Susy Shock: entre la ternura y las hojarascas

16 mayo, 2017

Commentario

Géneros
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Frente a un panorama de crisis económica y cultural, Susy Shock recorre el norte argentino llevando la resistencia desde el amor y la furia travesti como bandera, y recordando a sus compañeras de lucha y militancia.

Susy Shock conoce las dimensiones de su poder. Ella, que se reconoce a sí misma como artista trans sudaca, reivindica el amor y los abrazos, especialmente hacia su propia comunidad diversa, mientras no ahorra una palabra al repudiar el avance conservador en Argentina y sus interminables tragedias.

En su paso por Tucumán, dentro del marco de una gira por el norte del país organizada por la revista de arte, cultura y política LGTB y Feminista La Cascotiada, Susy habló con APA! sobre la publicación de su más reciente libro, Crianzas, al cual presentó en el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán (MUNT) el viernes pasado.

Mientras Susy trataba de calmar con un café los efectos del frío, rememoró los inicios de Crianzas, que primero fue un conjunto de micros creados con la colaboración de la cooperativa La Vaca, editora de la revista MU. Luego de dos años en los que Susy contó en esos audios su experiencia criando a su sobrino Uriel desde la diversidad, la editorial Muchas Nueces, otra cooperativa, le ofreció convertir su trabajo en un libro.

Crianzas, como explica Susy, es la ternura misma. Hasta las ilustraciones que acompañan el libro están a cargo de su hija, la artista plástica Anahí Bazán Jara. Sin embargo, la dulzura no anula la lucha. Ella reflexiona sobre las infancias trans en particular: “la sociedad ve nuestros cuerpos como adultos solamente, pero no los piensa como una niñita, un niñito expulsado de hogares, que son en un 90% heterosexuales, entonces hay algo que discutir ahí que no discutimos cuando hablamos de las travas”. Mientras para muchxs una persona trans representa la prostitución y lo criminal, Susy denuncia “el desabrazo del que nadie se hace cargo”.

Ella se reconoce como una persona privilegiada. En su historia, el abrazo de su madre y su padre estuvo siempre presente. Le dijeron que podía ser quien ella quisiera ser. Sin embargo, eso no le impidió observar el abandono crónico al que era sometida su comunidad. “Eso tan básico como darle el pan, el abrazo y el abrigo a un niñito, a una niñita, es de lo que más carecemos. Enviar niños y niñas a la guerra, a la calle, a todo tipo de violencia; todo eso que no se discute. Esta familia divina por la que todos bregamos y proponemos, que parece que puertas adentro tiene muchas cosas pero son horrores lo que construye y de los que no se hace cargo”, señala Susy.

En Crianzas, abre las puertas de su cotidianeidad para mostrarle a sus lectorxs su vida como tía trava que lleva a su sobrino a la escuela, donde se encuentra con maestras, con madres y padres atravesados por las estructuras patriarcales que rechazan una familia distinta a la de ellxs.

Basta de alitas y cartas rotas

Unas horas después, en la presentación de Crianzas en el MUNT, Susy retomó estas reflexiones, en una mesa panel integrada por Psicógena Lapsus, de La Cascotiada, y Mahia Moyano, representante del CeTrans. Ambas recordaron sus propias infancias, durante las cuales aprendieron que la única acción que podían tomar para sobrevivir su propia cotidianeidad era la represión de quienes realmente eran.

“Lo que queremos nosotras es ser las últimas de esta cadena en nacer con las alitas rotas, que es algo que se arrastra de generaciones. Yo soy la última, esto se acaba acá conmigo. El niño o la niña a la cual yo tenga la posibilidad de criarla, no quiero que sufra lo mismo que yo, que no crezca con las alitas rotas”, expresó Psicógena.

Mahia contó que a los 9 años vivía una vida paralela. Cuando entraba a bañarse, se ponía una toalla en la cabeza y era Thalía. Sin embargo, fuera de su casa, no había lugar para esa vida. “En la primaria, nuestros juegos eran escribir cartas de amor para los que nos gustaban. Escribíamos y luego las rompíamos. Una de mis compañeras me agarró la carta, la leyó y se lo hizo saber a la maestra”, recordó Mahia, y agregó, “se armó un despelote de aquellos”.

Cuando Susy agarró el micrófono, destacó las alitas rotas de Psicógena y las cartas de Mahia. Y apuntó a la hegemonía heterosexual, el diseño de un mundo que no genera las transformaciones necesarias para ser realmente inclusivo. El estiramiento de la sociedad solo llegó a reconocer los problemas que genera la heteronorma que regula nuestras acciones, en un sistema de recompensas y castigos donde todo aquello que se oponga a lo heterosexual debe ser expulsado de cualquier manera posible. Para Susy, este reconocimiento no es suficiente y en su discurso, decidió apelar a la responsabilidad de cada unx de lxs presentes. “Y vos, ¿qué abonas todos los días? ¿Qué abonás cuando nace un niñito o una niñita? ¿Qué abonás frente al abrazo ausente hacia un niñito y una niñita, a qué sistema abonás? ¿Qué construcción cotidiana del mundo hacés?”. Ni un susurro sobrevivió al llamado de Susy. “Yo vengo a discutir esa hegemonía, para decirle ‘correte del privilegio, desacomodate, estás abonando errores, empezá a transitar desde otro lado”.

