo de 2001-2002 en adelante. Es decir, rearmar la legitimidad política implicó, por parte de los elencos tradicionales y del Estado, concesiones y cambios reales que no son nada despreciables y que en buena parte son hijos de ese activismo.

 

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