Vivir la cuarentena en el Interior

3 abril, 2020

Commentario

Destacada Territorial Tucumán

Vecinos y vecinas de Gobernador Piedrabuena (Burruyacú) se resguardan en sus casas.  Sin embargo, más allá de que actualmente no puedan circular libremente, la población de ésta pequeña localidad del interior tucumano no notaron que haya diferencias grandes con sus condiciones de vida anterior. Es que allí, como en muchos otros lugares, viven una cuarentena hace ya varias décadas de abandono y marginación. Por Florencia Luna, especial para APA!

Una incesante lluvia castiga los yuyos lindantes al cordón cuneta de Gobernador Piedrabuena (localidad situada a 68 kilómetros de la capital tucumana) generando un ritmo casi simultáneo con el estéreo del animador del barrio, que reproduce tan fuerte como puede un enganchado del Grupo Red. Como nunca, no ronda ningún pibe por las veredas del Barrio “12 Viviendas” con sus amigos por detrás, mucho menos las señoras que antes solían volver de comprar las cosas para el guiso de la noche. Eso ya no pasa, ni pasará tampoco por largo rato.

No solo las actuales medidas de prevención mantienen a los vecinos guardados. Hay un miedo general cada vez que aparecen nubes y chubascos en el cielo, ya que somos conscientes de lo que puede pasar si el clima se torna como en enero y febrero: algún poste de luz que nunca es arreglado como corresponde caerá con la fuerza conjunta del viento y la lluvia sobre el barro, dejando así a gran parte del pueblo sin luz durante varias horas o casi la semana entera. Aunque a veces entre todos llamen a los servicios de electricidad, casi nunca son atendidos ya que los empresarios deben tener más personal para la zona capital y dejar a más de 50 familias (sin contar las de los parajes aledaños) con heladeras llenas de comidas podridas o muriéndose de calor, no parece generarles ninguna preocupación o responsabilidad. Sin embargo, como si no fuera demasiado, los barrios alejados de la zona céntrica del pueblo, en la parte norte del mismo, pierden todo acceso a los almacenes para comprar el pan o la verdura del día y se la tienen que rebuscar sacando agua a baldazos, generalmente por la noche, ya que entra con mucha fuerza a sus casas y moja muebles y objetos que difícilmente puedan recuperarse.

Si bien la ayuda de los vecinos o del personal de la comuna suele hacerse presente, no llega a resolverse el problema de fondo: el pueblo está rodeado de extensos campos de soja, que cada año se hacen más amplios y matan gran parte de los montes y la flora autóctona que antes solía frenar las inundaciones. Los habitantes, cansados de la situación, se quejaron en distintas instituciones y presentaron las notas necesarias por una solución para el problema de “la villa”, como popularmente es llamada. La respuesta fue decepcionante e injusta: “La obra de los caminos tiene que bajar del gobierno provincial y, también, los finqueros tendrían que tratar de contener el agua de sus campos para que esta no desemboque en los caminos vecinales.” Ni los dueños de las Hilux quieren ceder, ni el gobierno invierte en caminos dignos para las barriadas más populares.

Antes, comunidades limítrofes como La Soledad, Villa María, La Tuna, La Virginia y Tala Pozo vivían aisladas luego de las lluvias torrenciales, que destrozaban sus caminos e inundaban sus casas, al punto de que en enero no pudo entrar una ambulancia en esta última y tuvieron que sacar a una mujer de su casa en un tractor para trasladarla al hospital o Caps más cercano.

El pasado 19 de marzo, cuando el gobierno nacional declaró las medidas de prevención del COVID-19, entre ellas la cuarentena obligatoria, las personas con un pasar económico favorable viajaron a capital para realizar rápidamente las compras de víveres para el aislamiento recomendado por el presidente Alberto Fernández. Un detalle: no hay cajeros en la zona y hay que viajar a 2 localidades llamadas “La Ramada de Arriba” y “El Chañar”, ambas a 40 y 50 km aproximadamente de Gobernador Piedrabuena.