“Para callarme van a sudar a montones”

Estas actividades fueron la antesala del gran encuentro entre Susy y lxs tucumanxs, que esperaron dos años para volver a verla en la provincia. Afuera del flamante Teatro Municipal Rosita Ávila, se repitieron los abrazos entre nuevxs y viejxs conocidxs.

Mientras lxs espectadorxs aguardaban por Susy, se proyectaron videos de Lohana Berkins, la referente y luchadora histórica trans, que falleció el 5 de febrero de 2016. Susy la había evocado de forma constante durante nuestra charla y en la presentación de su libro. No solo a ella. El fallecimiento de Mariela Muñoz y el femicidio de Diana Sacayán representan lo que llamó un estado de orfandad para el colectivo trans. Tampoco se olvidó de las “pérdidas cotidianas de un montón de travas que tienen nombres y apellidos, a las que asesinan todo el tiempo y el mundo sigue andando”.

Finalmente Susy subió al escenario y dijo la frase que todxs sabían de memoria: “para dar luz, hay que prenderse fuego”. La Bandada de Colibríes, integrada por lxs músicxs Carolina Bonillo, Soledad Penelas y Horacio Vázquez, apareció detrás de ella. “Gracias por el amor, por la contención, por el cariño, Tucumán”, dijo Susy. Los aplausos dieron lugar a la aparición en escena de la otra integrante de la Bandada, la bailarina trans salteña Carla Fernanda Morales, mientras Susy, acompañada por la caja, dedicaba su canto a “florecer el deseo, despertar el sonido”.

Susy ya había adelantado que, aunque se encuentra presentando Crianzas, su libro más reciente se llama Hojarascas, nacido del enojo y el dolor ante las muertes de sus compañeras de militancia y lucha, y por un presente que ahoga a la diversidad y se aleja cada vez más de la reparación prometida a la comunidad trans. “Estoy dentro de la bronca de este texto”, explicó, antes de leer un fragmento.

Susy hizo un llamado a repensar todo, dándolo vuelta. Tal vez en este pedido se resume esta gira, esta visita, y sus hojarascas. Un llamado inmediato a la resistencia en la calle. “Nosotras no tenemos más tiempo ni paciencia”, y por si quedara alguna duda, aclaró: “Para callarme van a sudar a montones”.

No todo es bronca. Hubo mucha risa en este recital. Susy sabe que el humor también puede ser un arma. Cuando cantó en Vidalita “contra obispos y patrones”, la gente vitoreó menos que cuando mencionó a los “machistas cabrones”. De repente, guardó silencio y nos miró preocupada. La gente estalló de la risa. Repitió la frase y los aplausos por fin llegaron.

“Queremos dedicarle toda la función a la gloriosa Barby Guamán”, Susy anunció. La voz de Barby se extiendió por la sala, pidiendo “que me aplaudan bien” y reclamando por trabajo. Luego, Mauricio Martínez Sasso subió al escenario para leer dos de sus poesías. Él también evocó su infancia entre partidos de fútbol que oprimían sus domingos por la tarde. Más de unx se sintió identificadx, mientras Martínez Sasso encontraba miradas y sonrisas cómplices en la audiencia.

Mientras el final se aproximaba, otra vez Lohana apareció en escena, recordada por Susy en Traviarca. “A celebrar, a no aflojar, a abrazar sabiendo a quién abrazamos”. En su escrito póstumo, Lohana sostuvo que “el motor de cambio es el amor. El amor que nos negaron es nuestro impulso para cambiar el mundo”. Siguiendo este camino, Susy entrelazó estas palabras con las suyas al pedir que, desde la construcción colectiva “nuestras tribus sean poderosas, que sean empoderadas”. No más alitas rotas, no más cartas sin enviar. “Hay que cuidar esos niditos de las que vienen, para que no tengan que transitar dentro de estas mismas hojarascas”.

 

Susy Shock participará este martes 16 de mayo a las 21:30 de la presentación de la antología Ser pasiva me cambió la vida, en Pangea Bar Autogestionado (Laprida 289).

Este miércoles 17 de mayo a las 16:30 formará parte de la Mesa de Debate sobre Género y Literatura, organizada por la agrupación estudiantil La Bolivar, en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT (Benjamín Aráoz 800), donde también presentará Crianzas.

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