Sobre el final del juicio, una carta habla de asesinar a los adversarios del clan Ale

22 noviembre, 2017

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El texto fue encontrado en la computadora de El Mono, uno de los líderes de la banda. A días de la sentencia y con todos los imputados en libertad, el escrito podría probar que la metodología del grupo se basaba en los aprietes, la intimidación pública y el asesinato. Por Mariana Romero, especial para APA! 

“Yo fui con un arsenal a defenderte a vos y a matarlos a todos los que estén ahí”, reza una carta encontrada en la computadora de Ángel “El Mono” Ale, dirigida a su abogado, Cergio Morfil. El documento revela el uso de la violencia y el homicidio como metodología habitual de una de las familias más temidas de la historia tucumana: los Ale. Literalmente, el autor de la misiva propone matar a sus adversarios y detalla cómo se planean esos asesinatos.

El texto fue encontrado en la computadora que estaba en el comedor de la casa del mayor de los Ale durante el allanamiento realizado en 2014 pero recién sale a la luz. Luego de las pericias, fue incorporado como prueba en las audiencias del juicio oral que, desde hace casi un año, se realiza en Tucumán contra el llamado “Clan Ale”, liderado por El Mono y su hermano menor, Rubén “La Chancha”, e integrado por 14 personas más acusadas de lavado de activos y asociación ilícita. La palabra “matar” aparece varias veces en el escrito.

El archivo digital fue incorporado a la causa junto a varios kilos de documentación en papel, un verdadero arsenal de armas de fuego secuestradas y decenas de CD con escuchas telefónicas que, durante meses, se hicieron a los acusados (en los audios se habla de robos, escruches y tráfico de drogas, al menos). A esta montaña de pruebas, se suman las horas de declaraciones de testigos que desfilaron todos los miércoles de 2017 por el Tribunal Oral Federal en el marco de una de las causas más complejas y resonantes del país por la multiplicidad de delitos que asomaron en el proceso.

Los Ale, en síntesis, están acusados de haberse enriquecido mediante el narcotráfico, la trata de personas, la usura, las usurpaciones de campos, el robo de propiedades, las extorsiones y los homicidios; todo con la complicidad de policías, funcionarios, fiscales y jueces “comprados”. El debate entró en su etapa final con los alegatos y la sentencia se escuchará el 13 de diciembre.

La carta

El archivo de Word encontrado en la computadora de El Mono revela una metodología criminal nada novedosa y de la cual Ale, en caso de ser el autor (así por lo menos lo indica el texto), se muestra orgulloso. En términos generales, el escrito es un reproche del imputado a su representante porque la causa en su contra está demorando mucho.

El Mono repasa situaciones en las que estuvo dispuesto a matar para proteger a su abogado. Incluso, en uno de los pasajes, habla de la planificación de un homicidio, con posterior defensa en juicio incluida: “vos me llamaste a mí y yo te dije que lo mataría en la puerta de la casa, y vos querías ir conmigo y yo te dije que no, que para qué íbamos a ir preso(s) los dos, si yo solo los iba a matar, yo te dije que vos te quedaras para que si iba preso me puedas defender”.

La carta está estructurada en ocho puntos,  en los que recuerda haber propuesto a Morfil que los “aprietes” en su contra se resuelvan, literalmente, matando a sus adversarios, aunque no aclara si alguno de esos crímenes se cometió. Se muestra dispuesto a defender al letrado a sangre fuego. Lejos de mostrar culpa por esta práctica de planear homicidios, el autor del texto se enorgullece de hacerlo. “Yo tengo códigos y principios. Ángel Ale es un hombre de bien”, se lee.

Reclama a Morfil que, si en alguna de esas oportunidades hubiera terminado preso o lo hubieran matado, su familia hubiera quedado en la miseria. Además, asegura que nunca le cobró por esos servicios. Por el contrario, subraya que siempre que lo necesitó como abogado le pagó “en dólares y por adelantado”.

Repasa, además, un hecho de intimidación pública: asegura que, en una oportunidad, recorrió el centro de punta a punta junto a 20 personas para llamar la atención y que la gente se preguntara a quién andaban buscando. Cuando le preguntaron, respondió “que andábamos buscando a los que habían amenazado a Morfil para matarlo” y ordenó que se lo contara a todo el mundo. En otra ocasión, incluso, se muestra despreocupado de lo que pudieran hacerle las fuerzas de seguridad: “te olvidaste cuando estaba el auto de la Policía en la puerta de tu casa y pensaste que te querían hacer y yo, sin importarme que sea la Policía, fui a defenderte cuando me llamaste”.

 

Una prueba más

Pese a que la lectura de la carta impacta por el nivel de violencia y por la liviandad con la que se cita a la muerte, el escrito es sólo una pequeña parte del caudal probatorio de una causa que terminó graficando un submundo de tipo mafioso. Durante las audiencias, se escucharon testimonios escalofriantes sobre balaceras, enfrentamientos, secuestros y esclavitud sexual.

Una víctima de trata, resguardada por el Programa Nacional de Protección de Testigos, describió en detalle cómo funcionaba el clan Ale, quiénes eran los policías (con nombre y apellido) “arreglados” y hasta reveló haber visto a Marita Verón en un sitio donde a las mujeres se las llevaba para practicarles abortos.

Otro testigo protegido, que formó parte de la banda, reveló cómo funcionaba especialmente el sistema de préstamos y aprietes del clan.

Una carta escrita a mano por la ex mujer de La Chancha, María Jesús Rivero (también imputada), echó luz sobre la fortuna que los Ale amasaron y que, según el escrito, defendían a balazos limpios. Las “pinchaduras” de teléfonos descubrieron cómo se operaba en materia de tráfico de drogas. Incluso cuando ya había comenzado el juicio, una feroz sesión de torturas  perpetrada por miembros de la remisería de La Chancha (que estaba preso) contra un joven fue filmada y difundida en redes sociales y medios de comunicación.

Pese a todo esto, en octubre, el Tribunal les otorgó la excarcelación a todos los imputados (14 de ellos ya estaban con prisión domiciliaria y los otros dos en libertad). En el mismo acto, los jueces resolvieron quitarle la custodia a la testigo protegida. La querella de la Unidad de Información Financiera puso el grito en el cielo y, junto a la fiscalía federal, a cargo de Pablo Camuña, apelaron la medida. Pero todo fue en vano: los Ale, pese a la inminencia de la sentencia y a que dos miembros de la banda ya se habían fugado anteriormente, volvieron a caminar por las calles tucumanas.

Así, en libertad, los Ale se disponen a pisar por última vez los tribunales federales de Tucumán. Escucharán los alegatos en su contra y los de los defensores; el 13 de diciembre se presentarán para oír la sentencia. En el caso de ser hallados culpables, los jueces deberán decidir si quedarán detenidos de inmediato o -siguiendo su postura actual- podrán apelar el fallo en libertad. Si eso ocurre, volverá un grupo de imputados (ya condenados) a cruzarse al bar del frente a tomar un café, otro abordará autos particulares y se dirigirán, libres, a donde gusten, a la espera de que la maquinaria judicial vuelva a ponerse en funcionamiento para dejar firme la condena.

Y también cabe la posibilidad de la absolución. En la Tucumán actual, a más casi cuatro décadas del nacimiento de la leyenda del clan Ale, todavía cabe la posibilidad de la absolución.

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