Sin embargo, quienes no habían cobrado su sueldo o sus asignaciones y pensiones (que son una amplia mayoría) tuvieron que abastecerse de los pocos almacenes de barrio que aún tenían mercadería suficiente. Así, se vieron interminables filas de personas distanciadas por un metro, esperando en un negocio que aún ofrece mercadería a precios populares y no intentó sacar ventajas de la escasez de productos que menos se consiguen. Aunque allí ya es habitual la dificultad de comprar verdura y fruta variada, ahora también escasea carne vacuna porque los negocios se abastecían de la zona del Departamento Jiménez, Santiago del Estero, lindante al pueblo y distanciado solo por 6km. Pero, debido a la cuarentena, la provincia vecina cerró sus fronteras. En este contexto, muchas familias sacrificaron sus ahorros o simplemente tuvieron que adaptar el menú a fideos, arroz y harinas que difícilmente aportan valor nutricional, pero llenan varios estómagos, o recurren al consumo del pollo, ya que hay dos o tres productores en el pueblo.

En este marco, a diario se realizan controles por parte del personal policial. Se redujo el horario en que pueden abrir los almacenes y quioscos de 08 a 15 horas. Fuera de ese margen, ya no se puede hacer las compras. Entonces, la tarde-noche ofrece un panorama tranquilo para cebar mates mientras se disfruta de una telenovela o una charla entre vecinos a través de las tapias y telas, o se puede matar el tiempo como Graciela, una querida residente del barrio, que se dedica en su tiempo libre a fabricar adornos, joyeros y centros de mesa con los materiales que sobraron del reciente festejo de 15 años de su hija menor. Así, con gomaespuma, pegamento, botellas plásticas y gomaeva crea elementos decorativos que brindan otro color a su hogar.

Ha finalizado la primera parte de la cuarentena, oficialmente iniciamos una segunda etapa de “sacrificios”, pero para los barrios de Piedrabuena o pueblos y parajes próximos, más allá de que actualmente no puedan circular libremente, no notaron que haya diferencias grandes con sus condiciones de vida anterior. A menudo, durante las siestas, cuando lxs niñxs jugaban en el fondo de sus casas al aire libre se veían obligados a encerrarse para no aspirar los agroquímicos tóxicos que descaradamente distribuían los finqueros desde sus avionetas, enfermando y envenenando lentamente a muchas personas cuyas muertes fueron, años después, “inexplicables”. ¡Vaya casualidad! Eran trabajadores en negro de esas mismas fincas.

Privilegios

Últimamente, se escuchan voces preocupadas de padres cuyos hijos están perdiendo clases por el cierre de las escuelas. No obstante, cuando estas abran nuevamente sus puertas, ¿cuántos jóvenes que egresen de la secundaria podrán alcanzar con sus recursos a empezar una carrera en estudios superiores, ya sea en nivel terciario o universitario? El promedio de alumnos que se gradúan y continúan una carrera de grado varía entre tres o cuatro personas de aulas de entre 25 y 30. ¿Qué sucede con el resto? Algunos asisten a las cosechas de limón durante la temporada de invierno, con condiciones de riesgo para su salud e integridad física durante 12 horas por día, o consiguen empleo temporalmente en fincas, en sembrado o acople, y sueldos que no llegan al salario mínimo. Otros, con mucho sacrificio ingresan a la Escuela de policía, para lo que gastan incontables cifras de dinero en colectivos, profesores particulares, estudios médicos y uniformes, por un futuro con salario fijo.

Si el ingreso a las fuerzas fracasa o la temporada del limón se termina, muchos insisten en la comuna rural por un trabajo “en blanco” que muchas veces no se obtiene debido a los limitados contratos que ofrece el gobierno provincial. Finalmente, pero no menos importante, la población femenina juvenil suele marchar a la capital o a Yerba Buena en búsqueda de trabajos “cama adentro”, en los que se dedican a tareas domésticas como cuidado de niñxs, acompañamiento de personas ancianas o limpieza de casas. Al igual que los hombres, lo hacen por un salario que no llega a cubrir los gastos de una canasta familiar básica, y ni hablar de aportes, aumentos o ponerlas “en blanco”.

¿Por qué la educación superior y el trabajo siguen siendo un privilegio para pocos en el Este tucumano? Este interrogante solo puede ser resuelto si el gobierno provincial o Nacional generaran propuestas alternativas de trabajo, como cooperativas, o des-centralizando la educación terciaria y universitaria, solicitando el presupuesto suficiente para institutos de Formación docente de nivel terciario o con implementación de universidades para el interior, como se hizo en el conurbano bonaerense.

Pretendo que esta breve nota despierte y conmueva a quienes tienen las herramientas, contactos o posibilidades para mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades y visibilice estas demandas y desigualdades que atraviesan los pueblos del departamento Burruyacú. Ojalá, después de este período que estamos viviendo, el Estado se entere de que muchos pueblos del departamento Burruyacú viven una cuarentena hace ya varias décadas de abandono y marginación.

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